Julia
No podía creer mi mala suerte, o no, mejor dicho mi buena suerte, si hubiera sabido que me iba a encontrar al mismísimo demonio de esta mañana en esa oficina de seguro no entro, ni loca.
Sentí que quería escapar por la ventana, si, eso era lo más seguro que iba hacer si lo miraba una vez más a los ojos.
Mi mejillas ardían, y no precisamente de calor, Dios, salí de ahí como alma que lleva el diablo. Acomode mi falda y caminé hacia la oficina de recursos humanos, de la cual no demore mucho.
Se que mañana será un buen día, de eso estoy segura, al menos será mejor que hoy. Bajé y seguí mi camino hacia el elevador, bueno esa era la idea.
—¡Señorita Julia!, cambio de planes —exclamó mi querido jefe detrás de mí, no sé por qué, pero siento como si estuviera respirando sobre mi cuello.
—¡Ay por Dios! —exclamé al girarme, efectivamente, mi querido jefe estaba detrás de mí, con una sonrisa de oreja a oreja, como si lo disfrutara.
Julia contrólate, respira profundo, y míralo fijamente a los ojos, si, es lo que voy hacer, no, no, no puedo.
—¿La asusté señorita Julia? —dijo con voz carrasposa, con bastante voz carrasposa para ser exacta.
—Emm, no señor, claro que no -—respondí. Claro que sí, me asusté, y no solo eso, mi alma salió y volvió en una milésima de segundo, ¿Pero cómo se le ocurre a este hombre tan guapo respirar en mi cuello, bueno si, solo a él.
—Sígame. —musitó. Caminé detrás de él de nuevo hasta su oficina, la misma dónde no de ví ver nada de nada hace apenas unas horas.
—¡Quítese la ropa, y acuéstese! —dijo al mismo tiempo que mis ojos se abrirán de par en par.
—¡Qué!, ¡Señor Alexander!, ¿Está usted hablando en serio? —dije al ver el tono irónico de sus palabras.
—Lo que escucho, quítese la ropa y acuéstese. —Sentí como toda la sangre subía a mi cabeza, definitivamente este hombre es un patán.
—Está usted loco si piensa que voy hacer lo que me pide, y si está es su manera de vengarse por entrar a su oficina sin tocar, ¡Pues renunció!, no voy a dejar que un hombre arrogante, prepotente, y sobre todo patán, quiera jugar conmigo —dije, me giré.
Sentí como mi pecho palpitaba a mil, por supuesto que necesito el empleo, Pero no voy a dejar que nadie me pisotee.
—¿A dónde cree que va señorita Julia? —dijo mientras enredaba sus manos en mi brazo, si, sentí como todo mi cuerpo se estremecía por completo, fue como si estuviera apunto de desmayarme, o de morir.
—¡Lejos de usted, puede estar seguro, ah, y puede estar tranquilo, no le diré absolutamente nada a Fernando —dije, jale mi brazo con fuerza, solo que su agarre fue mucho más fuerte.
—Tranquila señorita Julia, no habrá necesidad de hablar con absolutamente nadie, solo quería ponerla a prueba, ya ve que usted va ser mi segundo al mando, va ser mis ojos y por supuesto va estar siempre detrás de mí, es obvio que quiera ponerla a prueba —dijo como si fuera lo más natural del mundo.
Lo miré completamente indignada, él solo se está burlando de mí como si fuera un juguete.