NARRA DEIAN ROSENZWEIG Ha pasado una semana desde el juicio y desde que me trasladaron a una prisión más grande, de esas a las que llevan a verdaderos criminales, asesinos y psicópatas despiadados. En mi primer día, uno de esos tipos, lleno de tatuajes y con aspecto de matón, me dio una tremenda golpiza que me mandó directo a la enfermería y estuvo a punto de matarme, solo porque no quise ser su perra. Según me enteré, ese tipo se cree el dueño y jefe del recinto y los guardias de la prisión no se meten con él y dejan que haga lo que se le venga en gana con los demás prisioneros, a quienes les ofrece protección, de él mismo y de otros reclusos, a cambio de favores y de que uno se someta a sus demandas. Tres días han pasado desde que salí de la enfermería. Tres días en los que he preferid

