Lloró más fuerte Hadassa, Rayan permanecía más ecuánime, aunque también lloraba. —Siempre vamos a estar ahí. Entre los dos árboles, si quieren pongan una banca y cuando quieren hablar con nosotros podrán hacerlo. Hadassa negaba, Rayan la abrazaba, mientras que yo en cada una de mis manos sostenía uno de ellos. —Mañana el abuelo nos dará la solución, el cáncer debe estar iniciando y tomaremos las respectivas medidas, volveremos a ser la familia que somos. —habló mi hijo. —Siempre seremos familia, ustedes, de llegar a faltar, sigan ejerciendo los ejemplos inculcados por nosotros. Jamás se pelearán por dinero, en nuestro testamento todo se encuentra por partes iguales. El único deseo de nuestra parte es que esta casa, jamás sea vendida, hagan sus vidas aparte y cada ocho días pasen el fi

