DELIRIO Alicia subió a su habitación acompañada de Diana y Amalia. Oficialmente, sus dos hijas. Ellas fueron las encargadas de quitarle el vestido de novia y ayudarle a ponerse uno más cómodo para la fiesta. —Te veías como toda una reina, mamá —dijo Diana, subiéndole el cierre del vestido. —Gracias, corazón. Ustedes también se ven divinas. —Juro que quiero una boda como la tuya. La abuela Laura sí que sabe lo que es bueno. Ha tirado no solo la casa por la ventana, sino todas las haciendas de la familia juntas —dijo, sonriendo, viendo el ramo de novia que descansaba sobre el tocador. No era el ramo original de la boda, sino el que lanzaría Alicia durante la celebración. —Exageras. —¡Claro que no! —insistió—. Cumplió con lo que prometió. No ha organizado la fiesta del año, sino la fies

