LA AMENAZA

1577 Words
Desde mi renuncia a Maya´s Fashion han pasado varios días y en todo este tiempo le he pedido a la señora Regina que no le comenté nada a mi familia sobre el problema que tuve en la empresa, así que cada que ellos hablan a casa ella les dice que estoy en la empresa de esta forma no hemos tenido ningún problema en ocultarles todo. No quiero que me pidan que vuelva a Francia con ellos, aunque es algo en lo que sí he pensado; sin embargo, deseo esperar un poco antes de regresar, aún tengo algunos pendientes que resolver aquí. Acabo de tomar una ducha y justo cuando me estoy terminando de vestir escucho el timbre de la puerta. Cuando bajo veo que la señora Regina está hablando con la persona que menos ganas tengo de volver a ver, Leonardo Ruíz, y detrás de este se encuentra su asistente Mateo. No cabe duda de que este día pinta para ser un desastre. —Ya le dije, señor, no puedo dejarlo pasar hasta que la señorita no me lo permita. —Sabe usted, ¿quién soy yo? —replica él con un tono tan prepotente que me hace rechinar los dientes del coraje. —Claro que lo sé y por lo mismo no puedo dejarlo pasar —responde mi ama de llaves y con solo esas palabras hace que una sonrisa aparezca en mi rostro. Bajo con toda la calma del mundo, mirando a Leonardo con el ceño fruncido. ¿Ahora qué demonios hace en mi casa? —Le pido que no haga un escándalo en mi casa y tampoco le permito que le hable de esa forma a mi ama de llaves —le advierto cuando estoy lo bastante cerca para que me escuche. Me doy cuenta de que se sorprende al verme aparecer y también noto algo más en su mirada que me desagrada. Sus ojos me recorren de arriba abajo, deteniéndose en mis pechos para luego parar su vista en mis piernas. —¿Ya termino su recorrido por mi cuerpo? —pregunto bastante molesta y al terminar de decirle esto veo como se pone colorado y desvía su mirada. —¿Puedo pasar? Necesito hablar con usted —me pide con falsa amabilidad. —No, no puede pasar. No esperaba que le dijera esto, pero con gran satisfacción veo cómo se va poniendo rojo del coraje. Su asistente, por su parte, no logra ocultar su sorpresa. Supongo que no está acostumbrado a ver que le nieguen las cosas a su jefe. —¡No se comporte como una chiquilla! —se queja y acto seguido intenta entrar por la fuerza, a lo que yo respondo poniéndome frente a él y negándole el paso. —Si usted intenta entrar por la fuerza, me veré obligada a llamar a la policía. Esta no es su empresa, dónde puede hacer y decir lo que desee, está en mi casa y, por lo tanto, se atiene a lo que yo diga —le aclaro con una mueca adornando mi rostro. Mateo, su asistente, lo toma del hombro, con lo cual hace que este hombre retroceda, pero con una mirada tan cargada de odio que si sus ojos fuesen pistolas ya no lo estaría contando. —Bien, no me andaré con rodeos. Quiero que le devuelva a Lina los bocetos que tiene de la última colección, no le pertenecen y usted lo sabe muy bien. Lina me contó que usted se los quitó a ella. Si no me los entrega en este momento, me veré en la penosa necesidad de demandarla por plagio. Ante su amenaza suelto una carcajada y niego con mi cabeza. —¿Además de lento es imbécil? Esos bocetos no le pertenecen a Lina. Si usted tuviese un poco de sentido común, se habría dado cuenta de que si ella no los tiene o no los puede recrear, es porque obviamente esos bocetos son míos y no de ella —replico sin poder creer que una persona sea tan idiota. —Independientemente, si son de ella o de usted, debe devolverlos. En el contrato que tenemos se especifica que todos los bocetos que se realizan para cada colección le pertenecen a la empresa, no a usted —me recuerda. —Bueno, eso era en mi antiguo contrato. Creo que su abuelo no le mostró el nuevo que hicimos hace unos meses, voy por él a mi estudio. No los dejes pasar, Regina —le pido a mi ama de llaves. Me dirijo hacia mi estudio, pero con gran malestar siento cómo me sigue con la mirada. Comienzo por buscar entre mis papeles y encuentro el contrato, le saco unas copias y, cuando estoy a punto de salir, veo un suéter largo que dejé la noche