Me despierto desorientada y aturdida como si el suelo que piso no tuviera consistencia. Tenía un fuerte dolor de cabeza, me sentía confusa al no saber qué hacía en este lugar hasta que los recuerdos vuelven a mí, me pongo de pie lentamente mientras miraba a mi alrededor, era una habitación de hotel.
Segundos más tarde la puerta de esta se abre. Primero entra el mismo gorila de antes, y después entra el rostro de alguien muy conocido y a la vez me confundía por no entender qué relación tiene este tipo conmigo.
—¿Fazio? — cuestioné en un hilo de voz.
—El mismo, bella signora — añade con una enorme sonrisa.
—¿Qué quieres de mí? — abrazo mi cuerpo y doy unos pasos atrás.
— Solo una cosa, pero no te asuste, bella, no te haré daño por el momento.
—¿Qué quieres? — grité llena de nervios.
La mirada de Fazio cambia al instante, se quedó pensativo o por lo menos eso me pareció hasta que su expresión de asombro iluminó su mirada.
—¿Sabes cuánto me gustan las mujeres como tú?
—No te acerques— le pido, pero a este le parece no importarle.
—Lo más típico, propio y popular de los italianos son los refranes— añade este individuo y yo sin entender nada.
Lo miré como si no captará lo que me decía y entonces este se acerca repentinamente a mí y me coge del cuello.
—Donde el oro habla, todos callan—pasa su rostro por el mío inhalando mi piel. — Ahora coge tu celular y llama a tu amigo y le dices que te fuiste a casa—ordena pasando su dedo pulgar por mis labios.
—¿Y después? — cuestioné.
—Después tendremos una interesante charla y luego te dejaré marchar con tu querido Aarón.
Trago saliva y hago lo que me dice.
El tono de llamada sonó como tres veces y Matías me contestó.
—Danna.
—Matías, me tuve que ir, siento, no avisarte, pero Mateo está con fiebre y Aarón me llamó— mentí mientras rezo para que este me crea sin duda.
—Si necesitas ayuda, me avisas, te quiero, amiga— añadió y después colgó.
Se hace el silencio por un instante mientras ese tipo me examina con su mirada. Me daba asco en la forma que me observaba.
—¿Qué quieres de mí? — vuelvo hacerle la misma pregunta.
—Quiero que te unas a mi banda, quiero que seas mi mano derecha, ya que tu querido Aarón, antes de abandonar este mundo y encima con mi ayuda, dejó perder un contenedor de millones de euros que me pertenecían.
Me quedé congelada por lo que estaba escuchando, ¿pertenecer a ese mundo que tanto odio?, ni de coña.
—NI DE BROMA— dije lentamente para que se le quede bien claro que no estaba dispuesta.
Éste suelta una carcajada.
— Creo que no me expliqué bien bella, Danna— mete las manos en los bolsillos de su pantalón —. ES UNA ORDEN —gritó.
Bajé la mirada al sentirme intimidada.
—La vida te golpeó mucho, pero sin darte cuenta te está volviendo a golpear— suelta caminando de un lado a otro mientras explica.
—¿Qué me quieres decir con todo esto?, conozco mi pasado y los golpes que me ha dado la vida, pero ahora soy una mujer feliz.
—Está bien, bella, te contaré para que te desengañes porque en este mundo los cuentos no existen.
Lo peor que podemos experimentar es ver cómo nuestro mundo se desmorona y lo único que podemos hacer es mirar.
—Tu madre nunca murió— eso hizo eco en el aire.
Mis ojos se llenan de lágrimas.
—Tu esposo volvió a su antigua vida— otra vez hizo eco su voz en el aire.
Niego con la cabeza mientras estas lágrimas se deslizan por mis mejillas en abundancia. Se me hacía imposible articular palabra alguna.
—Te unes a mí, o pronto lo único que tendrás es el cuerpo sin vida del temido Aarón Davis.
Me estaba amenazando con matarlo, con quitarle la vida al hombre que amo.
—NO TE CREO— grité acercándome.
—Tu madre Lucía está viva, la cual comparte su vida con su nuevo esposo en Madrid, y tu Aarón se unió a la mafia rusa con el nuevo cabecilla.
Era incapaz de reaccionar, estaba como inconsciente, sentía tristeza y llena de impotencia como si mi vida propia se había esfumado.
La mujer que me dio la vida y por la cual estuve llorando día y noche cuando mi padre me usaba, ahora está viva, nos abandonó y dejó a mi hermano y a mí en las garras de ese hombre el cual llamaba padre.
—¿Qué quieres que haga para que dejes en paz a mi esposo y a mi familia? —pregunté.
—Seguir mis instrucciones bajo la sombra de otro nombre, un apodo y que sigas mis órdenes una vez que cumplas el trabajo que tengo para ti, serás libre y no te molestaré más ni a ti ni a tu familia.
Vuelvo a bajar la mirada dejando las últimas lágrimas caer y después acepté su trato.
— Eres Bianca a partir de ahora, así te conocerán los socios, y recuerda que no le puedes decir nada a tu esposo.
Asentí y después salgo de ese lugar sin alma porque lo acabo de vender al mismísimo lucifer.
Confieso que no estaba preparada para el impacto que estaba teniendo mi vida. Ahora entiendo el cambio de Aarón, entiendo por qué esos desvelos en medio de la noche y la ansiedad que tuvo esta tarde. Pero a todo eso no entiendo por qué me mintió.
—Llegaste, nena— dejo caer mi cuerpo debajo de las sábanas.
No lo miré, le doy de espaldas mientras su mano enreda mi cintura.
— ¿Te lo pasaste bien?
—Sí— contesté fríamente.
— Bien, entonces descansa, mi amor— añade y posa un beso en mi nuca y se vuelve a dormir.
Ahora la que se desvela en la noche y no puede dormir era yo, solo pienso en las palabras de Fazio, mi madre vive y Aarón volvió a la mafia.