Capítulo 3
NATALIA
Sangre
El agua se amoldaba a mi cuerpo en una deriva densa. No sabía por qué estaba nadando, ni en qué lugar del mapa me encontraba; solo entendía una regla primitiva: si dejaba de moverme, me hundiría.
No sentía cansancio, pero cada brazada y cada patada hacían que mi piel ardiera, como si la temperatura del líquido aumentara hasta rozar la sofocación. Al enfocar la vista en la penumbra, el horror me golpeó las entrañas. El líquido que se colaba por mis dedos no era agua.
Es sangre. Es sangre.
Me congelé y, al instante, empecé a hundirme. El líquido espeso, caliente y pesado me tragó. Boqueé desesperada en busca de oxígeno, pero solo hallé un manto rojo y ciego. La sustancia apestaba a óxido de hierro y a algo más... azufre. Me quemó las fosas nasales, me abrasó la garganta y me encendió los pulmones en un grito sordo.
Luché por flotar, braceando contra la densidad del fango rojo. Mis manos chocaron contra algo sólido. Al romper la superficie y limpiar mis ojos, descubrí que me aferraba al torso de un cadáver. A mi alrededor, el mar carmesí comenzó a vomitar restos: cabezas atrofiadas, extremidades y cuerpos en descomposición que emergían como boyas grotescas. Intenté apartarlos, pero la masa de carne muerta me aplastaba hacia el fondo.
De pronto, una mano sumergida tiró de mi ropa, girándome con una brusquedad que me esguinzó el cuello.
Me topé cara a cara con Nick.
Tenía un agujero del disparo en la frente, supurando hilos negros que se mezclaban con el entorno. Sus labios sin vida se movieron, articulando una sola acusación antes de que el sonido se ahogara:
—¡Asesina!
No. No, no, no.
Miré a la masa flotante. Ya no eran desconocidos. Reconocí las facciones corruptas de los míos: Rocky, Daniel, Xiomara, Kimberly, Amy, Brisa... Todos los que conformaban mi bando estaban allí, flotando como despojos. Sus dedos fríos y rígidos se enredaron en mis tobillos, en mi ropa, en mi cabello, tirando de mí hacia el abismo helado de la muerte. Luché, golpeé, arañé el vacío, pero sus garras me arrastran a la fosa.
—¡Basta, Naty! ¡Basta!
La voz de Daniel me arrancó del fondo del océano de sangre, arrojando me de golpe a la realidad. Desperté de espaldas, con el pecho subiendo y bajando en espasmos violentos mientras unos brazos implacables me inmovilizaban contra el colchón.
Mi mente seguía atrapada en el subsuelo. No distinguía quién me sujetaba; mi instinto animal solo me ordenaba defenderme, golpear al enemigo antes de que me sepultara. Sentía la presión física de los dedos muertos en mi piel. Quería que la asfixia me diera un maldito respiro.
Un grito involuntario me desgarró la garganta, dejándome un frío ártico en la espina dorsal al recordar el chasquido sordo de las mandíbulas muertas de mis aliados. Mi cuerpo se tensó, listo para desatar una carnicería en la habitación con tal de no volver a hundirme.
Tres días después
Tras ser dada de alta, fui arrastrada directamente a otro encierro. No podía creer que se atreviera a amenazarme. ¡A mí! Usar la figura del Padre en mi contra era una jugada vil e indignante. Víctor se mantenía inamovible frente a mí, con esa compostura gélida, determinado a no dejarme una sola vía de escape.
—No lo volveré a repetir —su voz no admitía réplica—. Tienes prohibido salir del país y, por ahora, de este departamento. El Padre te confinará en un psiquiátrico si intentas huir.
¿Cómo se atrevía? ¡Yo no era ninguna prisionera!
—Es mi derecho —escupí, encarándolo.
—No estamos discutiendo tus derechos. Cuando mejores podrás continuar con tu cacería, no ahora. Sigues débil. Y te lo repito: yo me encargaré de Will.
—Claro. Mientras tú te diviertes con mi presa y te llevas toda la satisfacción, a mí me dejas a un lado.
—Estoy. Salvando. Tu. Vida —marcó cada palabra como si le hablara a una suicida.
—Eres una auténtica molestia.
—Me alegro. Yo no soy tu monigote para obedecerte, lo cual nos lleva al siguiente punto: tu equipo.
"Oh, no. Ni lo sueñes"
—Ni te metas con ellos, yo...
—Déjalos descansar —me interrumpió con una frialdad insoportable y molesta—. Necesitan vacaciones. Tu reposo es obligatorio y ellos han estado sometidos a un estrés absurdo. No todos tienen tus capacidades.
—No.
—Sí —me contradijo sin pestañear—. No está a discusión. No les has dado tregua desde que este caos inició. Ellos. No. Son. Tú.
Cómo odiaba que tuviera razón. Me fastidiaba estar rodeada de gente que no pudiera sostener mi ritmo, pero sabía que sus límites eran reales.
Crucé los brazos y lo estudié con detenimiento. Decidí cambiar de táctica.
—¿Por qué traerme a tu departamento? —escondí una sonrisa provocadora—. ¿Acaso vamos a coger?
Disfruté el impacto de mi comentario. Víctor se presionó el puente de la nariz con dos dedos, cerrando los ojos unos segundos, contando mentalmente para no perder el control.
