120. Jugar a la mamá feliz Annie Llego temprano a mi trabajo. Ayer, después de llegar de mi paseo con Aaron, no pude descansar mucho. En mi cabeza aparecía su rostro y el de Liam. Soy muy afortunada de que dos personas como ellos me amen, pero al mismo tiempo me siento mal por hacerlos esperar por mí. Si tan solo mi corazón fuera claro. Toc, toc. El sonido de la puerta me saca de mis pensamientos. Veo una cabellera rubia que se asoma por la puerta. —¿Estás ocupada? –sonrío al ver al hombre. Cuando termina de entrar, veo que en sus manos trae dos cafés y una caja de galletas. —No, en realidad no estaba haciendo nada. –ambos reímos ante mi franqueza. No puedo negar que los momentos junto a Liam son más agradables. Ha dejado de ser el hombre serio e inalcanzable, para volv

