Leonardo iba acompañado de tres hombres y dos mujeres, pero al verlas se levantó inmediatamente del asiento y fue a su encuentro a saludarlas. — ¡Qué agradable casualidad es verlas!—Exclamó contento y prestando especial atención a Valeria pronunció sin dejar de observarla—es un deleite poder mirarla, no me cansaría nunca de hacerlo, su hermosa cascada en tono rojizo, es tan hermosa que evoca lo majestuoso de los crepúsculos cuando la luz se dispersa iluminando el impresionante firmamento. Valeria esbozó una tenue sonrisa mientras sus mejillas se ruborizaban, a pesar de que aún sus ojos estaban un poco húmedos por el episodio anterior, mientras los demás se quedaban admirados por las palabras de Leonardo —Valeria—dijo pasando su dedo pulgar por uno de sus ojos, retirando con su gesto una