anterior y me lo pongo encima. No quiero volver a sentir su mirada sobre mí y menos la de ese hombre que tanto me desagrada. —Tome, es una copia del contrato. Si lee en la página cuatro, se especifica que los bocetos que no se han presentado oficialmente ante el CEO me pertenecen en caso de que yo decida renunciar o que me despidan. Puede quedárselo y revisarlo con su abogado. Si tiene alguna duda, puede comunicarse con mi abogado; yo no quiero tener ningún trato con usted de ahora en adelante —le comento antes de que este pueda agregar algo. »Por favor, Regina, si este señor vuelve a venir, habla con mi abogado para que ellos se arreglen y no le permitas la entrada, así como hoy, pero si se pone impertinente, no te tientes el corazón y llama a la policía. Me iré a mi habitación, esta plática me provocó dolor de cabeza. Si alguien llama o viene, diles que estoy indispuesta, no importa de quién se trate, así sea el mismo CEO de Maya´s Fashion —digo esto mientras me doy la vuelta y subo las escaleras, ignorando por completo a mi incómoda visita. —Sí, señorita Camille. Leonardo Estoy discutiendo con el ama de llaves de Camille cuando esta aparece detrás de ella, sin poder evitarlo, me sorprendo un poco y al mismo tiempo la devoro con la mirada. Se ve muy diferente a como en la empresa, donde siempre se vestía muy formal nada ajustada como lo que lleva hoy, una blusa blanca de tirantes justa con la cual se logra transparentar su sostén, un short muy corto el cual deja a la vista unas piernas espectaculares, nunca me imaginé que esta mujer tuviese un cuerpo tan sensual y unos tenis negros del mismo color que su short. La sigo mirando, deleitándome en sus piernas, pero en cuanto me pregunta si he terminado de mirar su cuerpo me siento culpable por mirar así a esta mujer, la cual me desagrada, sobre todo después de la cachetada que me dio y lo peor de todo es que no me pude desquitar de ella, ya que renuncio antes de poder hacerle algo. Ahora por su culpa soy el hazmerreír de la empresa, dado que misteriosamente se corrió el rumor de nuestra disputa, así como del golpe que recibí por parte de ella. Me enfurece que no me permita pasar como si yo fuese un ladrón, comenzamos a discutir nuevamente y al final le digo a qué he venido, pero se niega a darme los bocetos alegando cosas que no tienen sentido. Cuando me comenta que hace unos meses firmó otro contrato con mi abuelo, esto me molesta. «¿Cómo es que no sabía sobre esto?» Va por él a su estudio y no puedo evitar seguirla con la mirada. «¡Maldita sea!, ¿qué me sucede con esta mujer?», mientras tanto, su ama de llaves me mira con el ceño fruncido, es obvio que sabe todo lo que sucedió ese día en la empresa. Cuando regresa con una copia del contrato, para mi decepción veo que lleva puesto un suéter largo, el cual la cubre hasta la altura de sus rodillas. Tomo el documento en mis manos y efectivamente me doy cuenta de que mi abuelo le dio demasiados privilegios a esta mujer. «¿Cómo es eso posible? ¿Será que tiene un amorío con él? No sé por qué, pero al pensar esto me molesta. ¿Cómo puede ser que caiga ante los encantos de esta mujer?» No niego que es guapa, pero tampoco es una modelo. Regreso a mi auto mientras hojeo el documento y decido hablar con mi abogado. Veo que la fecha de este contrato es de hace poco más de dos meses, antes de que el abuelo enfermara y dejará de asistir a la oficina. —Vaya que es de carácter fuerte esta mujer —comenta Mateo. —Es arrogante y engreída. No se supone que está casada, ¿por qué su ama de llaves la llamaría, señorita? —Sí, según lo que la señorita Lina le ha contado, es una mujer casada, pero no me di cuenta de que su ama de llaves la llamase, señorita —responde Mateo un poco confundido. —Tal vez su esposo la dejó por ese carácter de mierda que se carga, yo también hubiese hecho lo mismo, por muy guapa que esté no la soportaría —sentencio, dando por terminada nuestra plática. Por el espejo observo cómo Mateo sonríe y algo murmura, pero no logro entender que me dijo, por lo que lo dejo pasar.
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