Después de regresar con ellos al mediodía, me encerré en el estudio con mis hijos; a Rayan le gustaba el piano y mi hija Hadassa era muy buena con la guitarra. Le besé la cabeza a mi hijo, no solo era el héroe de su mamá, también era el mío. Porque así Catalina hable de quedarme a velar por ellos, yo sé que mi alma y corazón no lo haría. Si ella llegaba a saltar que el bendito pájaro ese venga en compañía para también avisarme que me iría con ella. Debía hablar con mis hijos, era mi deber prepararlos por si llegaba a pasar eso. Hadassa se desafinó en una nota y se frustró. Me acerqué con mi guitarra, la que hace años me regaló mi mujer, la animé a seguir, en la parte donde le costaba se detuvo, miró el movimiento de mis dedos, lo imitó, Se le dificultaba un poco por sus manos pequeñas.

