[SELENE]
Cualquiera que me viera vestida así diría que hoy es el día de mi boda y no el de mi compromiso. Vestido color verde esmeralda con detalles en dorado y maquillaje perfecto disimulando la tristeza que siento en estos momentos. Me veo en el espejo mientras una de las criadas me da los últimos toques para que todo sea tal y como mi padre lo ha ordenado. Por último acerca mi perfume y lo roció sobre mi piel trayéndome un poco de tranquilidad ya que me recuerda a la presencia de mi madre que estoy segura en este momento se sentiría triste por verme en esta situación. Así como ella fue víctima de la presión de mi padre, ahora lo soy yo.
―Se ve hermosa ― me dice Sarah cuando termina de acomodarme el vestido.
― Gracias ― respondo sin ganas. Ella sabe que estoy triste pero no se atreve a decir nada que pueda causarle problemas.
Un golpe en la puerta anuncia que llegó la hora de salir de mi guarida para así hacer la mejor actuación de mi vida. Tanto brillo y tanta elegancia para esconder lo que en verdad siento. Mis ropas pesan menos que la melancolía que cargo sobre mi. Salgo de mi habitación, una presión en mi pecho me indica que estoy a punto de entrar en un ataque de pánico que debo calmar pronto antes de llegar enfrente de mi padre y mi hermano que me esperan antes de entrar al salón.
Tanto teatro para un simple negocio, pienso mientras cada paso que doy pesa más que el anterior. Es levantar mi mirada, ver a mi padre sonriente como si esto fuese un motivo de celebración y sentir que el reloj está en mi contra. Cada minuto que pasa es uno que le descuento a mi limitada libertad. Mi hermano me mira de esa manera tan prepotente de ser que tiene y no sé por qué motivo cree que es mejor que yo ¿que le hace diferente a mi?
― Hija, te ves preciosa.― Me dice mi padre ofreciéndome su brazo para así continuar el camino con él.
Yo tan solo finjo una sonrisa, me sujeto de su brazo y así continuamos el camino que falta.
Entramos y el salón repleto de invitado importantes explota en aplausos, cuántas personas vienen para presenciar esto que para mi es una ejecución, hoy mi padre le dará las llaves de mi jaula de oro a Sayed quien me espera junto con su familia al final de éste. Camino lentamente con mi padre sujetándome fuertemente, controlo mi respiración para evitar caer en pánico, mi hermano viene detrás de nosotros y no puedo creer que esté haciendo esto. La gente me felicita mientras paso a su lado y yo finjo más sonrisas de las que debería. Llegamos en frente de ellos y Sayed me toma de la mano, más aplausos que ahogan mis gritos.
― Compórtate ― me susurra mi padre al oído mientras sonríe.
Tan solo asiento levemente y permito que continúe con esta lenta tortura que significa este compromiso. Sentir la fuerza con la que me toma Sayed me hace pensar que sabe que a partir de hoy quiera o no soy suya y que podrá hacer su voluntad conmigo. El solo pensar que esto es tan solo el inicio me hace querer huir de aquí.
― Una sonrisa ― murmura mientras poso para la foto oficial que luego veré enmarcada y colocada en algún lugar de la casa. Lo que necesitaba, perpetuar este recuerdo como si fuera posible que yo lo olvidase.
Mi padre y su padre se dan la mano, el trato se ha cerrado y yo observo la escena tan solo como una espectadora más. Nicole se encuentra entre los invitados, la única persona que sabe cómo me siento. Toma un sorbo de champagne pero al igual que yo, no celebra.
― En tres meses todo esto será aún más oficial ― escucho a mi padre.
― Perfecto, en tres meses estará todo listo ― contesta Abdul, el padre de Sayed.
Ambos sonríen ― ahora festejemos, hay suficiente comida y bebida para todos ― dice mi padre ― ¡Qué la música de inicio! ― grita feliz y todos aplauden.
Yo suelto la mano de Sayed y me alejo de ahí, necesito hablar con Nicole antes de que un ataque de pánico se apodere de mi persona. Ella camina hacia mí y lo primero que hago al estar cerca de ella es arrebatarle la copa de champagne y beberla por completo sin poner freno.
― Tranquila ― murmura con su pronunciado acento francés.
