4

981 Words
La hora de presentar aquellos diseños llegó. Melissa estaba nerviosa, pero segura de sí misma, aunque eso no valía nada cuando la injusticia prevalecía y a ella la perseguía. Había cinco personas listas para mostrar sus mejores obras, todas eran con experiencia en el rubro, a diferencia de Melissa, esta era la primera vez que presentaría sus dotes de dibujar. Por su parte, Alejandro confiaba en sus diseñadores antiguos, la empresa había tenido éxito con ellos. Esperaba humillar a Melissa frente a todos los presentes, sin embargo; algo resonó en aquella sala de reuniones. —¡Bravo! ¡Bravo! ¡Me encanta ese diseño! Mi futura esposa estará encantada de que le entregue el anillo de sus sueños. ¡Felicidades, señor Alejandro, mi joyería firmará de inmediato el contrato para trabajar de la mano con la señorita Melissa! Todos quedaron con la boca abierta. El cliente había quedado más que satisfecho con el trabajo de Melissa. En su interior, Alejandro también supo que ese era el mejor diseño, pero no quería admitir que la esposa que odiaba tuviera éxito y no le dejaba oportunidad para la humillación. —Señorita, si no estás conforme con el sueldo que tu jefe te paga, las puertas de mi empresa están abiertas para que puedas desarrollar tu potencial y convertirte en la mejor diseñadora de joyas en la historia. —Gracias por su oferta, señor. Le aseguro que lo pensaré despacio. Respondió Melissa. Ella también estaba sorprendida, no podía creer que a pesar de haber sido vetada, hubiera alguien que se atreviera a desafiar al gran Alejandro Jhonson. La reunión finalizó. Todos salieron sin siquiera felicitar a la ganadora del proyecto, excepto Alejandro. —¿Dónde aprendiste a dibujar? Preguntó, en ese momento un vago recuerdo llegó a su mente. No podía distinguir a la otra persona en su imaginación, pero sí recordaba que ella decía que cuando fuera grande se convertiría en la mejor diseñadora de joyas y él le prometió que la ayudaría a lograrlo. —¿Segura de que no es un plagio lo que has presentado este día?— Cuestionó. —Piensa lo que quieras, Alejandro. Ah, desde ya te comunico que renunciaré esta misma semana. —No puedes hacerlo. —Claro que puedo y lo haré, me dijiste que podía irme en cualquier momento, ¿ya se te olvidó cuando mencionaste que no era productiva? Solo estoy tomando tu consejo, señor Jhonson. —Soy tu esposo y no me puedes desobedecer. Si yo digo que no irás a otro lugar a trabajar, no lo harás. Alejandro salió, dejando a una confundida Melissa. Ella sonrió, negó con la cabeza maldiciendo en voz baja al idiota que no sabe ni lo que quiere, primero la despide y luego no le permite renunciar. ¡Qué patético! En realidad, mientras su marido estuvo ausente, ella se especializó en el rubro de la joyería, solo que no se lo hizo saber a nadie, solo a su suegro. Pero el anciano, temiendo que ella se quisiera separar de la familia Jhonson, la obligó a ser su secretaria, así, el sueño de Melissa se frustró, hasta este día donde surgió llena de elegancia y talento. Como era de costumbre cuando se firmaba un contrato millonario, se festejaba en la sala vip de un restaurante. Melissa se negaba a ir, pero Alejandro dijo que no estaba en su poder la decisión, prácticamente la obligó a que se presentara. Desde que sus suegros murieron, Melissa perdió cada uno de los beneficios que la familia le había estado otorgando, incluyendo el chofer. Así que, esta noche llegó en taxi al lugar donde todos festejarían su logro, aunque todos lo hicieran hipócritamente. Los últimos en llegar fueron Alejandro y su amante. Iban tomados de la mano, para el público ella era la mujer perfecta para el magnate millonario. Durante la noche no pararon de coquetear, alguien se atrevió a preguntar por el tiempo que llevaban saliendo. —Seis años—. Respondió Alejandro. Le sonrió con amor a la mujer a su lado. —Muy pronto nos casaremos—. Finalizó ante el asombro de todos. Melissa sintió ganas de vomitar. Era exactamente el año en el que se habían casado, eso significa que ese era el motivo por el cual, él se negaba a casarse con ella cuando los padres lo mencionaron. Ante las constantes provocaciones y besos entre la feliz pareja, Melissa no lo soportó más y decidió marcharse, era obvio que su amor del pasado había olvidado la promesa de protegerla cuando fueran adultos. Cuando llegó a casa tuvo que salir de inmediato para el hospital. Su hijo nuevamente estaba prendido en fiebre, los médicos no encontraban que explicación darle, pues, no había una causa para que tan seguido le diera eso, al grado de convulsionar. Melissa decidió que era momento de confesarle a su marido que, producto de aquella noche apasionada de hace seis años cuando fueron a dormir a casa de sus padres y fueron drogados, había quedado embarazada y ahora su hijo necesitaba que se le realizaran unos exámenes relativamente costosos y ella sola no alcanzaba a pagarlos. Fue puntual a la empresa, ella era la esposa del dueño, pero era la menos indicada para pasarse un minuto de la hora de entrada. Desde que llegó estaba nerviosa, no sabía cómo tomaría la noticia su marido, no sabía si tomaría represalias para expulsarlos definitivamente de la familia Jhonson, o simplemente aceptaría que no fue culpa de ninguno de los dos y se haría cargo del niño. Todos se le quedaban observando desde que entró. Ella pensó que lo hacían porque su cara debía de lucir horrible luego de haber pasado toda la noche despierta al cuidado de su pequeño. Murmuraban detrás de ella, no entendía por qué lo hacían, hasta que llegó a la oficina de presidencia y se encontró con lo que más temía.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD