Alicia y Diana volvieron a la hacienda con sentimientos encontrados. Ella sabía que la imagen de Simón se había quebrado delante de los ojos de su hija. Él se había convertido en la primera desilusión de Diana. Dolía, pero ahora podía respirar más tranquila. Diana no iba a caer tan fácilmente en sus mentiras como un día lo hizo ella. La presencia de Paloma y Marcelo en la entrada de la hacienda esperando por ellas hizo que ambas se olvidaran de Simón. Diana, fingiendo una felicidad que no sentía, les contó a sus abuelos sobre su triunfo y su nuevo récord. Ellos escucharon atentos cada una de sus palabras y la felicitaron. Celebraron con un almuerzo y horas más tarde, despidieron a Alicia. No fue fácil para ella volver a la ciudad con el dolor de haber enfrentado a su hija a la verdad.

