Danna
Cómo reaccionar a su mirada y a su tacto que con tan solo sonreír mi mundo se paraliza y termino deleitando su boca.
—Por cierto, tu hermana quiere celebrar su despedida de soltera en un club muy conocido en Barcelona— digo Aarón una vez metidos en la cama.
—No entiendo por qué ir tan lejos para una despedida de soltera, ¿qué pasa que en Marbella no hay clubes buenos? — añade molesto.
—Es la decisión de tu hermana, no interfieras, Aarón —le pido —, además serán solo dos días.
—¿Dos días, Danna? —repite lo que dije.
—Sí, amor, serán dos días de solo chicas y desconexión total de ustedes los hombres—me río de su rostro no muy contento.
—¿Y piensas que nosotros los hombres nos vamos a quedar así sin más y sin hacer nada?
—Eso espero—soné a advertencia.
—Mm... espérate sentada, cielo porque de pie te vas a cansar—añadió y se volteó a dormir.
—Aarón— le llamé molesta
—Danna—responde en el mismo tono y después se hace el silencio.
No podía creer como se había burlado de mí.
—Será una despedida de soltera muy intensa—pienso intentando dormir.
Las horas de la noche pasan y como de costumbre busco el cuerpo de mi esposo para abrazarlo, pero este no estaba, abro los ojos y miré hacia la terraza porque sabía que me lo iba a encontrar ahí.
— Todo está bien, Danna— suelto en tono sarcasmo desde la cama llamando la atención de él.
Este camina hasta mí y se sienta en el borde del colchón.
—No hay nada de que preocuparte, mi reina— acaricia con el dorso de su mano mi mejilla.
— Sin embargo, me preocupo, no quiero que me ocultes nada Aarón—me incorporo para tenerlo de frente.
— No deseo eso nena— suspira.
—Aarón no quiero mentiras en este matrimonio, así que dime por favor que no estás involucrado en trabajos sucios— él me miró desconcertado. Claro estaba que necesitaba oír de su boca que lo que había visto esta mañana se tratase de un error o yo que sé, pero menos lo que no quiero ver. Porque se supone que ya habíamos superado esa etapa y ahora éramos felices.
—No... Claro que no, amor como se te ocurre— sonríe nervioso y después dejo de mirarme, me estaba mintiendo porque él no era así, Aarón era de ser claro siempre y ahora mismo no lo estaba siendo.
Y entonces saqué del cajón de mi mesilla de noche el cheque que estaba a nombre del comisario.
— Lo encontré en una de tus chaquetas—informé mientras él miró al papel que sujetaba con la mano, mientras tanto mi mente me pedía que me tranquilizara, que esperase a que él pudiese darme una explicación. Supliqué mentalmente.
Lo sentía nervioso, normalmente él no se pone en tal estado por casi nada.
— Sabes muy bien que tengo buen contacto con el comisario Velázquez, y él aprovechó esa confianza que tenemos para pedirme dinero prestado—aclaró y entonces me sentía aliviada o por lo menos eso quise creen en aquel momento.
—Gracias a Dios Aarón, había pensado lo peor—lo abracé.
Siento su aliento cálido chocar en mi cuello.
Él no dice nada solo se limita a abrazarme.
Aarón
Duele mentir y engañar a esa persona que tanto amo, mi pecho arde porque sé que cuando Danna sepa que le mentí la confianza que tiene en mí hasta ahora desaparecerá, y lo peor de todo las cosas no volverán a ser las mismas.
—Perdóname — le pedí nada más abrir los ojos.
—¿Por qué? — cuestionó media dormida aún.
—Por si algún día te fallo amor, por si algún día no reconozcas al hombre del que te has enamorado.
— No hagas nada para fallarme porque eres todo lo que tengo y todo lo que necesito — se acerca a mí para acurrucarse en mi pecho.
Se vuelve hacer el silencio entre nosotros y minutos más tarde nos habíamos vuelto a dormir hasta que la puerta de nuestra habitación se abre, dejando entrar a mi pequeño Aarón.
— Mierda nos quedamos dormidos— suelta Danna al darse cuenta de que son más de las diez de la mañana.
—Danna el niño— le recuerdo por la palabra que acababa de decir, ya que nuestro hijo la miraba con determinación.
— Dije miércoles, amor—intenta rectificar.
Suelto una carcajada.
— Ven, hijo, que mamá aún está soñando despierta—digo riéndome aún y cogiendo al pequeño Aarón.
Salgo de la habitación y dejé a Danna hablando sola.
Debo de valorar la magnitud de lo que le estoy ocultando a mi mujer, y actuar lo antes posible para que las mentiras que fui diciendo estos últimos días no vayan creciendo a más y acaben por destruir mi matrimonio.
—Danna, es para ti— Matilde le pasa el teléfono de casa a Danna mientras desayunamos con los pequeños.
—Diga... ¿Quién es? — habla ella —. Seas quien seas deja de llamar—vuelve a decir y después cuelga.
— ¿Quién era? —cuestioné con el ceño fruncido.
—No lo sé— Toma un sorbo del café —. Llaman y después solo se escucha la respiración.
Me tenso al oír eso.
—La próxima vez no contestes la llamada y ya —ordené.
—Sí, será lo mejor.
—Terminemos de desayunar, amor, Roberto y mi hermana nos esperan—digo, ya que hoy habíamos quedado para pasar la tarde juntos.
—Amo los fines de semana —añade Danna.
—Y yo te amo a ti, nena—le guiño un ojo y después los mellizos grandes se ríen entre ellos y dicen un se aman.
Danna y yo nos reímos al unísono al ver la reacción de nuestros críos, esta sensación que siento al ver a mi familia feliz no tiene nombre.
Mi celular empieza a sonar repentinamente, tanto Danna como yo miramos a la vez la pantalla de este donde aparece el nombre de Lenin.
—Dime, hermano—contesté lo más natural posible.
—Aarón, Elizabeta salió de prisión y eso no es lo peor, hermano, ella se asoció con los italianos y siendo sincero no sé qué quiere conseguir con todo esto, ya que Fazio cooperó contigo en la detención de su hermano.
Todo en mí se congeló, era como si mi lengua olvidará cómo hablar mientras la mirada de Danna me examinaba.
—Aarón, ¿estás bien? —dijo nuevamente Lenin desde la otra línea.
— Sí, Lenin es tu casa y ven cuando quieras, por cierto, Danna está encantada de conocer a tu prometida— solté lo primero que me vino a la mente
—¿Qué tal mañana os venís a comer con nosotros?
— Entiendo— dijo al coger mis indirectas.
— Bien, pues te esperamos mañana amigo.
—Pero si no tengo novia y mucho menos prometida.
— Estoy seguro de que te las arreglas— dije y después colgué.
Una mentira más.