Lo veo bajando las escaleras que llevan hacia donde está su auto. No sé que nos depare el futuro, pero lo que sí sé, es que él es un hombre que vale la pena. Maria El tiempo sigue avanzando y ya estoy a punto de colapsar de ansiedad. El maldito borracho de mi padre sigue acosándome cada vez que tiene oportunidad, y creo que pronto, todo se irá al carajo. —¡Hija, hijita! ¿Dónde estás? –escucho su maldita voz alcoholizada. Sé que vendrá a buscarme, así que me adelanto y salgo de mi habitación para ocultarme en el pasillo. Cuando veo que se dirige trastabillando hacia mi cuarto, bajo las escaleras rápidamente. Tomo las llaves del auto y salgo de la casa. Manejo por las ciudad, hasta llegar al lugar donde vive Albert. Tengo días que no vengo, pero es hora de que me dé una vuelta p

