Alondra estaba llorando en medio de la calle, la preocupación se había albergado en su interior, tenía miedo de no volver a ver a sus hijos, pero un par de minutos después, llegó Manolo, posó con cuidado su mano en sus hombros para no espantarla, entretanto le decía —Tranquila mi niña, no temas, te llevaré donde están tus hijos, no te preocupes. Él solo está celoso porque piensa que hubo algo entre nosotros, y no he podido explicárselo porque me hiciste prometer que no le contara la verdad. —Así debe permanecer Manolo, Felipe nunca debe saber la verdad, si me desprecia sin conocer ese desgraciado episodio de mi vida, imagínate el asco que sentirá si sabe que fui violada, vejada, me culpará a mí, yo no soportaría que me desprecie por eso—concluyó llorando desconsoladamente, mientras su cue

