Lo bueno del primer día de clases es la emoción de saber quienes serán tus nuevos compañeros, el descanso de los profesores que no piden trabajos, la comida nueva en la cafetería y que aún no existe la presión del "estoy a punto de repetir el año porque soy anormal".
La única cosa mala del primer día se podía resumir en dos palabras: primer año. El ruido que causaban, la confusión que generaban. Eran insoportables.
—¡Me cago en la puta! — Escuchó decir a una chica aperlada con el cabello rojizo. Ella veía las tablas de asignación de aula con frustración.
—Este año son muy ruidosos ¿eh? — Dijo Morgan molesto al escucharla.
Nick y Blake estaban parados justo a su lado.
—Hombre, es el primer día, estarán nerviosos — dijo Nick.
—Eso no quita que deberían estar en silencio — contestó Morgan cruzándose de brazos.
Los alumnos que estaban frente a ellos se movieron. Los tres se acercaron a la lista de asignación y sin decirse nada buscaron sus nombres.
—3-1 — dijo Nick apenas encontrarse.
Leyó los nombres tan rápido como pudo, vio nombres familiares. Alex, David, Anne, Leo, Wallace, Sam, Morgan, Patrick, ¡Blake!... ¿Victor no estaría con ellos este año? No sólo él, Demian, Wallace y Will estaban en el aula 3-2. Daniel y Shane en el 3-3.
Los habían separado.
Por alguna razón había asumido que estarían todos juntos de nuevo, pero claro que, cambiando el director, cambiaban las preferencias que él y sus amigos tenían. Blake notó el gesto de tristeza en Nick y le pasó un brazo por el cuello, le acercó a él y le dio un beso en la cabeza.
—Hay que ir al aula antes de que Diego se enfade — le murmuró.
La misma pelirroja que había gritado minutos antes, con los brazos cruzados se encaminó a la dirección. Estaba molesta. Patrick estaba en el mismo lugar, retenido por portar incorrectamente el uniforme.
—¡Es que no era una camisa rosa, lo juro! — Le rogaba a Mason. — ¡Era blanca pero mamá la lavó junto a la roja!
—Que es el primer día y ya estamos en estas — le reclamó Mason.
—Pero es que...
La pelirroja miró con atención el lugar. Entonces notó las tres cámaras puestas en cada esquina del lugar. Patrick suspiró y fue a sentarse de nuevo. Entonces la pelirroja se sentó junto a él. Mason entró en la oficina de Baruch y el ambiente se quedó en silencio. Ella se veía frustrada, tenía los brazos cruzados y movía el pie con impaciencia.
¿Cómo se atrevían a hacerle eso? Y como si el mundo fuese quien conspiraba en su contra, aquella chica rubia entró al lugar.
Se miraron con repudio. La segunda chica pasó de largo y se sentó alejada de la pelirroja. Ambas iban precisamente a lo mismo. La pelirroja miró de nuevo hacia arriba y se encontró con una cámara apuntándole fijamente.
Se sintió incómoda y miró a su izquierda, viendo detrás de Patrick a la odiosa rubia. Gruñó con fastidio y giró a la derecha, encontrándose otra cámara apuntándole.
—¿Por qué hay tantas cámaras aquí? — Preguntó ella en voz alta.
—Porque creen que nos vamos a matar entre nosotros — dijo Patrick desanimado.
—¿Dijo quién?
—Pf... — Patrick miró alrededor — todo el mundo.
—A mí me parece más bien una excentricidad.
—Creo que no entiendes como funciona esta escuela — dijo Patrick cansado.
—Ella no entiende demasiado — escuchó a la rubia decir con un tono falsamente dulce — es un poco... lenta.
—Hija de...
Patrick miró a la pelirroja. Se notaba que eran de primer año.
—¿Por qué te enviaron aquí? ¿Te peleaste?
—Nadie me envió — respondió ella — decidí venir yo sola.
—¿Y por qué?
—Estoy en la misma aula con una hija de... — se contuvo y se aclaró la garganta —, con alguien que me desagrada. Vine a pedir el cambio.
—Buah, buena suerte con eso, eh.
—¿Por qué? ¿No se puede?
—Bueno, no es que no se pueda pero antes el comité decidía si era prudente o no el cambio.
—¿Y dónde está ese comité?
—Muerto.
La chica miró consternada a Patrick.
—No literalmente — volvió a decir él —, se deshizo por problemas del pasado.
—¿El año pasado?
—Hace dos años.
—¡Pero eso fue hace muchísimo!
—Ya pero...
—Me niego — dijo ella poniéndose de pie de golpe —, me niego a estar en una escuela tan anticuada.
La pelirroja se levantó de golpe y entonces Mason salió de la oficina de Baruch.
—¿Pats? ¿Quieres pasar de una vez? A Diego no le gusta que lleguen tarde.
Patrick suspiró, se puso de pie y entró.
La pelirroja miró a la rubia.
—Escucha, Carolina, si quieres que esto cambie necesito de tu ayuda.
—¡¿Yo?! — Se burló la rubia. — Estas demente si crees que voy a seguirte la broma.
—Piénsalo — dijo la pelirroja —. Hemos trabajado juntas antes y podemos hacerlo ahora, de lo contrario tendremos que soportarnos un año entero.
Carolina frunció el ceño.
—¿Me vas a obligar a hacerte un maldito plan de nuevo, Felicity?
—¡Ja! Eres más bien una seguidora, pero eres necesaria.
Carolina apretó la mandíbula.
—Joder, vale — soltó ella en un murmuro —, pero más te vale que nos funcione rápido.
—Coño, claro que más me vale, odiaría pasar contigo más de dos mili segundos.
La campana sonó y ellas se dieron la mano.
—Te odio — dijo Felicity.
—Y yo más, cariño — respondió Carolina.
La primera clase estaba a punto de comenzar.