UNA DISCULPA FORZADA

965 Words
Después de que supe la verdad, le pedí a Mateo que tratara de contactarse con esa mujer, pero sin tentarse el corazón, ella le ha rechazado cada reunión que le he solicitado y desde entonces no contesta ninguna de sus llamadas. No es que en verdad quiera humillarme y pedirle una disculpa, ya que aún recuerdo la cachetada que me dio frente a mis empleados y, de solo pensar en eso, me hierve la sangre. Sin embargo, mi abuelo me dio un ultimátum, por lo que no me queda más opción que presentarme en su casa, aun cuando no lo deseo. Estoy seguro de que su ama de llaves me mirará con esos ojos de pistola como la vez pasada y no me dejará pasar, pero debo armarme de paciencia y tratar de convencerla de regresar. Una vez que estoy frente a su puerta, toco el timbre dos veces, espero pacientemente hasta que me abre su ama de llaves y, justo como esperaba, me hace mala cara. —¡Buenas tardes! ¿Podría hablar con la señorita Camille? —pregunto en un tono bastante amable en un intento de sonar amigable. —Lo siento, señor, pero como mi niña le dijo la vez pasada, no puede pasar y además es imposible que hable con ella en este momento. No está en casa y dudo que pueda contactarla en las siguientes semanas. —¿Está de viaje? —la cuestiono, sintiendo cómo se me cae el alma a los pies. El abuelo me ha estado presionando todos los días con que esta mujer debe de regresar y si sale del país, me será imposible convencerla. —Sí —dicho esto, me cierra la puerta en la cara. Subo al auto y le pido a Mateo que me ayude a buscar si esta mujer ya salió del país. Después de un rato, nos informan que dentro de dos horas sale su vuelo hacia Francia. Nos dirigimos al aeropuerto y llegamos con muy buen tiempo. La localizo cerca de la zona de abordaje y corro hacia ella, quien está esperando en fila para acceder a su avión. —¡Camille Dumont, no te puedes ir! —grito bastante alto cuando me percato de que me será imposible alcanzarla. Ha funcionado, las personas voltean y sé por sus caras que la reconocen. ¡Qué imbécil he sido como no pude darme cuenta de que ella era nuestra joya! Ahora debo de arreglar lo que hice, me voltea a ver, pero en cuanto se da cuenta de quién es, soy testigo de cómo un atisbo de tristeza aparece en su rostro, el cual desaparece casi al instante para dar lugar a una mueca de disgusto. ¿Acaso estaba esperando a su exprometido? Y aunque sé que no debería de importarme, en cierto modo me molesta, pero no sé por qué, se da la vuelta y la tomo del brazo. —Le dije que no me volviera a poner una mano encima —sisea, soltándose de mi agarre y siguiendo su camino. Tengo que hacer algo para que no se vaya. —Por favor, perdóname, me equivoqué y ahora lo comprendo. También sé que me merecía la cachetada de ese día, pero por favor no te vayas sin antes escucharme —vocifero tal como si estuviéramos en una relación y así obligarla a escucharme. Es un juego sucio, pero debo detenerla. Todas las personas a nuestro alrededor le piden que, por favor, me perdone y comienzan a grabar con sus celulares. Muchos de ellos la reconocen, mientras que otros me reconocen a mí. Esto será una bomba en los medios. Veo su cara y me percato que está al borde de las lágrimas, creo que lo logré. La veo acercarse poco a poco a mí. —Tal parece que le gusta humillarme frente a todos, señor Leonardo, y no lo perdono, así que me voy y deje de molestarme, ya que como usted puede ver una diseñadora tan mediocre como yo que le roba los bocetos a otros, debe de buscar otro lugar para trabajar. Se da media vuelta y la vuelvo a jalar del brazo hasta quedar cara a cara como si estuviese a punto de besarla, sintiendo cómo su cálido aliento se funde con el mío. —Por favor, mi abuelo me pidió que te pidiera una disculpa, también espera que puedas regresar a la empresa, no sabía lo de tu prometido, así que… —No sé por qué, pero al ver esos ojos verdes me vuelvo a perder en ellos y la acercó más a mí para darle un beso tan apasionado hasta que ambos nos quedamos sin aliento. Después de eso, siento otra cachetada peor que la que me dio en la empresa. —¡Déjeme en paz!, ya que no es una disculpa sincera, puede ahorrársela y le prohíbo que vuelva a mencionar a ese miserable, así como que me vuelva a besar. ¡Usted está loco! —Esa cachetada bien ha valido la pena. No sabía que besabas tan bien y, si mal no recuerdo, también me devolviste ese beso. Espero con ansias el siguiente —asevero, para después soltar su brazo y permitir que se vaya. Camille Estoy a nada de gritarle frente a todos, pero decido marcharme. Más adelante le haré pagar esta humillación. Me apresuro a la puerta para poder abordar mi vuelo. Todos me miran y eso me incomoda. Ya dentro del avión tomo mi asiento, me pongo mis audífonos y cierro mis ojos, no quiero que me pregunten nada sobre lo ocurrido. Bajo del avión y veo a mi familia esperándome, corro hacia ellos y papá me carga un poco como hacía cuando era pequeña. Estar así con ellos me hace sentir que todo estará bien de ahora en adelante.
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