Anael se quebró sin poder decir nada más, los recuerdos intensos de un pasado aterrador que aún le pasaba factura lo habían detenido y había dejado de ser por unos segundos el temible Rey que era, sino que volvió a ser aquel joven al que le habían arrancado sus alas y no estaba más que desnudo e indefenso ante el placer de otras criaturas que podían y querían más que nada aprovecharse de él. Cubrió sus orejas sintiendo las desgarradoras voces en su cabeza, habían tomado el control de nuevo. Metió la frente entre las piernas y empezó a controlar su respiración, retomando el control de su cuerpo y de su mente, levantando de nuevo aquellos muros que tanto le habían costado y que lo mantenían medianamente cuerdo, o por lo menos, sin habitantes en su mente más que su propia consciencia. Él temb

