Los cuatro abuelos estaban muy contentos cantándole a su querido nieto. Él, sopló las velas y su madre le dijo que pidiera un deseo. De inmediato cerró sus ojos y en voz alta deseó conocer a su padre en persona.
Melissa pasó saliva por su garganta, se sintió amarga como la hiel. Al niño no se le había negado la oportunidad de conocer a su padre, su habitación estaba rodeada de fotografías de él, cada una que salía en el internet ella la imprimía y se la mostraba, no quería que se olvidara del rostro del hombre que ni siquiera sabe de su existencia.
Alejandro y su acompañante se retiraron, no había una pizca de cariño para su esposa, mucho menos un saludo de respeto para sus padres. Ellos no quisieron interrumpir, estaban felices celebrando la vida de su único nieto mientras que él, se divertía y perdía los mejores momentos que un padre puede gozar con sus hijos.
Finalmente la celebración acabó y cada familia volvió a casa. Melissa no esperaba que su esposo estuviera en la sala, tomando una bebida energizante y revisando algo en su ordenador.
Afortunadamente el niño estaba dormido, de lo contrario, quizá habría reconocido de inmediato a su padre. Ella saludó al hombre, él respondió con un simple y helado “Hola”. Ella no esperaba más, sabía que él la odiaba y la acusaba de haberle pedido a su padre que los casara, solo por obtener el bienestar en ambas familias.
Al día siguiente, Melissa pensó que el hombre se había quedado a dormir en cualquiera del resto de habitaciones. Sin embargo, no hubo rastro de él, la niñera dijo que cuando se levantó hace rato no había nadie en casa, que ni siquiera había visto llegar al señor Alejandro.
Con eso, Melissa pensó que había alucinado la noche anterior. Sonrió con amargura sabiendo que había sido falso, que él no había tenido la valentía de presentarse y asegurarse de que ella estuviera bien después de seis años de ausencia.
Fue a la empresa, ella era la secretaria de su suegro. Ahora se sentía preocupada, el señor había dicho que cuando su hijo volviera tomaría la presidencia, él ya está aquí, significa que muy pronto pasará a ser la secretaria de su esposo. Pero, ¿él lo aceptará?
Horas más tarde Alejandro se presentó en la empresa. Había reunión de directiva para el traspaso de mando presidencial, por lo tanto, Melissa también estaba presente. Al verlo llegar, su corazón latió desbocado como el primer día que lo conoció. Sucedió cuando eran niños, luego, por azares del destino se separaron, pero sus sentimientos, al menos los de ella, seguían intactos.
El traspaso se realizó con éxito, nadie se opuso y ahora el sucesor había tomado el poder absoluto, o eso creía él. Desde entonces, en todo momento se dirigió a su esposa como una simple secretaria, había sido generoso al dejarle en su mismo puesto, ella lo dudaba y ahora estaba sorprendida.
—Hablaré con mi hijo para que cambie de actitud contigo, desde que se casaron, él ha sido muy indiferente y no quiero que las cosas entre ustedes sigan así—. Expresó el señor.
—No se preocupe, suegro. En cualquier momento hablaré con él y seguramente arreglaremos nuestra relación—. Le respondió, muy segura de sus palabras, pero en su interior era otra historia. Sabía que entre ellos jamás habría una relación de pareja normal, él se lo había dejado claro el día que se casaron.
Alejandro le pidió que fuera a su oficina, necesitaba discutir algunos proyectos y debía conocer su opinión al respecto. Ella había estado mucho más tiempo que él en la empresa en los últimos años y era la indicada para que lo guiara y le sugiriera los clientes potenciales.
Hablaron por mucho rato. Él ni siquiera preguntó la identidad del niño festejado en aquel restaurante y ella tampoco lo mencionó.
—¿Vendrás a casa esta noche?—. Quiso saber.
—No. Tengo cosas que hacer. Es cierto que he vuelto, pero no te hagas falsas ilusiones.
—Lo tengo presente—. Respondió, con una daga clavada en el corazón. En el pasado, cuando él se marchó, ella había prometido olvidarlo, pero nada salió como ella deseaba, ahora, su necio corazón sangraba por culpa de un amor no correspondido.
Los días pasaron, la pareja no hablaba más que de trabajo. Nadie en la empresa sabía que ellos eran esposos, nadie se lo imaginaba. Siempre ha sido la envidia de las chicas, por mantenerse cerca del presidente y ahora del heredero.
Cierto día, Melissa llegó un poco tarde. Su marido la acusó de haberle causado pérdidas millonarias a la empresa, ya que, el contrato que se necesitaba firmar ella lo andaba en su carpeta, pero no llegó a la hora indicada y el cliente se molestó y canceló la colaboración.
Ella se disculpó. Quiso decirle que su hijo estaba con fiebre y eso la había retrasado, pero no fue necesario, el hombre le ordenó que se retirara inmediatamente de su oficina y durante el día no interfiriera en su trabajo.
Horas más tarde, la niñera le informó que había llevado el niño al hospital, había convulsionado y se necesitaba la presencia de la madre. Melissa recordó que su marido no quería que lo molestara, así que, no le hizo saber que saldría en mitad horario laboral y de inmediato se marchó.
Esa misma tarde cuando regresó, se encontró con una gran sorpresa. No podía creer lo que su marido era capaz de hacer con tal de mantenerla lejos de él.