Apenas llegar a casa, Nick encendió la televisión para que hiciese ruido de fondo y fue a su habitación para cambiarse la ropa. Sus padres estaban trabajando y llegarían en menos de dos horas, pero no le gustaba sentirse solo. Especialmente en casa.
Fue a la cocina y encontró comida lista para calentar que le habrían dejado sus padres, la metió en el microondas y mientras esperaba se sentó en el sofá individual de su sala. Usaba su móvil para perder el tiempo y alguien llamó a la puerta.
Como aquella noche.
Para Nick de pronto ya era de noche y sus nervios salieron a flote. Odiaba estar solo en casa no solo por su miedo irracional a que algo sucediera, sino porque odiaba recordar la noche en que decidió llamar a Wayne.
Se levantó con las manos temblorosas y abrió abrió la puerta. Ni siquiera sabía qué esperar al abrir ¿qué haría si realmente era él? Nada. Nunca podía hacer nada. Ni cuando era solo un sueño. Asomó hacia afuera y de nuevo era medio día. Delante tenía a un cartero.
—¿Puedes firmar aquí? — Le preguntó a Nick.
El menor simplemente firmó y se le entregó un paquete. Cuando el cartero se marchó cerró la puerta por dentro y volvió a escuchar la televisión, entonces el microondas terminó de calentar su comida. Entonces pudo respirar.
Cuando el día siguiente llegó, el ambiente en la escuela era mucho más tranquilo. Si bien, los de primer año seguían siendo ruidosos, ya sabían donde estaban sus aulas y no se dedicaban a gritar todos en medio de la escuela, sino, separadamente.
Nick llegó directamente a su aula y se sentó en el mismo lugar que el día anterior. ¡Es que eso era lo único que pedía! Llegar a su aula monótona, vivir una vida monótona, sin alteraciones, sin dramas, sin... Lucas y Wayne. O lo que sea que fuese a pasar este año.
O mejor dicho, quien sea que fuese a llegar este año. Su propia paranoia lo consumía, al punto en que había examinado la lista de alumnos varias veces para asegurarse de no ver nombres nuevos.
Entonces Blake llegó y tuvo que cambiar el semblante de preocupación por el habitual. Su novio directamente se sentó a su lado y le sonrió a modo de saludo. Nick vio a Diego entrar al mismo tiempo que Morgan al aula y a Leo correr para poder entrar a tiempo.
Escuchó la risita de Blake ante la desesperación de su mejor amigo y no pudo evitar reírse.
—He llegado a tiempo — le murmuró Leo a Nick mientras pasaba de largo buscando un asiento.
Como era de esperarse, se sentó a lado de Wallace y ahí se plantó con orgullo. Había vencido al profesor. Pasaron las horas y todo continuaba con monotonía. Nick era feliz así, pero el resto de la clase moría de aburrimiento. Cuando Diego se dio cuenta soltó una risita nasal.
—¿Qué les parece si elegimos al delegado?
Los alumnos despertaron de su trance.
—¡Yo quiero ser la representante del aula este año! — Dijo Anne entusiasmada.
—Creo que en estas circunstancias, elegir a Morgan de nuevo es la mejor opción — dijo Sam.
—¡Yo también quiero! — Gritó Leo emocionado.
Ahí iban de nuevo.
—Me siento mejor capacitada para el trabajo — dijo Anne mirando a sus contrincantes —, sin ofender.
—¿Cómo que sin ofender? — Preguntó Morgan confundido. — ¿A qué te refieres?
—Bueno, es un hecho innegable que tu padre es el profesor — dijo Anne —, no insinúo una preferencia pero mi grupo está en desventaja.
—Joder, ya vamos a empezar — soltó Alex —, ¡que eso de las rivalidades ya pasó Anne!
—No se entera, eh — murmuró Leo.
Entonces alguien golpeó la puerta.
En la entrada asomó una linda carita confundida. Miró al alumnado y luego al profesor.
—¿Puedo pasar? Tengo un aviso importante.
Diego le indicó que entrase con un gesto y la chica entró al aula. Ella tenía el cabello rosa pastel. Detrás la seguía un chico castaño, igual de confundido que la primera.
—Eh... — ella no encontraba palabras para dirigirse al tercer año — ¿quieres empezar tú? — Le preguntó a su amigo.
—Me da pena, Chris — respondió el otro.
—Lo sé, a mi igual — murmuró ella.
Nick miraba a los alumnos de primer año con cierta ternura. Quizás, en su caso particular, no pediría regresar a primer año, pero era inevitable sentir un poco de nostalgia.
—¿Van a decir algo o nos vamos a quedar así toda la mañana? — Preguntó Leo.
Chris se aclaró la garganta.
—Queremos anunciar la reapertura de un viejo club que ustedes quizás presenciaron.
¿Un viejo club? ¿Detención? ¿Detención contaba como club? Entonces Nick ya tendría mucho tiempo invertido en actividades extraescolares.
—El primer año se ha unificado y juntamos las firmas necesarias para reabrir una vieja asociación de alumnos — dijo una pelirroja ante el segundo grupo de tercer año.
—¡Sólo di que es, coño! — Dijo Demian al recibir la noticia en el segundo grupo.
—¿Pero no puedes dejar hablar a la chiquilla en paz? — Lo regañó Victor.
—Mi nombre es Nadia — dijo la pelirroja con dulzura — y mi compañera — señaló a una rubia que se encontraba a su lado — es Sunny.
—Qué monas — dijo Victor.
—¡No se escucha! — Gritó David como acostumbraba a los dos niños de primero que se encontraban delante del grupo.
El tercer grupo del tercer año soltó risitas.
—¡Hablen más alto! — Gritó Willy haciéndolos reír a todos, incluso a su nuevo profesor, Leónidas.
Nick por su parte, simplemente prestaba atención a Chris, la de cabello rosa.
—¿Y de qué asociación estamos hablando? — Preguntó Wallace a Chris.
—Del comité escolar.
Apenas decir eso, el grupo dejó de lado la risita. Igual que los otros dos grupos vecinos. Todos estaban nerviosos.
—Si vienen a recaudar firmas se pueden ir a tomar por culo — dijo Blake.
Diego alzó las cejas ante la agresión.
—En eso estamos todos de acuerdo — respondió Anne — el comité no regresará este año.
Chris se puso nerviosa y miró a su compañero, que alzó los hombros sin saber qué hacer.
—Es que no venimos por firmas — dijo Chris —, queremos informar y al mismo tiempo, invitarlos a participar en la campaña electoral de presidente.
—Las elecciones se llevarán a cabo en un mes y medio a partir de hoy — dijo el acompañante de Chris —, pueden postularse o bien, solo votar por un candidato.
La clase se hallaba en completo silencio. Nadie respondía a lo que decían.
—Habrán cinco eventos para celebrar la campaña, uno por semana y pueden asistir libremente — dijo Chris con los nervios a flote.
La clase los miraba como una manada de lobos a un par de corderitos indefensos.
—En fin — dijo Chris —, es hora de marcharnos.
Cuando los dos alumnos de primer año salieron, la clase siguió en silencio. Diego esperaba que causaran alboroto por la noticia y que se gritaron mutuamente pero no fue así. Simplemente callaron.
Porque en parte sabían lo que significaba, no iba a ser el año tranquilo que todos deseaban.
Esto era la guerra de nuevo.