Mis temores de perderla me ganaron esta batalla, el miedo que siento que en cualquier momento pueda saber que le había mentido me tiene atormentando cada minuto que pasa.
—Haz lo imposible por mantener a esa mujer controlada, no la quiero cerca de mi familia—le mandé un mensaje a Lenin mientras Danna salió del auto para comprar unas flores.
Una oleada tras otra me sacudía por dentro, cada una con mayor intensidad que la anterior, mi mente gritaba un "que estoy haciendo", ahora mi vida consistía en respirar con miedo por mi familia y de alguna manera esto iba a terminar mal.
—Mi amor, nos vamos— la voz de Danna la escuché a distancia, pero la ansiedad que sentía en ese momento me superaba, cada vez me costaba más respirar.
¿Cómo puedo continuar como si no pasara nada cuando mi voz está tranquila?, pero mi corazón está temblando, ¿cómo puedo seguir ocultando y mintiendo a la persona que más amo?
Salgo del auto para coger aire e intentar calmarme y que mi respiración volviera a la normalidad, mientras las manos frías de Danna las siento en la piel de mi rostro y su mirada me contemplaba preocupada.
—Mi amor dime algo.
—Estoy bien, Danna solo fue un bajón de azúcar— aparté sus manos de mi rostro.
Miedo no a la muerte sino a la vida, miedo al llanto, miedo a la soledad del día y de la noche, miedo a perder la intensidad que toman los ojos de Danna al pronunciar mi nombre, miedo a esa sonrisa que únicamente dejará recuerdos anhelados, miedo a no más ella.
—Ya, mi reina deja de mirarme de esa manera, ya te dije que estoy bien—digo nada más estacionar el coche frente a la casa de mi hermana.
—No me gusta nada esta situación, Aarón—dice molesta.
—Y a mí no me gusta que no confíes en mí, Danna, sabes muy bien que me enoja cuando me miras de la manera que lo haces ahora— frunzo el ceño.
—Mejor no mirar, a ver si el señor se va a enojar— suelta en tono sarcástico y después abre la puerta y se baja.
Danna
¿Por qué veo que esta situación puede ser un desafío o una amenaza para nuestro matrimonio?, el comportamiento de Aarón deja mucho que pensar, porque sabía a la perfección que la falta de aire es uno de los síntomas más comunes de una ansiedad y no por un bajón de azúcar. Pero ¿ansiedad por qué?
—Venga, Danna, cambia esa cara que tanto tu hermano y mi hermana se han dado cuenta de que estás de mal humor— musita a mi oído.
Me alejo de él, no me interesaba si Roberto y mi cuñada se dieron cuenta de que algo me pasaba con mi marido.
—¿Todo bien, hermanita? —mi hermano se acerca a mí mientras le estaba cambiando a Matías y a Mateo.
—¿Por qué lo preguntas?
— Te conozco bien y sé que algo te molesta, ya que desde que has entrado por la puerta de la casa tu frente está arrugada y, apenas cruzas palabra con tu esposo.
—Típica discusión de pareja, hermano, no te preocupes — añadí ya que no me apetecía hablar mucho sobre el tema.
—Entendido, hermana.
Después de una tarde bastante incómoda para todos, por fin estamos en casa y los mellizos están dormidos, mientras estoy sentada en el sofá tecleo en mi celular, le estaba escribiendo a Matías, me apetecía salir de casa y también hablar con mi único y mejor amigo.
—Paso por ti a las diez.
—Vale, no tardes— contesté y empiezo a escuchar los suspiros de Aarón.
Me levanto del sofá, y pasé por su lado para irme a cambiar y estar lista para cuando llegue Matías, pero la mano de Aarón me detiene.
—¿Con quién hablabas? — cuestionó molesto.
Sus ojos verdes brillaban con intensidad como si minutos antes hubiera estado llorando.
—Con mi amante— agregué sin una pizca de gracia mientras los ojos de él se abren como platos—. Ahora suéltame que hemos quedado a las diez y necesito estar lista.
Aarón dejó escapar otro largo suspiro al mismo tiempo que se llevaba la otra mano a su cabello y a la vez apretaba su agarre en mí.
—Vale, creo que esto empieza afectarnos más de lo normal — añade él.
—Solo dime que te sucede y dejará de afectarnos negativamente, amor— supliqué con la mirada.
— No es nada, mi reina, sabes que te amo con mi vida... y ahora —hace una pausa—, lo último que quiero es que estemos mal, recuerda que eres el oxígeno que necesito para respirar, nena— afloja su fuerza y se acerca a mi rostro para depositar un largo y deseado beso.
Odio estar molesta con mi esposo pero que hayamos hablado no significa que todo estaba aclarado, sé que algo hay detrás de esa sonrisa que suele enseñarme.
—¿Con qué un amante?, ¿eh? —pregunta mientras sus labios estaban encima de los míos —. ¿Ese amante tuyo no se llama por casualidad Matías?
Me río por la forma que me lo cuestionó.
—Sí, ¿cómo lo supiste?
—Es el único que te permito tener— bromea.
—Mm… En ese caso, si me lo permite mi querido esposo, iré a prepararme.
—Está bien, pásatelo bien.
La esencia fundamental para que un matrimonio funcione correctamente es la confianza, pero cuando esta se empieza a debilitar ya no se considera un matrimonio.
—Pienso que son ideas tuyas, renacuaja Aarón, te idolatra, no te cambiaría por nada— habla Matías mientras cenábamos algo.
—No digo que me engañe con otra mujer, pero sí que algo me oculta, además nunca lo había visto en tal estado ni siquiera cuando se dedicaba a lo que tú ya sabes— miro a los lados.
— No lo presiones y verás que él mismo te dirá si realmente tiene algún problema.
—Tienes razón, amigo, lo he estado presionando mucho.
— Estoy seguro de que si pasa algo te lo contará, ahora disfruta de tu familia como has hecho todo este tiempo.
Las palabras de Matías me ayudaron mucho.
—Iré al baño— le informo.
Mientras me retocaba en el espejo, siento como las tres mujeres que había dentro salen corriendo, y después mi vista se percata de un hombre de grandes dimensiones que me acechaba con su cuerpo, no me da tiempo a gritar cuando este me pone un pañuelo en la boca y ya no recuerdo nada.