—Es la única forma de garantizar que no aterrorices a nadie.
—¿Y a tu "novia" le parece bien? —solté, usando ese término con todo el desprecio del que fui capaz. Qué etiqueta tan ridícula.
—No es asunto tuyo.
Quise soltarle un "que te den" o un "jódete", pero Víctor siempre guardaba un as bajo la manga para desarmarme. Esa capacidad suya para responder a todo era exactamente lo que me irritaba y me excitaba a partes iguales. Estaba confinada de nuevo, contenida hasta que mi cuerpo sanara; al menos esta vez no sería por un año entero.
Pero que le quede algo claro: no pienso ser una cautiva dócil. Se va a arrepentir amargamente de haber usado a Elías Ivanov contra mí.
Victor
Sinde tratar mujeres difíciles fuera mi vida, Natalia sería como esas brujas de la santa inquisición quemaba, pero para consternación de todos, salía ilesa de las llamas.
Así es ella, ardiente, tentadora, hechizante, una amenaza para todos menos para mí, una semana y me tiene al borde (termino s****l), frustración porque no acata órdenes médicas, no reduce su rutina de ejercicios, me saca de quizio cuando necesito que descanse, he recurrido a toda mi paciencia para no gritar, si reaccionó ella ganará, colarme en su habitación para calmar sus terrores nocturnos, aquellos susurros mientras la tengo entre mis brazos, vale la pena sus insinuaciones sexuales.
Y la ropa deportiva que usa, es común, pero en ella sin enseñar nada más que su vientre y brazos, es estimulante, aparte que parece más determinada a tenerme entre sus sábanas, más ahora que he convivido con ella las 24 horas del día. Se que está aburrida, cualquier dudaría con esos atuendo en casa, no ayuda ami calentura constante, se ha convertido un reto de autocontrol no ceder a mis impulsos, para ella es un incentivo, entre más me resisto más determinada está en hacerme caer, como está mañana.
La encuentro haciendo lo que no debe y es estiramiento de pinza, sobre el balcón de mi casa, la contempló unos segundos, sopesando si entrar al juego oh no, decido entonces tomarla de la cintura cuando está doblada por la mitad y pegarla ami cuerpo.
– Hey hola – siento su satisfacción, la sonrisa oculta y sus movimientos nada sutiles contra mi
Afianzó con fuerza sus caderas para que deje de moverse, ella no parece gustarle mi movimiento, porque intenta apartar mis manos, inhaló su aroma femenino, sedo al impulso de besar su hombro expuesto y dejar un camino de besos hasta su cuello. Dónde su pulso errático la delatan y deja de intentar que la suelte. Jira su rostro hacia ami, incitandome con esa mirada depredadora aque la bese.
– Necesito que me acompañes aún evento – me aparto cuando la tengo justo donde quiero y su muñeca de fastidio me arranca una sonrisa engreída.
– No seré tu dama de compañía sin obtener nada a cambio
– No seras mi dama, serás mi cita
Es bien sabido por la población que ella no tiene citas, lástima por ella, porque si, en efecto no será ninguna dama de compañía. Le doy la espalda antes de que discuta satisfecho de sacarla de su balance.
Natalia
Me decante por un vestido color vino, entallado, corto y sexi, un maquillaje a juego, mi pose habitual de no te acerques, pero parece que tuviera letrero de ven a fastidiarme el momento. Me la he pasado las siguientes dos horas rechazando bailes, incluso algún osado a insisto más de una vez, penoso en realidad.
Siento la presencia del siguente, pero este no habla, no saluda, no me pide bailar, porque seguro no le interesa
– Si buscas diversión, podríamos masacrarlos a todos y dejarían de acostarte.
Sonrió satisfecha de que al menos el si lo aya notado, ya nos emos vistos las caras antes, y emos escuchado rumores del otro para saber cómo acercarnos.
– Se llevarían un gran espectáculo, aún que Victor no opina igual.
– Victor no es imparcial, solo que lo denomina su control, lonche visto tener más reacciones contigo que con cualquier otra mujer, nadie lo saca de quizio como tú. Su ex te celaria hasta cansarte.
– Un talento inato, sinceramente me sorprende su autocontrol, se que desea rendirse y nomlo hace, lo cual admiro mucho
– Seguro se le ve divertido, deberías venir al gula o al gales, en ambos partes encontrarás diversión.
– Ese club tuyo donde puedes perder el control – (eufenismo de matar personas) – suena interesante.
– Quieres subir la tensión, baila conmigo, veremos cuánto tarda en marcar territorio
Me río internamente, cualquier cosa con tal de presionarlo, tomo el brazo de Iván Ivanov y entramos a la pista donde un ritmo de tango suena para los expertos. Yo bailo desde los 10 años, algo que me ha servido cuando estoy de encubierto.
Mientras nos movemos al ritmo, continúa con su conversación
– Aunque si sigues precionandolo, quizá logrwa un efecto contrario.
– Llevamos con este tira y afloja desde que nos conocimos, dudo que quiera dejarme ganar oh perder. Es un poco obsesivo al respecto y yo muy determinada.
– Pues esta apunto de estallar – hay diversión en su tono y en un medio jiro, baja un poco más la mano.