9

2906 Words
9 Creo que no puedo dejar pasar esta oportunidad, aunque sin haberle respondido a mi loquero, ya siento un acelere fuera de lo normal. En cuestión de centésimas de segundo me pregunto cómo sería una cita con este hombre. Sería la primera vez que saldría con alguien tan mayor. Lo máximo que he hecho es ir a un cine con un tipo que me llevaba tres años; eso fue cuando tenía dieciséis años y el tipo tenía diecinueve, casi veinte. No pasó nada porque se me hizo que el hombre era medio tacaño. Cuando fuimos a comprar cosas para comer durante la película, dijo que compartiéramos la gaseosa o bebida o soda, y fue lo mismo con el paquete pequeño de rosquitas. Pero no es que el man fuera un vaciado, porque cuando abrió la billetera yo le vi varios billetes de cincuenta mil pesos, los de más alta denominación en este país. Lo que pasa es que cuando quieren ahorrar para pagar el matrimonio de los nietos, ahí sí no hay nada que hacer. Pero no nos salgamos del camino. El caso es que estoy aquí, sentada sobre el diván de mi loquero, me he puesto una baleta pero la otra todavía no, y básicamente no sé qué decirle. –¿Sabe qué? Me parece… bien, ¿pero dónde nos vemos? Me muestra, una vez más, su sonrisa matadora y responde: –Puedo recogerte o nos podemos ver aquí mismo y bajar al café de la esquina. Pienso que lo último que quiero es que mis papás se den cuenta de que mi loquero me está recogiendo, eso sería como el comienzo del fin del mundo como lo conocemos. –¿Será que me puede recoger… en la esquina de mi casa? Me mira con una sonrisita que no me dice mucho y después me dice: –Claro, ¿te parece bien a las siete? –Sí, apunte mi dirección y nos vemos en la esquina norte de esa cuadra, ahí hay una casa estilo colonial, de paredes amarillitas, pero no me vaya a dejar ahí parada esperando media hora. –No, fresca, a las siete en punto voy a estar ahí –el man coge un esfero, apunta la dirección y después, antes de abrir la puerta que da a la recepción, me despido con un simple –: nos vemos más tarde. Me sonríe full, salgo del consultorio y ahí mismito Laura se voltea y me indica que me acerque a su escritorio. Ahora sí estoy empezando a preocuparme: ¿qué tal que esta nena me diga que acepta mi invitación? –¿Sabes qué? –me dice apenas estoy a veinte centímetros de su puesto– Ya le dije a mi novio que no podía ir a eso… –¿En serio? –no sonrío, solo siento que estoy en problemas. –Se puso medio bravo, pero me importa cinco. Si no va a entender que a veces tengo cosas más importantes que hacer… Mientras Laura me dice eso no hace más que sonreír y mostrarse fresca como una lechuga. Mientras tanto yo pienso que por bocona me acabo de meter en un lio. No le puedo quedar mal y tampoco quiero desaprovechar la oportunidad con el papá. Le hecho cabeza al asunto y llego a la conclusión de que podría verme con mi loquero a las siete y con ella a las ocho y media o algo así. El problema es que seguro alguno de los dos le va a contar al otro que se va a ver conmigo. Si Laura le cuenta al papá, eso no tendría mucho misterio, pero al revés sí que lo tendría. No quiero tener cero oportunidades con Laura, eso no podría perdonármelo. Decido cancelar la cita con mi loquero, pero apenas me paro para volver a entrar al consultorio, una señora como de treinta años entra a la recepción, saluda a Laura y ella le dice que puede seguir, que el doctor la está esperando. Se pierde la oportunidad de cancelar la salidita y como casi que obligué a Laura a cancelarle al novio, creo que no tengo escapatoria. –¿Pero tu novio es muy bravo? –No, pero si es muy celoso, hasta le saca la piedra que me vea con mis