Ahora era la vida quien te dice «idiota pendeja, viste lo que pasa cuando te metes en temas que no son tuyos». Una cosa era el tema de ellos como pareja, otra era el amor de padre e hija, él siempre estuvo ahí y yo lo insultaba. —volví a llorar, me aferré al pecho de Lucas, mi mamá ingresó a la habitación.
—Lucas, regálame unos minutos con Ceci, por favor. —Mi novio se levantó—. En la cocina se encuentran tus cuñados, sirven la comida, mijo. Ve y come un poco.
—Gracias, doña Olga.
Me quedé con mamá, se sentó al borde de la cama, como cuando era niña, puse mi cabeza en sus piernas.
—Llora mi amor, entiendo la razón por la cual te encuentras así, aparte de la muerte de Octavio, es el cómo terminaron las cosas entre ustedes. —mi mamá da en el clavo y comienzo a hiperventilar—. Hija, tu padre te adoraba, la noche que hablamos tanto, me di cuenta de que, para él, ustedes eran su vida.
» Ya no podemos decirle las cosas, pero él sigue aquí contigo. Solo suéltalo, busca el momento preciso, busca un lugar único para ustedes dos y en ese espacio, saca todo lo que tienes dentro. Pídele perdón si necesitas hacerlo, agradécele si te nace y concluye la situación, cierra el ciclo.
» No sigas cometiendo el mismo error, sana y aprende, imagino que yo estuviera igual que tú, si no me hubiera sincerado con tu padre y el igual. Sin duda, una vez más comprobamos lo corta que puede ser la vida, dejamos de lado el tratar de ir solventando las cosas. Los sabios suelen decir, no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy.
» No te quedes callada, si algo no te gustó, si alguien te ofendió. Aprendí que es mejor ponerse rojo un ratico mientras te confiesas y dices cómo te estás sintiendo en determinado momento por determinada acción, que tragarte las palabras. El orgullo luego se convierte en rabia y la rabia alimenta tantos sentimientos corrosivos para tu tranquilidad y te amarga.
» El orgullo no importa, si tu alma se encuentra en paz. Aprendemos con la experiencia. Por eso te pido perdón por estos años en donde no estuve a tu lado, me dejé cegar por la rabia, por el orgullo herido. A mí me bastó con casi perderte para hacer el cambio en mi cabeza y dejar la pendejada. Quiero que sepas mi amor, que aquí me encontrarás, siempre tendrás mis abrazos mi amor.
Yo aullaba de dolor, arrugaba la sábana de mi cama formando un puño. Lo que decía mamá era cierto. Poco a poco, con sus caricias en el cabello, me fui quedando dormida, con los bellos recuerdos de papá. Cuando yo era su princesa.
No debí condenarlo, al fin y al cabo, era humano y tenía derecho a equivocarse, yo fui la que lo condenó, jamás debí salirme de mi rol de hija, porque su afecto siempre estuvo ahí, el recuerdo de la casa en Coveñas, esa a la que no voy desde que se separaron, donde pasábamos cada ocho días cuando éramos una familia hace siete años, en la madrugada cuando veíamos el amanecer, algo que siempre nos gustó a los dos, me dijo.
—Ceci, te amo princesa, eres la única que heredó el amor a la belleza en la naturaleza, sacaste esa sensibilidad para ver la magia en el mundo a nuestro alrededor. —Me abrazó, y me dio un beso en la frente—. Me gusta el novio que tienes, ¿sabes?, decretemos este lugar, este momento del amanecer como nuestro lugar favorito, ¿te parece? —afirmé.
Después de eso, a los tres meses le fue infiel a mamá y todo se fue al chiquero. Antes de dormirme susurré.
—Perdóname papi.
Me quedé dormida, pero antes sentí una sutil caricia en mi frente y en la cálida brisa escuché el susurro como aquella vez en Coveñas. «Te amo hija».
…***…
Había pasado una semana desde que desperté, a diario me visitaba el doctor quien dice ser como un padre, al igual la señora Samanta quien dice ser mi madre. Ellos desde mi despertar dijeron no ser mis padres verdaderos, pero me querían como tal, fueron sinceros al decir eso, y fue agradable.
Quedaron en aclararme todo lo que yo quiera preguntar y hablarían con la verdad. Cuando tienes una parte de tu cabeza en blanco es muy difícil creer si dicen la verdad. Pero iba a seguir al corazón, ese que sin dudas no me falló cuando al tercer día de haber despertado hablaron de la existencia de dos hijos.
Hasta ahora solo he visto al bebé recién nacido. Arturo, según su padre, ese fue el nombre que le dimos, me lo trajeron para ver mi reacción, y aunque o tengo recuerdo alguno, al verlo algo recorrió mi cuerpo y se instaló en mi corazón. Además, en mi cuerpo tenía una cesárea. Mis senos eran otro indicio de que si era mi hijo. Los pobres se me iban a reventar.
