5

1276 Words
En la oficina se encontraba Alejandro junto al hombre que anteriormente había aceptado firmar el contrato de millones con ellos. Alejandro estaba furioso, antes de que ella preguntara lo que estaba pasando, él la tomó del cuello y la estrelló contra la pared. Al ver la escena, el hombre corrió y se la quitó, la violencia hacia una mujer no iba con él y no permitiría que delante de sus ojos fuera maltratada una. —¿Por qué la defiendes? Como no eres tú el que ha perdido tanto dinero, por eso te da igual. En realidad, el dinero ya había sido adelantado a la empresa de Alejandro y el proyecto ya estaba en manos de aquel hombre también. Ahora, con el problema que recién surgió, Alejandro deberá devolver todo el dinero que recibió. En realidad, a primera hora del día, el cliente había recibido un correo electrónico, adjunto a un archivo de imagen donde se detallaba que la obra original estaba en sus manos y que la que él había comprado era un simple plagio. Melissa negó por completo que eso fuera cierto. Ella estaba segura de que había trabajado día noche en ello, incluso pidió que llamaran a cada uno de sus compañeros que la veían enfocada y hasta se burlaban al ver que ni siquiera tiempo para comer le quedaba, todo por terminar a tiempo el diseño. Para su mala suerte, los compañeros que fueron entrevistados alegaron no haberla visto dibujar y que más creían que el plagio fuera real. No había manera de probar su inocencia. Alejandro la despidió sin piedad y le prohibió a aquel cliente que la contratara, ni siquiera como aseadora. Ahora estaba realmente preocupada, no sospechaba de la amante de su marido porque ella nunca se le acercó, quizá ni siquiera estuvo enterada de que ella era la esposa legitima. Esa misma tarde Alejandro le envió un mensaje de texto informándole que se divorciarían. No quería seguir atada a una mujer que no amaba y que solo le acarreaba problemas personales y de negocios. Melissa era consciente de su enojo, pero también sabía que su hijo necesitaba del dinero de su padre. Era su derecho y ella lo haría valer, pues, estaba vetada nuevamente y si se quedaba en la misma ciudad, en poco tiempo no tendrían comida por falta de empleo. Estaba dispuesta a suplicarle para que antes del divorcio lo nombrara su hijo legítimo. No esperaba que Alejandro llegara en compañía de su amante. —¿Qué hace ella aquí? Preguntó Melissa. No quería que nadie más se enterara de la existencia del niño, y, si la amante estaba allí, le haría abortar la idea de reconocerlo. —Hoy es nuestro divorcio. Me casaré de inmediato con ella, la mujer que siempre he amado. La amante sonrió y fingió sentir vergüenza. —Lo siento, señorita Melissa. No sabía que la esposa de mi amorcito, era usted, espero que no pienses que me he metido en su relación. —No. No lo has hecho, este señor y yo, nunca hemos sido más que enemigos, puedes casarte con él el día que lo desees, no me importa. Melissa fingió indiferencia, las dos personas la estaban humillando y ella no les daría el gusto a la especulación o diversión. Sabía que lo que Alejandro deseaba no se podía cumplir; casarse con otra mujer no podría ese mismo día. Por ahora comenzarían con los trámites, algo que les llevará cerca de un mes para que el divorcio se complete con éxito. Medio mes había pasado. Melissa le suplicó a su marido para que le dejara algunas propiedades a su nombre, le había dedicado seis años a dicha familia y merecía ser recompensada. Pero lo más importante es que ella pensaba en la salud de su pequeño, vendería todo y con el dinero obtenido pagaría la mejor atención médica. —No te daré nada de lo que me pertenece. Todo es mío, ni siquiera eres digna de llevarte la ropa que andas puesta. Dijo Alejandro. —Yo… tengo un hijo al que debo criar. Por lo menos, no me prives del derecho a trabajar—. Suplicó. —¿Hijo? ¿Por qué debería preocuparme por el bienestar de un niño que ni siquiera es mío? —¡Alejandro! Protestó Melissa. Su pecho había sufrido un duro golpe, no físico, sino uno que dolería de por vida. Él creía que le había sido infiel, no imaginaba que un solo encuentro s****l bastó para procrear a un niño inocente. El abogado de la familia, al enterarse de los planes de la pareja decidió reunirse con ellos. Les informó que por órdenes establecidas por su difunto padre, no se podían divorciar antes de cumplir ocho años de matrimonio. La pareja no lo podía creer, el señor los había dejado completamente amarrados, sabiendo que ellos ni siquiera se llevaban bien. Alejandro protestó, dijo que no aceptaba la voluntad de su padre y acusó a la esposa de haberlo manipulado mientras él estuvo fuera del país. El abogado le explicó que ese acuerdo se hizo el día de la boda, nadie había intervenido, ni siquiera su madre lo había hecho. —¡Quiero divorciarme, sea el precio que sea, me separaré! Exclamó. Casi en un grito que dejó perplejos a Melissa y al abogado. —Su padre dejó escrito el castigo que recibiría si no cumplía con el contrato de matrimonio. —El abogado buscó entre su fila de papeles y le entregó un documento a Alejandro, bueno, prácticamente él se lo arrebató. —Ese deseo de su difunto padre fue escrito de su puño y letra hace seis años. —¡Qué significa esto! Volvió a protestar Alejandro. Melissa se acercó y le arrebató el papel, se llevó las manos a la boca y sus lágrimas comenzaron a salir. Su suegro había establecido que ella y su nieto serían los herederos universales si Alejandro se divorciaba de ella. —Ese hijo que se menciona, ni siquiera lo conozco, abogado. Puedo jurar que no lleva mi sangre, en ese caso, apelaré para que ese testamento se anule. No permitiré que una vividora se quede con lo que a mí me pertenece, yo llevo en mis venas la sangre del dueño de este imperio y no se lo entregaré a cualquiera. —Lo siento, joven. La voluntad del difunto no se puede violar ni manipular. Espero que recapacite y en cuanto tenga su respuesta me contacte. El abogado se retiró. En el despacho solo quedaron los esposos, Melissa estaba callada, al ver que el hombre tampoco decía nada quiso retirarse, pero él la detuvo. Le ordenó que renunciara a toda la fortuna que había trabajado la familia Jhonson, le suplicó que se divorciaran por las buenas. Que no la volvería a molestar nunca más si ella aceptaba alejarse en buenos términos y dejaba en sus manos la herencia del difunto. —Mi hijo… mi hijo está enfermo. En esta ciudad no le detectan su enfermedad, debo buscar especialistas para que le hagan un chequeo general, ¿estás dispuesto a cargar con todos los gastos? —¿Me dejarás en libertad? El único que me importa es mi hijo, si él se cura, por supuesto que me alejaré de ti y podrás formar tu vida con quien desees. Alejandro, quiero que sepas que yo no soy la culpable de que este matrimonio se haya llevado acabo. Al igual que tú, soy inocente también. Finalmente habían llegado a un acuerdo. Pero nadie esperaba que las cosas se salieran de control, la muerte reclama una vida, pero la vida se la juega para no entregar a quien debe proteger.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD