Capítulo 2

1110 Words
Aarón  No había persona más viva que yo por haber conocido el amor, pero el mundo sigue siendo una mierda y más cuando uno se dedicó la mayor parte de su vida a crear esa misma mierda con malas personas que, cuando al fin aparece lo que necesitaba para que cambiara ese mundo en el que estaba, el pasado te amenaza con quitarte todo lo que hasta ahora había valido la pena vivir. Dejar mi vida pasada en el olvido lo único que acarreo, fue que las amenazas y advertencias de lo que ya no eran mis socios se acumularan, a tal punto que un día saliendo de mi trabajo el nuevo cabecilla de la mafia rusa me hizo una inesperada visita. Flashback. — El respetado Sr. Davis y ahora no tan respetado— la voz de ese individuo se hace presente ante mí. Detengo mis pasos y lo miré con la frente arrugada. — No sabes cuanto deseé este momento, Davis o debería llamarte señor— añadió nuevamente. — ¿Qué quieres? — lo amenacé con la mirada. — ¿Qué te parece si tenemos una conversación privada dentro del auto, señor Davis? — me señala al vehículo n***o estacionado a nuestro lado. Pienso en si debería entrar o no, pero si llegó hasta mí es que algo bueno no trae y conozco a esta gente, no se andan con rodeos. — Como bien sabrás ahora soy el nuevo cabecilla de la banda que tú destruiste... — No sé nada de lo que tenga que ver con tu mundo, Akim. — Lo interrumpo. — Bien en ese caso te pondré al tanto, señor Davis, pero antes quiero que tenga claro que no estoy aquí en vano, sino que usted se asociará a mí para acabar con los italianos y después continuará su vida aburrida donde la había dejado— alcé las cejas al oír lo que me decía. — Primero que nada, no estoy interesado en que me pongas al tanto de nada, y sobre los italianos no quiero tener nada que ver con ellos, ni contigo— digo e iba a salir del coche, pero dijo algo que me congeló. — Quizás cambie de opinión al informarle que, su querida esposa e hijos están siendo vigilados desde hace semanas y, con tan solo una llamada sus vidas llegarían a su fin. — Hijo de puta...— Lo estoy estrangulando con la mano —. ¿Cómo te atreves a amenazarme con mi familia? — sigo apretando la mano sobre su cuello cortándole el oxígeno, pero después sus hombres nos separan. Éste tose e intenta recuperar el aliento. — ¡Suéltame! — grité mientras me solté del agarre de sus guardaespaldas. — Solo necesito romper el poder de los italianos y después no te molestaré más— dice Akim con dificultad —. Aunque hace tiempo que lo dejó sigue siendo el hombre más respetado en nuestro mundo— vuelve hablar. Su opción era básicamente una respuesta por parte mía, era aceptar sí o sí, por más respetado que fuera no servía de nada, cuando se trataba de tener poder entre la mafia y la intención de Akim era gobernar esta mierda. — ¿Vas a confiar en esa gente? — preguntó Lenin que lo tenía sentado en mi oficina después de tantos meses sin verlo. — No tengo otra opción— agregué mirando a un punto fijo mientras pienso en la sonrisa de la mujer que tanto amo y que haría cualquier cosa para que nunca deje de sonreír —. Necesito que alguien me eche una mano cuando esté dentro con ellos— añadí nuevamente. — Aarón cuenta conmigo, si esta gente quiere que el puto rey de la mafia vuelva a ellos pues que así sea, hermano, pero solo que esta vez los pasos que demos deben de ser con cautela, ya que saben dónde agarrarte, tu familia— dijo Lenin. — Mi debilidad, mi mujer y mis hijos— afirmé en un largo y agobiado suspiro. Fin Flashback Mi vida consiste después de esa amenaza en trabajar como ingeniero naval, pero no estoy aceptando tantos proyectos como antes para poder pasar más tiempo en otro asunto no tan legal. Después de un duro día de trabajo por fin llegué a casa y mi mejor momento del día es estar con mis hijos. — Papi...— dice Lucía al verme entrar a su habitación a punto de irse a dormir. — Mi princesa— la como a besos mientras ella protestaba por mi barba de tres días que le picaba en su pequeño rostro —. Te amo, mi bebé— la vuelvo arropar con las sábanas. — No soy tan bebé— hace un puchero, tiene el carácter de su madre. — No lo eres, pero para mí siempre lo serás. Por más que crezcan mis hijos siempre seguirán siendo mis bebés. Al pasar a ver a cada uno de mis hijos por fin llegué a mi habitación, solté un suspiro largo y me siento encima de la cama mientras bajo la mirada al suelo y me hundo en mis pensamientos. Danna estaba en el baño. Me gustaría decirle por lo que estaba pasando, contarle cada uno de mis problemas, pero no puedo porque sé que me daría a elegir. — Más te vale que sea la única, Aarón— suelta al verme tan pensativo. Le sonrío. — Idiota— me provoca y frunzo el ceño, siempre que lo hace recuerdo esos momentos que vivimos para luego comerle la boca como solo yo sé hacer. — Soy tu idiota y tu mi dueña— añadí después de ese intenso beso. — Te ves tan cansado, mi amor. — Estoy bien, Danna, solo necesito dormir— digo para no preocuparla. — ¿Dormir?, que yo sepa es lo único que no haces, Aarón y no me digas que son imaginaciones mías, porque me di cuenta de que algo te está quitando el sueño. — Todo está bien, Danna...— me interrumpe. — Todo está bien, es lo único que estoy escuchando últimamente, joder, Aarón soy tu esposa y estamos para lo bueno y para lo malo— siento como sus ojos se cristalizan. Quien iba a decir que la mujer que se pellizcaba su mano para evitar llorar ahora lo hace a cada rato, deja caer esa agua salada que antes deseaba y ahora odio. — Ey, nena, no quiero verte llorar— la atraje hacía mi cuerpo —. Solo es trabajo, en serio, mi amor — dejé caer un beso casto en su frente y me adentré al baño a darme una ducha.
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