Alexander Julia me miró con rabia, sus ojos ardían con una intensidad que parecía querer quemar cada parte de mí. Internamente, sonreí con una satisfacción, porque en ese momento, lo que más deseo es que ella sufra, que cada lágrima que derrame sea un recordatorio de su vulnerabilidad por lo que me hicieron. Esa sensación de poder, me llena de una satisfacción perversa que no puedo negar. Cada lágrima que desliza por su rostro se convierte en un pequeño trofeo, un símbolo de que estoy logrando lo que quería, al menos ahora que estoy empezando. —No vale la pena seguir peleando contra alguien como usted —dijo con rabia, su voz temblando entre la frustración y la impotencia—. Un insensible, un hombre ruin. Espero que estos doce meses pasen muy rápido. Disfruto su rabia, la disfruto, la sa

