Víctor Estaba molesta consigo misma y lo entendía... le gustaba el control y yo se lo quitaba, era consciente de ello. Fruncí el rostro con frustración. —¿Así que perseguirte? —se burló Erin a mis espaldas. Me giré y lo vi recargado en el marco de la puerta, afilando su daga. —No me jodas —le advertí. —Te entiendo... Natalia es caliente. —No te metas con ella. —¿Qué? —preguntó haciéndose el inocente—. Yo encantado estaría en tu lugar. —Siento que lo he jodido todo con ella. Puso los ojos en blanco de esa forma tan fastidiosa que él cree tan cool y guardó su daga en la funda del cinturón. —¿A dónde fue? —Yo qué sé... A hacer alguna estupidez. —Claro que lo hará... Necesita desahogarse un poco —murmuró Daniel a nuestras espaldas. No sabría hasta qué punto lo haría, hasta que suce