amigas. –Entonces es posesivo el muchacho… –Bastante, y eso a veces me cansa. Me acuerdo de lo feo que es el tipo y vuelvo a preguntarme qué carajos hace esta viejota tan divina con un tipo así, y para más piedra posesivo. –Yo por eso no tengo a nadie, no quiero que me estén controlando, aunque creo que sería feliz saliendo con alguien que no molestara para nada. –¿En serio, Wen? No puedo creer que no tengas novio, una pelada como tú… –¿Cómo yo? A la nena se le alcanzan a poner medio rojas las mejillas antes de responderme. –Pues sí, así toda linda, fresca… –Gracias por los halagos, pero es que supongo que no he encontrado a la persona indicada… y que no joda –suelto una risa que hace que Laura también se ría. –Bueno, eso es clave, no te puedes cuadrar con cualquiera. Miren quién lo dice… Esta miss universo con semejante batracio. –Es verdad, pero bueno, –me paro y le digo –: me voy ya, antes de que oscurezca, ¿pero entonces cómo quieres hacer esta noche? –¿Te parece bien que nos encontremos por ahí a las siete y media por la zona rosa? –Dame más tiempo, es que en mi casa comemos como a las siete y cuarto y si no estoy ahí mi papá se pone histérico. ¿Está bien a las ocho y media? Mientras como y llego allá… –Perfecto, a las ocho y media en la entrada de Charlie´s, no nos tenemos que quedar ahí, es solo para encontrarnos. Me arriesgo a inclinarme hacia adelante y darle un pico de despedida en la mejilla mientras sueño con que se lo pudiera dar en los labios. Salgo del consultorio haciéndome ilusiones pero al mismo tiempo preocupada. Son las seis de la tarde y ya empieza a oscurecer. Camino rápido las seis cuadras que me separan de mi casa. Le sumo a mi preocupación lo que le tengo que decir a mi mamá para salir. Total es viernes y no debería haber problema, pero me va a tocar inventarle que solo me voy a ver con Laura y no con el papá. Al llegar dejo mis baletas a la entrada, subo a mi cuarto, me quito la chaqueta y la dejo sobre mi cama y me voy al cuarto de mi mamá a pedirle permiso para salir. –¿Y te vas a demorar mucho? –me pregunta después de que le invento que a las siete me tengo que encontrar con Laura. –No creo, por ahí hasta las once, solo vamos a tomar algo. –Me gusta que hagas nuevas amistades, esa niña se nota que es muy querida. Hablamos unos minutos más y salgo de ahí. Regreso a mi cuarto pensando en qué ponerme. La cosa está difícil: no quiero que mi loquero piense que me vestí para él, pero tampoco quiero salir toda normal. Me decido por una minifalda negra, unas boticas de tacón, una blusa beige y una chaquetita negra. Me arreglo el maquillaje mientras siento la aceleración en mi pecho. Creo que estoy lista, me despido de mi mamá y salgo a la calle. Son justo las siete y ruego porque mi loquero no le haya dicho a la hija que se va a ver conmigo. No tengo ni idea de cómo será la relación entre ellos, pero nunca sobra sospechar que sea bien estrecha y que a estas alturas Laura esté pensando lo peor de mí. Llego a la esquina, donde está la casa amarilla de estilo colonial, pero el tipo no ha llegado. Me da rabia que me hagan esperar, porque a pesar de haber nacido en el país de los incumplidos, yo siempre trato de llegar a tiempo. Saco mi celular y me pongo a chismosear Tik Tok pero no llevo más de dos minutos en eso cuando veo un Ford rojo estacionar frente a mí. Tiene los vidrios oscuros y no alcanzo a ver quién diablos está adentro. Podría ser cualquiera y eso no me agrada. Para mi suerte, veo bajar la ventana y de entre la oscuridad aparece la carota de mi loquero con su sonrisa matadora incorporada. –Wendy, sube –se limita a decir y yo, cual paciente de hospital psiquiátrico hipnotizado, abro la puerta y me monto. Lo primero que noto es el olor a aromatizador de carro. Me gusta el asunto y hay que añadirle que alcanzo a percibir el olor de la loción del tipo, cosa nueva porque en el consultorio nunca lo había notado. Lleva la misma pinta, pero el pelo lo tiene un poco más organizado. El radio está encendido y suena una canción en inglés de los años ochenta. –Hola, doc, casi no llega –no soy capaz de mirarlo a la cara. La verdad es que mi corazón está a mil y ya tengo ganas de bajarme del carro, no sé qué carajos estoy haciendo aquí; necesito un novio o novia pronto, muy pronto, a ver si dejo de hacer pendejadas. –Qué pena contigo, la última paciente me demoró unos minutos, ya sabes, no la podía dejar a media frase y salir corriendo. –Fresco, solo estaba molestando, ¿para dónde vamos? –Por la hora que es, no creo que hayas comido y yo tampoco, ¿te parece si vamos a comer algo? –Sí, claro, ¿pero a dónde? –¿Qué te gustaría? No puedo sugerir un sitio elegante y costoso porque quedaría como una gasolinera, además en esa clase de sitios se demoran resto en servir y tengo la cita con Laura dentro de hora y media. –De noche no como mucho, creo que está bien una hamburguesa pequeña. –Perfecto, ¿algún sitio en especial? –No, el que sea. El tipo arranca y yo sigo sin mirarlo, mis ojos fijos en lo que se ve por la ventana lateral. –¿Cómo te acabó de ir? –Bien, creo que aparte de cambiarme de ropa no ha pasado mucho desde que nos vimos en su consultorio. –Te queda bien esa ropa. ¿Será que ya empezó con los piropos? –Gracias, es que voy a salir más tarde. –¡Genial! ¿A dónde vas a ir? Su pregunta me deja respirar más tranquila: es obvio que Laura no le contó nada. –A la zona rosa. –Te noto menos expresiva que de costumbre –se voltea a mirarme por un segundo y vuelve a poner su atención en la manejada. –Es que… esto es diferente. –¿Te pone nerviosa esa diferencia? –Doc, si me deja de hablar como si estuviéramos en su consultorio, de pronto yo me fresqueo y podamos hablar mejor. Vuelve a mirarme con su sonrisa matadora y dice: –Creo que tienes razón, que pena, tal vez no es fácil cambiar tan rápido la forma que tienes de tratar con alguien cuando estás acostumbrado a tratarlo de cierta manera. –Lógico –por primera vez me atrevo a mirarlo a la cara–. ¿Para dónde vamos? –Si quieres podemos ir a un sitio de hamburguesas cerca de la zona rosa, así te quedará más fácil verte después con tus amigos. –Excelente idea, ¿pero cómo sabe que me voy a ver con mis amigos? –Bueno, supongo… A menos que te vayas a ver con tus enemigos. Medio estúpido el comentario pero lo que hago es mostrarle una sonrisita. –Sí, me voy a ver con mi peor enemiga de kínder y le voy a dar duro. – ¿Algún conflicto que no has podido resolver desde esa época? –el idiota exhibe sin pudor alguno una sonrisita medio burlona. –Pues claro, y para eso lo traje, para que me ayude a resolverlo. –Lo haré apenas vea que has besado el asfalto por tercera vez. –Uy, el colmo… ¿En serio dejaría que me casquen? –Por lo que he visto de ti, no creo que te dejarías cascar. –¿Entonces me ve como severa Mujer Maravilla? –Ella saldría corriendo si te ve haciendo mala cara. –Muy gracioso, doc. ¿Sabe que una vez sí le di duro a una compañera? Pero solo una vez, no es que yo sea la más peleona. –¿Y ella aún vive para contarlo? –su carota de burla permanece intacta. –Ahora es mi mejor amiga, Juliana. Es que eso fue como cuando teníamos… espere me acuerdo, catorce años. –Uy, hace rato… –¿Ahora me trata de cucha? –Ya sabes que estoy fregando, ¿y entonces qué pasó con la pelea? –Pues que ella me