― ¡¿Cómo puedo estar tranquila?! ― le respondo llevando una de mis manos sobre mi pecho en un intento fallido por controlar los irreverentes latidos de mi corazón. ― ¡En tres meses estaré casada con este hombre al cual no amo y me convertiré no en su esposa si no en su capricho! ¿Puedo acaso tranquilizarme sabiendo que esto es lo que me espera?― Pregunto al borde de ya no un ataque de pánico, si no de un síncope nervioso.
Uno de los meseros pasa con más copas de champagne y tomo otra y de nuevo la bebo por completo.
― Lo sé amiga, ya te lo he dicho muchísimas veces; cuenta conmigo si lo que necesitas es huir de aquí.― Me vuelve a repetir como tantas otras veces lo ha hecho, pero en esta ocasión lo dice tan bajito que tan solo yo puedo escucharle.
La mirada acechante de mi padre está sobre mí. Después de tomar el último sorbo, arreglo mis ropas y vuelvo a abrazar mi dignidad. No permitiré que me vea así.
Estoy contando las horas, los minutos, y hasta los segundos que me quedan para poder desaparecer de toda esta gente e irme a mi pequeño refugio. Hoy más que nunca necesito la paz que me trasmite la luna y el mar.
Ya no sé cuánto tiempo ha transcurrido, mucho menos cuanta gente me ha felicitado, y ni hablar de la cantidad de sonrisas que he fingido. Solo sé que ya es tarde, que muchos de los invitados ya se han retirado y que mi padre, el padre de Sayed, junto con él, se han encerrado en el despacho de mi padre para conversar.
Mi futura suegra y cuñada junto con mi hermano están en un rincón del jardín conversando de quien sabe que temas y yo tan solo miro a mi amiga de manera cómplice. "Adiós" digo moviendo mis labios sin pronunciar palabra alguna y ella claramente ha entendido el mensaje. Si alguien pregunta por mi, simplemente tiene que inventarse alguna excusa. No es la primera vez que la convierto en mi cómplice y dudo que sea la última. Esta vez no hay tiempo para velos, ni zapatos cómodos, sólo importa salir y volver a sentir la libertad que tanto añoro.
[BENICIO]
Otro día más que va terminando en esta ciudad. Hoy me he refugiado en el piso enganchado a series de televisión y luego tocando la guitarra en el balcón. He estado tratando de no pensar en lo que ha sucedido anoche, es solo recordarlo y sentir nuevamente un descontrol en mi cuerpo que me hace sentir avergonzado de mí mismo.
No paro de ver el reloj, el tiempo pasa lento y espero con ansias que el cielo se oscurezca para poder verla de nuevo, esta vez, estoy decidido a disfrutar del espectáculo en primera fila, hoy bajaré a la playa.
Estoy sentado sobre la arena muy cerca de donde ella entra al mar cada noche, pero los minutos avanzan y ella aun no llega ¿será que no vendrá? ¿y si me ha visto viéndole anoche? ¿y si no aparece nunca más? ¿Es normal que esté preocupado?
Las preguntas rondan por mi mente sin darme tregua alguna y la ansiedad se hace mi peor enemiga en momentos donde debería estar pudiendo encontrar la paz que vine a buscar a este lugar.
Estoy sudando a pesar de que ya es de noche y el mar frente a mi parece la mejor solución para combatir las altas temperaturas. No hay nadie a mi alrededor, no traigo bañador y siento una increíble tentación por inmiscuirme en este mar completamente desnudo ya que él ha sido lo suficientemente afortunado por acariciar su piel; de alguna manera siento que esto es como conectarme con ella. Al igual que ella dejo mis ropas en la orilla y con un poco de prisa me meto al agua y la sensación es exquisita, la frescura del agua alivia todo mi ser.
Comienzo a nadar disfrutando de lo que esta actividad provoca en mi cuerpo y de alguna manera me voy alejando cada vez más sin percatarme que la orilla empieza a quedar lejos. El sentir el agua tocando mi cuerpo es más adictivo que mi miedo a ahogarme. Me sumerjo, el flotar bajo el agua me tranquiliza, el silencio de la profundidad del mar me libera y en verdad hace que no me importe la oscuridad que me rodea.
Cuando ya mis pulmones exigen tomar oxígeno, salgo de inmediato a la superficie y aún si poder ver escucho un grito que me alerta y provoca que yo haga lo mismo.
― ¡Joder! ¿qué pasa? ― grito sin poder ver aún.
Alguien comienza a aventar agua a la cara tratando de alejarme mientras que yo intento poder ver con claridad mientras froto mis ojos con mis manos.
― ¡Para te lo pido! ― le digo a duras penas tratando de que el agua no entre a mi boca.
― ¿Quién eres tú?― Me pregunta una voz extremadamente dulce y sensual.
― La pregunta aquí es ¿Quién eres tú? ― le replico.
Son pocos los segundos que tardó en poder abrir mis ojos por completo y al hacerlo me quedo sin palabras. Esa silueta que tan bien he apreciado noche tras noche está frente a mi. Su cabello junto a sus manos cubren sus pechos y yo no encuentro como reaccionar. Su mirada es azul al igual que lo es este mar durante el día, los rasgos de su cara son perfectos y yo siento que sigo cayendo en un sin fin de sentimientos que me van atrapando segundo a segundo cuanto más le miro.
― ¿Me dirás quién eres o qué? ― insiste ella. Después baja la mirada a mi pecho y se sorprende ― ¿Estás desnudo? ― pregunta.
― Bueno yo ... ― trato de explicarle en lo que parecen ser las únicas palabras que sé decir en estos momentos.
― ¡Aléjate de mi! ¡No me veas! ― y vuelve a echarme agua a la cara.
― ¡Basta! ¡basta! ― le digo mientras pongo una de mis manos frente a mi cara para evitar que me entre a los ojos.
― Voltéate, no me mires ― sentencia.
Aunque tengo muchas curiosidad de verla más de cerca decido voltear mi mirada hacia otro lado mientras ella sale del agua y se viste. Un momento después escuchó su dulce voz diciéndome que ya puedo ver. Lo hago de inmediato y no doy crédito a lo bella que es. Ella me mira fijamente y empiezo a sentir un poco de vergüenza.
― ¿Crees que puedas voltearte también? ― le pregunto amable ― me gustaría vestirme y mi ropa está en la orilla ― y señalo con una mano el lugar donde se encuentra.
Ella lo hace de inmediato y yo salgo lo más rápido que puedo. Me coloco mi bóxer, el pantalón, y una vez que estoy listo sonrió ― Ya puedes voltear, si lo deseas ― indicó.
Inmediatamente ella se da la vuelta y no tengo muy claro si es la manera en que su cabello mojado cae por sus hombros, si es su ropa mojada pronunciando cada una de sus curvas haciéndome apreciar su cuerpo sin la necesidad que este desnuda, si es la luz de la luna sobre ella, o simplemente es toda ella la que me cautiva instantáneamente; sólo sé que estoy frente a la mujer misteriosa que me ha vuelto loco anoche y que me atrapó la noche anterior a ésta. Estoy embelesado y no me doy cuenta que ella me ha preguntado más de dos veces quién soy.
― ¿Entonces? ― escucho de nuevo.
― ¿Disculpa? ― pregunto confundido.
― ¿Me dirás o qué? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te llamas?
― Benicio, me llamo Benicio Villanueva del Río ― le respondo rápido. Ella sonríe. ―¿Y tú?―
― Selene ― contesta
― Selene.― repito mientras me muerdo el labio inferior
Ella suspira ¿nerviosa? No lo sé, pero no le soy indiferente ― Bueno Benicio, espero que esto no se vuelva a repetir ― sentencia e intenta irse, pero sin poder evitarlo le sujetó suavemente de la mano y le detengo.
―Espera, no te vayas aún.― Le pido y es prácticamente una súplica.
Solo espero que ella se apiade de mi. No puedo dejarle ir así cuando al fin le he encontrado. No es tan sólo la mujer que me vuelve loco cada noche en mi balcón, pero también es la mujer que he visto a través del escaparate del restaurante y me hizo imaginar muchas cosas; esto no puede ser casualidad.
― En serio, me tengo que ir, te pido me sueltes ― me dice tranquila.
Lo hago y la dejo ir, si no ella no volverá a la playa y yo no podré verla de nuevo y no podría permitírmelo. Observo como se aleja y sigo sin poder creerlo, sonrío como tonto y repito de nuevo ― Selene, su nombre es Selene.