Desde ayer dejaron a mi hijo en el cuarto en donde me encontraba. Por eso dejaré que sea mi corazón el que decida si podía confiar en esa persona o no. La señora Samanta era muy linda, se porta como una mamá, y la cercanía con el doctor Rafael me llenaba de calma.
Solo con ellos he tenido contacto, ¡Ah! También con el padre de mi hijo, no sé ni que pensar con respecto a él, ha estado siempre aquí. Viene todas las tardes, lo veo cargar a Arturo y el niño se parece en el físico a él. No hemos hablado, se limita solo a mirarme.
—Bettyca. —Rafael ingresó con esa cálida sonrisa—. ¿Cómo amaneciste, hija?
—Bien señor.
—Te he dicho que soy como tu papá, ¿cierto? Trátame de tú, llámame por mi nombre en unos días te voy a dar de alta, por tu pierna deberás usar silla de ruedas por un tiempo.
—Si señor. —¿A dónde voy a ir después de salir de aquí?
—Hoy va a venir mucha gente, los terapeutas autorizaron el contacto con el resto de la familia de corazón y también vendrá tu hija Cadie, vamos a hacer una especie de presentación y quiero que me digas si recuerdas a alguien. Los psicólogos estarán presentes. Si percibes algún destello o aroma notifícalo.
—Me parece bien. —dije, no tenía nada más por decir.
—Betty, quieres irte a vivir a tu casa con tu marido e hijos o no te sientes preparada y ¿prefieres quedarte un tiempo con nosotros? —Me encogí de hombros—. Debes tomar una decisión para adecuar una habitación en la primera planta de cada casa, lo primordial es que tú te sientas cómoda y no presionada.
—Prefiero quedarme con ustedes. —Me miró y afirmó.
—Bien.
La gente comenzó a llegar cuando le daba seno a Arturo, era tan pequeño, pero según lo dicho nació más pequeño y bastante arrugado, ahora se veía más llenito. Hoy conoceré a mi hija, siento un vacío en el estómago. La señora Samanta, el señor Rafael se ubicaron a un lado, no podían ingresar todos al tiempo, entrarán de dos en dos, el resto esperará en la sala, eso dijo el médico. Los primeros en ingresar fueron unos señores adultos, con una mirada de algodón de azúcar.
—Me llamo Rosalba, tú me dice abuela Rochi. —La mirada de esa señora me hizo humedecer los ojos, le sonreí, se acercó para darme un beso en la frente, acarició mi rostro—. Cuentas con toda tu familia hija. Ya verás que las imágenes llegarán.
—Y si no llegan se generarán unas nuevas. —habló el señor a su lado, con una mirada tan clara en un rostro con marcadas arrugas—. Soy tu abuelo Henrry. —No los recordaba, pero me pasó lo mismo que con Samanta y Rafael—. En la finca te espero mija, Chila quiso venir a verte. Rochi vamos, ya en unos días la tendremos en la casa para nosotros solitos y la consentiremos como se merece por lo guerrera que ha sido. Ahora espera un batallón para verla.
No sé por qué me reí de él, parecía que los conocieras de toda la vida. Ellos salieron, luego llegó una joven vestida de n***o y un muchacho en jean y camiseta tomados de la mano.
—Ellos son Lucas y Cecilia. —dijo la señora Samanta—. Son novios, Cecilia es una de tus mejores amigas, acaba de perder a su padre el mismo día que nos enteramos de que habías perdido la memoria.
—¿Y qué te pasó en la pierna?
Le pregunté, se había acercado para darme un beso en la mejilla, todos me saludaban así, parece ser una costumbre.
—Me picó una serpiente venenosa en el Amazonas, llegué inconsciente el mismo día de tu accidente y a Catalina le hicieron expulsar la sangre. —hablan como si supiera a qué se referían.
—Debes ir atando los hilos de todo Betty, debes poner de tu parte a forzar un poco la mente —intervino el doctor que me trataba.
—Vas a salir de esta amiga, no has pasado por lo que has pasado para que no termine como tu alma lo desea. —habló Lucas. Volví a sonreí. Miré a la incubadora y Arturo seguía dormido—. Somos los padrinos de Arturo. —todos sonreímos.
—Cuando te sientas con dolor de cabeza nos avisas. —interno Rafael—. Por eso hoy las visitas van a ser cortas. Ya en la casa podrán hablar de todo.
—Gracias, por ahora estoy bien. —Mi corazón deseaba conocer a quién era mi hija. Ingresó, una pareja, ella era una morena muy linda y él un pelirrojo fornido y sonriente.
—¡Qué alegría verte! —Me saludó la morena dándome otro beso en la mejilla—. Soy Paola, una de tus mejores amigas también, somos un combo de varias amigas.
—Soy Lucían uno de los mejores amigos de tu marido, pon de tu parte Betty, no para que recuperes la memoria, te queremos de cualquier manera, me refiero a que te mejores físicamente para aguantar todos los matrimonios programados. ¿Matrimonios?