4.El amor que se ha ido
David (papá de Annie)
Estoy furioso con lo que pasó. Ese imbécil se merecía que lo matara por lo que hizo con mi bebé, pero no puedo hacerlo. Sus padres no tienen la culpa. Nunca pensé que se atreviera a tanto. Mi pequeña hada siempre lo defendía. Incluso cuando, ella lo acompañó ese día que se sentía tan mal que bebieron como cubas y los descubrí después de pasar la noche juntos. Ella no quiso culparlo y en parte tiene razón. Ella ya era mayor de edad y sé que estaba más que dispuesta a pasar la noche con ese idiota. Pensé que tratar de intimidarlo funcionaría, pero extrañamente, voluntariamente decidió hacerse responsable por lo que sucedió entre ellos.
Muchas veces le pregunté a Annie si estaba segura de querer estar con alguien que no la amaba, pero ella siempre tuvo mucha fe de que con esa oportunidad, intentaría por todos los medios lograr enamorarlo. Pero no funcionó para nada. Ahora ella ha sufrido una gran vergüenza delante de conocidos y amigos, que tal vez puedan crearle algún tipo de trauma.
Manejo de prisa. Mi esposa está destrozada por la angustia de saber cómo está nuestra hija. Sé que no puedo tener favoritos, pero definitivamente, ella es mi consentida. Los demás lo saben pero no les importa. Annie es la favorita de todos.
Estaciono el coche y bajo de inmediato para ir por Sam. Ella se limpia las lágrimas que no han parado de caer, para salir de prisa del vehículo. Creo que necesita ir a abrazar a su niña, quizás más que la misma Annie. Siente una gran responsabilidad sobre ella al no frenar la locura de esta boda precipitada.
—Por favor amor, vamos con Annie. –No tiene ni que decírmelo. Mientras subimos, nuestros otros hijos aparecen frente a nosotros. Algo en sus caras me dicen que algo malo está pasando.
—Hijos, ¿ya vieron a Annie? –Todos niegan. De pronto, Roció y Davidcito comienzan a llorar, mientras que Robert abraza a su hermana. Ninguno me dice nada, así que corremos hacia la habitación, pero al abrirla, ésta se encuentra vacía. Salimos del cuarto y encontramos a los chicos nuevamente. Rocio me extiende un sobre. Mi mano tiembla cuando lo tomo para abrirlo.
«Queridos papá y mamá:
Para el momento que lean está carta, yo ya estaré muy lejos. Sabía que algo pasaría, pues ocurrieron varias cosas de las que no me corresponde contar en estos momentos. Durante los últimos días, Liam intentó por todos los medios terminar conmigo, pero yo me negué. Sabía que al final no se casaría conmigo. Me lo advirtió y no quise hacer caso. Ahora ya todo pasó, y aunque no niego que tengo el corazón destrozado, acepto las consecuencias. Yo también tuve parte de esto, al arriesgarme a intentar conquistar por la fuerza el corazón de alguien que no me ama. Eso no funciona así. Si se hubiera dado, quizás en el futuro, él me hubiera engañado y quizás hasta nos habríamos divorciado. Así que tomo mi parte de la culpa. Pero comprenderán que no puedo seguir aquí, así que me voy. Estaré tomando parte de una brigada médica en un país lejano. No se preocupen, me cuidaré bien y en cuanto pueda, me comunicaré con ustedes. Quiero que recuerden que los amo con toda mi alma y mi corazón estará con ustedes cada día. Volveré, eso se los prometo. Pero ahora no puedo estar ahí. Un último favor. Tía Susan y tío Trevor no tienen nada que ver. Por favor, no se disgusten con ellos. Son casi hermanos suyos y me dolería saber que por mi culpa, llegaran a distanciarse. Tampoco odien a Liam. No vale la pena guardar rencores. Ahora, me despido. Los amo infinitamente. Cuidense mucho hasta mi regreso. Por cierto, Mir y Martha van conmigo. Sus padres deben estar muy tristes también, así que llámenlos de vez en cuando. Ellos dejaron ir dos hijas siguiendo a la de ustedes.
Los amo mucho.
Annie»
Mi esposa se deja caer en la cama con lágrimas en los ojos. Yo estoy fijo en el suelo. No puedo creer que tuviera todo planeado. Hasta el día de hoy se veía completamente feliz e ilusionada. Me duele el corazón de pensar que no supe ver a través de ella. Quizás había tristeza estaba en sus ojos y no presté atención. Me siento un padre negligente. Siento que me estoy derrumbando por dentro. Quiero a mi hija de regreso, para abrazarla y confortarla y decirle que todo estará bien. Pero ella ya se había preparado. No quería que la viéramos sufrir y se marchó donde no nos diéramos cuenta cómo la afecta lo que le pasó. No nos quiso a su lado para no sufrir con ella. Pero me siento impotente, pues lo que más deseo en este momento es consolarla. Las lágrimas salen de mis ojos. Mis brazos se sienten vacíos sin ella. Mi hermosa bebé. Quisiera haberla puesto en una caja de cristal para que nada pudiera lastimarla. Ja. Mi esposa siempre me ha regañado por ese pensamiento, pero estoy seguro de que en este momento, piensa lo mismo que yo.
Cuando al fin recupero el movimiento, voy hacia mi esposa y la atraigo a mis brazos. Ella no es una mujer frágil, pero sus hijos le duelen y la hacen vulnerable. Comienza a llorar mientras la tengo en mi pecho. La dejo que saque todo su dolor. La llevo conmigo a nuestra recámara. Cierro la habitación de mi hija. Dejaremos que todo siga igual que como la dejó, esperando por su regreso. Porque va a regresar y estoy seguro que será otra. Porque conozco su carácter indomable.
—Vamos amor. No llores más, que a nuestra niña no le gustaría vernos así. Ella va a volver. Y cuando lo haga, será porque ya no le duele tanto estar aquí. Vamos. –Ella asiente y se deja llevar.
¡Qué gran dolor es para un padre, dejar ir a sus hijos!
Los chicos no se ven por ninguna parte, por lo que deben estar en su habitación. A partir de mañana tenemos que reinventar nuestra vida, sin mi pequeña hada. Hasta el día que regrese.
Liam
Salgo de la casa de mis padres, con la ansiedad de dejar a María ahí con ellos. Tengo miedo de que la hagan sentir mal. Debí haber sido sincero con mis padres hace mucho tiempo, pero ella siempre me pidió que no dijera nada. Cuando aceptó que la enviaran a ese internado, debía dejar las cosas claras. La imagen de Annie viene a mi a cada momento. La tristeza en su mirada me lastima mucho, sin entender por qué. Ella sabía que no nos casaríamos. Le advertí y no lo quiso creer. Pero no estuvo bien. ¡Maldita sea! No estuvo bien lo que hice. Cambio la ruta del auto y me dirijo a su casa. Debo ver con mis propios ojos que está sana y salva. Llego a su casa, pero el guardia de la caseta no me permite la entrada. Le llamo a su teléfono y no me contesta. No quiero marcarle a los tíos, así que será mejor que regrese mañana o que la busque en el hospital. Doy un gran suspiro y me voy de ahí. Espero que al menos no me odie tanto. Pero su última mirada hacia mí, me dice que el amor que me tenía, al fin se ha ido.
De seguro me preguntarán porque me veía feliz estos últimos meses, y que tal vez fingí todo. Pero no. Yo también puse de mi parte para que esto funcionara. Pero bastó para que llegara ella, para que me diera cuenta de que me engañaba. No sé que pasara a partir de hoy, pero voy a hacer que todo se ponga en su sitio.