Camille
Después de la visita de Leonardo en mi casa hace dos semanas, no he vuelto a saber nada de él, por lo que supongo que todo el asunto de los bocetos debe de estar solucionado y no creo volver a verlo. Me dirijo al hospital para ver a Don Xavier, tiene mucho que no lo visitó.
La última vez fue unos días antes de mi supuesta boda. Abro la puerta de su habitación y lo veo con su asistente; al verme entrar me regala una gran sonrisa que me reconforta el alma.
—¡Mi pequeña, Cam! Hace tiempo que no venías a ver a este viejo, sé que estabas muy ocupada en tu luna de miel, pero te has olvidado de mí —se queja con tristeza.
Me acerco mientras le doy un gran abrazo y un beso en la mejilla, lo considero como a un abuelo más. Trato de contener mis lágrimas, pero no puedo y al final termino llorando sobre su hombro.
—¿Qué te pasa, pequeña? —me cuestiona preocupado—. No asustes a este viejo.
Al final lo miro a la cara y le comento todo lo que me ha sucedido. Lo único que evito contarle es que renuncié y todo lo que le dije e hice a su nieto, creo que eso no me lo podría perdonar porque, sobre todo, él es su nieto y yo solo era una empleada.
—Mi pequeña, no imagino lo que debiste sufrir y cómo te sigues sintiendo. Ese tipo no merece que sigas llorando por él, debes seguir adelante y verás que luego encontrarás a alguien que realmente valga la pena.
—Lo mejor es que no vuelva a confiar en ningún hombre. ¡Para mí el amor está muerto y no existe! Solo nos trae sufrimiento y vergüenza —replico aún con lágrimas en los ojos.
—No pienses de esa forma, me da tristeza escucharte hablar con tanta rabia. Esto no es bueno para ti, tú eres una chica dulce y muy tierna —toma mi mano mientras me dice esto.
Estaba a punto de contradecirlo cuando la puerta de su habitación se abre dando paso a su nieto y, sin poder evitarlo, hago una mueca de desagrado. Acto seguido me levanto de los pies de su cama, me despido de él, no sin antes darle un fuerte abrazo y su respectivo beso de despedida.
—Don Xavier, lo mejor es que me vaya, tal vez no pueda venir a verlo en un tiempo, pero le hablaré para ver cómo sigue. Hasta luego, señor Jiménez —me despido rápidamente de ellos.
—Hasta luego, señorita Camille y que esté muy bien —se despide su asistente.
Paso al lado de Leonardo y lo ignoro como si no lo conociera. No quiero volver a dirigirle la palabra a este hombre, todo en él me molesta: Su sola presencia, su mirada y su arrogancia que se puede sentir a kilómetros de distancia.
Leonardo
Cuando llego a visitar a mi abuelo, lo veo platicando con Camille y tomados de las manos, lo cual hace que mis suposiciones sean ciertas. Tal vez estos dos tienen un amorío, esto hace que me enoje con mi abuelo. ¿Cómo puede meterse con alguien que claramente puede ser su nieta?
En cuanto ella me ve, se levanta de la cama y se despide de mi abuelo, tal parece que no le gustó para nada que los interrumpiera. Pasa a mi lado y no logro evitar mirarla a esos ojos verdes que casi hacen que me pierda en ellos, cuando me doy cuenta de que los tiene un poco rojos e hinchados.
—Mi Leo, ven aquí, ya debes de conocer a mi pequeña, Cam —comenta mi abuelo, pero ella ya ha salido de la habitación tan rápidamente que mi abuelo ni cuenta se dio.
—Sí, abuelo, ya la conozco, no hace falta que nos presentes.
«¿Pequeña, Cam? Deben de ser muy cercanos para llamarla así», pienso entre mí.
—Ya se fue, tal vez no me escuchó —musita con un brillo raro en los ojos.
—¿Qué hacía esa mujer aquí? Seguramente ya te vino con el chisme y a quejarse contigo —siseo aún molesto por la forma en que los encontré.
—¿Qué chisme?
Entonces esta mujer no se vino a quejar con el abuelo, por lo que sucedió, me equivoqué en cuanto a eso y en el acto lo lamento al ver la cara del abuelo.
—Renunció a su puesto en la empresa —miento con rapidez, ya que siento que me taladra con la mirada.
—¿Qué le hiciste? Ella no pudo haber tomado la decisión solo porque sí, algo debió suceder —insiste en un tono bastante molesto.
—Tuvo lo que se merecía, fue muy grosera con una de nuestras empleadas y con la mejor diseñadora que tenemos, no podía permitir que se saliera con la suya —me defiendo, levantando más la voz, aunque sé que no debería de hacerlo por la salud del abuelo no puedo evitarlo, ya que me ofende bastante que defienda más a una extraña que a su propio nieto.
—¿Qué tonterías estás diciendo? Ella es nuestra diseñadora estrella, gracias a ella la línea de vestidos de novia ha alcanzado tal fama —chilla mi abuelo, comenzando a perder la calma.
—¿Cómo esa mujer tan arrogante puede ser nuestra diseñadora estrella? No se compara con los diseños de Lina, los he visto con mis propios ojos —lo contradigo, negando con mi cabeza.
—No seas cabeza dura, si te digo que ella es la mejor, es porque así es. Secretario Jiménez, por favor, tráigame todos los diseños que ha hecho Cam para que este testarudo los vea. Y a todo esto, ¿qué le dijiste para orillarla a tomar esta decisión?