caía mal porque todos los tipos le paraban bolas a ella y a mí no. –Y eso la condenó a tu desprecio y a tus golpes… –Más o menos; ella era vecina mía en esa época, pero ya no. Y yo le tuve paciencia, se lo juro, pero un día me gusaneó a un monito que me fascinaba y la enfrenté, le dije hasta de que se iba a morir, entonces la nena me soltó tremenda cachetada, ahí en plena calle, frente a todo el mundo. –Fantástico, pelea callejera entre dos niñas bien. –No moleste o no le sigo contando. –Listo, que pena, sigue con tu relato. –Total, yo le solté otra cachetada, pero mucho más dura, y ahí empezó un rosario de puños y patadas y todo el mundo gritando emocionado. Lo siguiente fue que me agarraron entre dos manes, dos vecinos un poquito mayores, porque es que si no lo hacen yo acabo con la pobre Juli. –Suena drástico… –No lo dude. Ella salió con el labio y la nariz sangrando y yo con un ojo n***o. –Qué feo eso –mi loquero mueve la cabezota de un lado a otro. –Sí, es verdad… Mis papás me castigaron por un mes sin poder salir de la casa, solo podía salir para ir al colegio. Pero lo chistoso es que no sé por qué motivo o razón, como a los dos meses nos volvimos las mejores amigas, tanto así que cuando me cambié de colegio fui a parar al de ella que es donde estoy ahora. –¿Y todavía son vecinas? –No, la familia de ella se fue de esa cuadra hace como un año. –¿Y cómo lograron hacerse mejores amigas? –me pregunta al tiempo que llegamos a la zona rosa. –No sé, supongo que fue cuando un combito de tipos de otra cuadra pasó por ahí y nos empezaron a caer, preciso a ella y a mí y empezamos a vernos con ellos, claro que cada una con un tipo diferente. Igual después no pasó nada con los tipos, como siempre, pero desde ahí fue que nos hicimos amigas. Termino mi historia al mismo tiempo que parqueamos en la calle, nos bajamos y empezamos a caminar hacia el sitio de hamburguesas. Me empiezo a sentir rara al caminar, en frente del planeta entero, al lado de un tipo que podría ser mi papá. Claro que mi papá tiene como diez años más que este man, pero en todo caso esto es extraño. Creo que debimos haber ido a otra parte de la ciudad; mínimo ahora me encuentro hasta con el gato. Entramos al sitio, hay cola como de tres personas para ordenar en la caja y el loquero me dice: –¿Si quieres siéntate y yo llevo las hamburguesas, cuál te gustaría? –No sé, supongo que una pequeñita… –¿En combo? –Sí, pero que la gaseosa no sea Coca. –¿Cualquiera menos esa? –Pregunta si tienen té helado. El man se va a hacer fila, yo me siento en la mesa más apartada y escondida que encuentro y miro para todas partes a ver si hay algún conocido. ¿Se imaginan? ¿Qué tal que me vea alguien del colegio y, fuera de la fama de zorra que me gasto, también coja fama de alguna especie de "Lolita"? Menos mal que no se ve a nadie conocido. Bajo la cabeza y me pongo a mirar si tengo mensajes. Preciso la hija de este man me escribió hace como diez minutos y yo no me había dado cuenta. Me dice que fijo a las ocho y media frente a la entrada de Charlie´s. Le contesto ahí mismo confirmando mi asistencia. También encuentro un mensaje de Felipe, milagro. Me dice que quiere hablar conmigo personalmente, que le avise cuándo puedo. Lo dejo en visto y me pongo a chismosear en i********: hasta que mi loquero se sienta en frente con la bandeja de la "comida dietética". Bueno, supongo que acaba de llegar la hora de la verdad; esperemos que no haga el oso comiendo una hamburguesa que seguro va a empezar a chorrear salsas por todo lado. Eso sería un comienzo terrible y nunca me lo perdonaría.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD