Simón apretó los dientes, miró a Guillermo como si no terminara de comprender con quién estaba hablando y es que, en el fondo, Simón no tenía idea de quién era realmente Guillermo Urrutia y de lo que era capaz de hacer por conservar a Alicia a su lado y segura. Si lo supiera, quizá estaría corriendo por su vida ahora mismo. Pero el tipo no era muy inteligente y eso era más que obvio. Ya le había dicho que era el máximo patrocinador del evento. ¿Es que no podía sumar dos más dos? —¿Me estás amenazando? —preguntó, dando un paso al frente, sintiéndose de pronto valiente. Simón invadió el espacio personal del magnate y Guillermo no pudo evitar pensar que el tipo carecía de instinto de supervivencia. —No. Simón sonrió y se envalentonó un poco más. —No es una amenaza, Simón. Te estoy

