CAPITULO TRES Illianna odiaba su vida. Como ángel de alegría y felicidad, sentir tanta repulsión era como ácido carcomiéndola de adentro hacia afuera. Y luego estaban las acciones que se vio obligada a realizar que la estaban matando lentamente. Había dejado de preguntarse hace mucho tiempo cómo el vil demonio había logrado secuestrarla. El quid del asunto era que Lemuel la había tomado como esclava y disfrutaba atormentándola durante los últimos cien años. Prestarla a sus amigos para que también la torturaran, le trajo una gratificación enfermiza. El enojo familiar acerca de la imposibilidad que tenían los demonios para forzar a los ángeles al infierno, brotó a la superficie, agregando un motivo adicional a su siguiente ataque. No importaba sí no se suponía que pasaría porque de alguna

