Miedo

978 Words
Nick llegó de la mano de Blake a la clase, justo cuando la primera campanada se escuchó en la escuela. Apenas entraron, Diego entró detrás y cerró la puerta. —Bienvenidos chicos y buenas tardes — dijo seriamente. Recorrió con la vista el aula viendo a los alumnos. Faltaban dos alumnos, los dos pelirrojos. Si bien, el novio de Leo estaba en el aula quizás significaba que estaba fuera del aula por una urgencia, era una lástima pero no iba a dejarlo entrar hasta el segundo periodo. —La mayoría ya me conoce — dijo Diego escribiendo su nombre en la pizarra - pero para quienes no, es un gusto. Mientras Diego seguía presentándose, Nick pensaba en el resto de sus amigos. Era la primera vez en todo este tiempo que tendría que sobrevivir sin Victor, porque claro, hasta donde Wayne se había marchado y las cosas tenían un final feliz, sonaba bastante bien. Pero nadie decía nada sobre lo que había pasado después. Nadie había mencionado nunca los insultos ocasionales que la gente murmuraba, los mensajes anónimos que le llamaban mentiroso, la gente que se alejaba de él por miedo a meterse en problemas... Nada. Victor había estado ahí cada día, haciéndolo sentir normal, porque si Victor, una persona tranquila, orgullosa, feliz, podía hablar con él. Entonces no estaba en la absoluta mierda. —¿Nick? — Le murmuró Blake. Nick levantó la vista y su novio se veía preocupado. —Estás pálido. Alguien golpeó la puerta con fuerza. —¡Déjenme entrar, guarros! — Gritó Leo. Diego escuchaba las quejas de Leo sentando en su escritorio con una sonrisita. Esa era su parte favorita del primer día de clases. Nick miró el reloj. Había pasado casi media hora desde el inicio de clases ¿en qué momento se había ido así el tiempo? —¿Quieres un trago de agua? — Le preguntó Blake. Nick negó con un gesto y Blake le tomó la mano. Cuando el primer descanso llegó, Nick salió a tomar aire. Lo que en realidad significaba "necesito espacio" para todo el mundo. Había comenzado con aquello hacía menos de seis meses. Simplemente quería estar sólo. —¡Nick! — Escuchó a Victor gritarle. Victor y Demian salieron juntos a saludarle. Nick ni siquiera escuchaba todo lo que le contaban, su mente no estaba ahí. —¿Macho? — Le llamó Victor. —Nick — escuchó la voz de Diego llamarlo. Victor y Demian, intimidados, retrocedieron. Diego se acercó. —¿Necesitas ir a la enfermería? —Qué va — respondió Nick — me mareé un poco con los gritos de Leo. Diego soltó una risita. —Si necesitas ir a la enfermería solo hazlo sin preguntarme — dijo el profesor para marcharse de nuevo adentro del aula. —Joder, eres amigo del diablo — dijo Demian. —Es mi suegro al final de cuentas — respondió Nick tallándose los ojos. —Sentí un escalofrío — murmuró Victor. Nick se rio. Quizás que Victor no estuviera en su aula era el universo salvándolo de su peor miedo. —Entonces — dijo Demian — ¿ningún estudiante nuevo este año? ¿Nadie que venga a joder? —Con nosotros nada — dijo Nick. —Buah, nuestra aula está más muerta que mi abuela — dijo Victor haciendo que Demian y Nick se avergonzaran. —Qué poco delicado — dijo Nick. —Deberías escucharlo enojado — dijo Demian —, tiene más delicadeza con sus insultos que ahora mismo. —Bueno, no es como si la hubiese conocido — respondió Victor. —Coño, Victor — le regañó Nick. Los tres rieron en voz baja. Quizás no iba a ser tan malo. Quizás la tercera sí era la vencida. Sam salió del aula y caminó hasta la cafetería. Estaba ligeramente entristecida. Con sus amigos en otra aula, Morgan y Blake con pareja, la dejaban a ella sola. Parecía ayer cuando todos salían juntos a la gradas de las canchas de futbol y extrañaba aquello. —¡¿No están hartos?! — Gritaba una chica en medio de la cafetería. — ¡¿No están hartos de las injusticias académicas?! Joder, era el primer día y alguien ya estaba haciendo una mierda. Miró de mala gana a la chica pelirroja que gritaba en medio del lugar y pasó de largo hasta la barra. —¡Alguien debe supervisar al alumnado! ¡Quince profesores no son suficientes para quinientos alumnos! — Decía la pelirroja. — ¡Tenemos derecho de poder decidir sobre nosotros mismos! Sam pidió un agua y se dirigió de nuevo a la salida. Entonces fue que la vio. Bajita, rubia, con un rostro angelical. Vestía el uniforme de una forma perfecta y ajustada. Su cabello caía por un costado. La chica sintió la mirada fija que se le había pegado y cruzó su mirada con la de Sam. Entonces sonrió dulcemente. ¡Era un ángel! Uno en el mundo humano. Y aún así, Sam, mostrando desinterés, no devolvió la sonrisa y simplemente pasó de ella. Carolina, por su parte, al ser ignorada cerró el puño sin cambiar su expresión. De por sí era un día odioso ¿y una tipa se atrevía a ignorarla? Cuando Felicity terminó de gritar, la gente aplaudió. Detestaba a la pelirroja pero, también tenía que darle la razón cuando decía que podía convencer a las masas. Felicity bajó y se colocó a lado de Carolina que sonreía a las personas con una genuina felicidad y dulzura. —¿Entonces este era tu plan? ¿Gritar como vendedor de verduras? — Se burló Carolina. —Por ahora — respondió Felicity — solo nos falta el tercer año de nuestro lado y entonces comenzamos con esto. —¿Con qué? Felicity se rio con sorna. Miro a Carolina a los ojos y con una falsa sonrisa. —Con el comité escolar, tontita.
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