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1594 Words
Al día siguiente: 8 de julio [BENICIO] Hoy todo parece ser diferente gracias al día mágico que tuve ayer, entre aromas e imágenes hechizantes mi descanso fue mejor y confieso que me he despertado de mejor humor y con más energía. Me levanté de la cama y lo primero que hice fue llamar a mi madre, que sé que la está pasando mal con mi ausencia. Trato de no mencionarle mucho sobre mi estado de ánimo, pero sé que sospecha como estoy, dicen que las madres tienen un sexto sentido así que no puedo engañarla.  Por otro lado, Neo  parece adaptarse un poco más rápido y disfruta más que yo de estas "vacaciones" que le he dado, juega con su pelota de tenis, viene y se echa a mi lado, sabe que algo está mal conmigo y trata de ayudarme a su manera. Lo agradezco, sin él creo que estaría peor. El sol ya está cayendo, las temperaturas elevadas del verano parecen disminuir y me convenzo de que mi depresión no me hará convertirme en un hombre que no sólo ha tenido que huir, sino que tendrá que esconderse del ojo público por el excesivo peso que ha ganado en su exilio algo voluntario. La playa parece ser un sitio perfecto para correr, descargar el estrés, y la mala energía que parezco tener sobre mi como una roca pesada que cargo sin quejarme; después de todo, de alguna manera yo he provocado toda esta situación, ¿no? Salgo del piso en ropa deportiva, gorra negra que de alguna manera ya no es tan necesaria para ocultar mi identidad, cascos puestos, y mi móvil dándole rienda suelta a mi playlist favorita. Vuelvo a sentirme yo mismo de alguna manera, o al menos me voy acercando al Benicio que fui alguna vez. Voy concentrado, dejándome llevar por el ritmo de las canciones y mirando solamente hacia delante, puedo sentir como el sudor resbala sobre mi piel y mis músculos se tensan por el esfuerzo, sigo teniendo condición física pero supongo que la pereza me ha pasado factura porque empiezo a cansarme. Necesito parar y lo hago de inmediato, volteo a ver atrás y me doy cuenta que a pesar de todo he recorrido un buen tramo y eso me da un subidón de autoestima increíble que me hace sentir feliz por un rato. Aunque ahora no sé si continuar más lejos o regresar al piso. Observo detenidamente el mar y siento la brisa sobre mi cara, la luna ya se encuentra justo arriba de mí y lo primero que me viene a la mente es regresar a mi piso, darme una ducha y sentarme afuera en el balcón a tocar un poco mi guitarra. No lo pienso más y lo hago sin embargo, antes paso por un momento al supermercado a comprar una bebida energizante, para mi buena y mala suerte el dueño ya me conoce y cada vez que entro me saluda muy simpático, es un poco mayor así que creo que no conoce quien soy y eso me da un poco de tranquilidad. Salgo del supermercado y camino hacia mi piso aún con los cascos puestos y disfrutando de la música, no cabe duda que es una excelente terapia, porque al llegar a mi piso me siento mucho mejor. Entro y Neo  me da la bienvenida, lo acaricio y juego con él unos segundos. Después de dejar las llaves en el llavero, me dirijo al baño y me quito la camisa, abro la llave de la ducha y mientras tanto, me quito el resto de la ropa. Entro y el agua fría me refresca de inmediato, me quedo bajo el chorro del agua un momento y cuando siento que ya estoy listo, salgo y envuelvo la toalla en mi cintura. Es la primera vez en muchísimo tiempo que me siento tan libre y esta libertad me lleva a despreocuparme de muchísimas cosas, como lo es andar por mi casa envuelto con tan solo una toalla y salir al balcón de esta misma manera sin miedo a que un paparazzi pueda tomarme una fotografía y hacer con ella una noticia mundial. La ciudad está tranquila hoy, tal vez es por la hora, se puede escuchar perfectamente el viento jugando con las palmeras y es el mismo que toca mi piel y ahuyenta el calor. Me recargo sobre el barandal del balcón y observo el paisaje, la luna en este lugar ofrece un espectáculo único cada noche, es increíble, grande y brillante de maneras diferentes. Repentinamente el ya perfecto paisaje que tengo frente a mis ojos mejora aún más cuando aquella misma silueta que pude apreciar anoche vuelve a aparecerse frente a mis ojos. No sé si es ella, si es la luna, o soy yo, pero el brillo de la noche se hace más fuerte ante mis ojos encadilándome por completo. Observo cómo lentamente se quita de nuevo el velo en el que viene envuelta y, sólo por hoy, el brillo de la luna me ha premiado con un poco más de luz para ver su cuerpo desnudo sólo un poco más que anoche. Su curvas parecen salidas de la mejor de mis fantasías, aún así es esbelta, sus pechos lo poco que la luz de la luna me deja ver son perfectos y sus piernas son kilométricas al punto que me hacen imaginar lo que sería recorrerlas. Entra cuidadosamente al mar dejando nuevamente su velo en la orilla y por alguna razón puedo sentir como el agua del mar toca su cuerpo refrescándolo, pareciera que tenemos una conexión que nos une a esta misma hora, en este preciso lugar y nos hace sentir lo mismo sin poder evitarlo. La veo nadar un poco más allá de la orilla y me imagino su silueta por debajo del agua, rozando su piel, envolviendo sus pechos y sus piernas, acariciando sus curvas, jugando con su cabello. Por primera vez en mi vida, siento envidia del mar. Soy yo quien quisiese ser quien envolviera su cuerpo de esa manera, pero no; estoy a varios metros de ella fantaseando sin siquiera saber su nombre. Sin darme cuenta estoy a la orilla del balcón como si quisiera tocarla o verla más en detalle, pero la curiosidad me ha atrapado y necesito acercarme lo más que pueda ¿debería bajar? No lo sé. Mi cuerpo que en ese momento se encuentra en llamas me pide a gritos que lo haga, mis músculos se encuentran tensos y me he mordido los labios más de una vez imaginándome todo lo que le haría bajo la luz de la luna. Mi cuerpo me traiciona por completo haciendo que recuerde mis años de adolescencia donde no podía controlarme y las sensaciones que siento me reviven de nuevo, puedo sentir mi erección rozando la toalla provocando un poco de placer cuando el viento la mueve hacia mí. Cierro los ojos porque no voy a negar que esta sensación me agrada, mantengo forzosamente mis manos aferradas al barandal del balcón, pero llega un punto donde mis más bajos instintos ganan la batalla haciendo que me deje llevar por el momento sumamente fantasioso que estoy viviendo. Bajo una de mis manos y acaricio mi masculinidad sobre la toalla provocando que mi piel se erice y mi respiración se agite un poco. Me encanta, me excita, me prende y no aguanto más. Es la primera vez que siento este nivel de locura por alguien que ni siquiera he visto bien o de cerca. Debo deshacerme de lo que me estorba y me quito la toalla y el placer que provocaba la toalla ahora lo provoca mi mano, la cual en estos instantes me estoy imaginando que es la boca de esa desconocida que ha hecho volar todos mis sentidos de una manera inexplicable. Para mi propio mal o quizás placer, noto como ella juega con su cabello, como acaricia sus brazos en el mar e inevitablemente, una mano se aferra al barandal, la otra a mi masculinidad. Mi cuerpo se siente increíblemente caliente y mientras ella sigue con su sensual ritual yo siento que me fundo, un gemido se escapa de mis labios y agradezco que nadie me haya escuchado. Mi corazón late desbocadamente pero el placer es tanto que necesito dejarme llevar sin temores. Ella sale del agua y de nuevo observo cuadro por cuadro esa salida que me lleva al máximo placer que puedo sentir e inevitablemente me corro, gimo fuerte, y me aferro con mi vida a lo que puedo mientras siento una ola de placer derramándose por mi cuerpo, erizando mi piel, y así haciéndome sentir más vivo que nunca. Inmediatamente vuelvo a envolverme en la toalla y al regresar mi mirada hacia ella, le veo parada en la orilla de la playa cubriendo de nuevo su cuerpo con ese manto, sé que es hora de que ella se marche y por una razón me siento nostálgico, no por el hecho de que desaparezca en la noche, sino por no poder compartir todo lo que siento con ella, liberando este sentimiento desconocido que traigo metido entre el pecho y las alas. ¿Cómo puede una desconocida provocar esto en mi? ¿Quién es ella? Necesito respuestas, necesito ver su rostro, necesito saber su nombre; la necesito a ella es así de sencillo. Entro de nuevo a la habitación sin poder creerme lo que acaba de pasar. Me recuesto sobre la cama y cierro los ojos, mi cuerpo se siente sensible aún así que puedo seguir experimentado un poco de placer, el placer que una desconocida me ha dado y que sé mañana volverá a darme, a la misma hora, y en el mismo lugar, y yo estaré expectante esperando su regreso.
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