Capítulo 4

1560 Words
—Molly está embarazada y he decidido dejarla quedarse aquí. Supongo que no tienes problema con eso —dijo Tyler. Susan lo miró con frialdad. —Si la dejas quedarse, entonces nos divorciamos. —¡No te daré la oportunidad de dejarme! —rugió Tyler—. No permitiré que te cases con otro hombre. Susan estaba cansada de Tyler y de toda aquella situación. —¿Por qué tenemos que torturarnos de esta manera? —preguntó con la voz cansada—. ¿Te parece divertido? —Sí, lo encuentro entretenido —respondió Tyler con una sonrisa cruel—. Además, eres útil para mí. Con tu linda y seductora apariencia, estoy seguro de que puedo “regalarte” a mis socios comerciales para que los complazcas y así firmen mis futuros contratos. Susan lo golpeó con fuerza en el rostro. Ya no podía soportar más humillaciones. —¡Maldita sea! —rugió Tyler. —¡Eres una zorra! ¿Cómo te atreves a tocarme? ¡Perdiste tu virginidad a los dieciocho años, perra! —la insultó, consumido por una ira visceral. Tyler no podía aceptar que Susan no fuera virgen, ni siquiera después de haberse casado con ella. Sus palabras hirieron profundamente a Susan. Quiso volver a abofetearlo, pero Tyler la sujetó y la empujó hacia la puerta. —¡Duerme en la calle esta noche! Tyler cerró la puerta con un fuerte portazo frente a ella. Susan se acuclilló sola en el suelo del pasillo. Las lágrimas corrieron por sus mejillas. Había sido la hija amada de su padre y, alguna vez, creyó que Tyler era su verdadero amor. Ahora comprendía que había sido engañada y que había elegido al hombre equivocado para casarse. De pronto, un par de zapatos de cuero brillante apareció frente a ella. Susan levantó la cabeza lentamente… Una mano la sujetó del brazo. Antes de poder ver al dueño de aquellos zapatos, alguien la levantó del suelo. Era Stefan. Susan lo miró con sorpresa. Su expresión estaba tensa, y su mirada ardía de enojo. Tras ayudarla a ponerse de pie, Stefan comenzó a golpear la puerta con fuerza. —¿Llamas porque quieres disculparte conmigo? —preguntó Tyler al abrir la puerta con una sonrisa burlona. La sonrisa se congeló en su rostro al ver al hombre frente a él. —P… presidente Novak. —¿Quién es, Tyler? —preguntó Molly, saliendo del dormitorio. Su ropa y su cabello estaban desordenados; era evidente que acababa de estar con él. Stefan comprendió la situación de inmediato. Miró a Susan. Ella apretó los labios, visiblemente incómoda. Luego, Stefan volvió la mirada hacia Tyler, quien sonreía de manera forzada. —Presidente Novak, esto es un asunto personal. Por favor, no… —intentó decir Tyler. Antes de que pudiera terminar, Stefan le propinó una fuerte patada en el pecho, haciéndolo caer al suelo. —Echar a tu esposa de la casa y permitir que tu amante ocupe su lugar… ¿Ese es el tipo de hombre que eres, Tyler? Tyler se sujetó el pecho y tosió varias veces por el impacto. —Señor Novak… esto es un asunto personal… ¿no cree que se ha excedido? —No puedo tolerar a un hombre que maltrata e intimida a su esposa como tú —respondió Stefan con frialdad—. Ya que esa es la “sinceridad” que muestras, cancelaré nuestro contrato. El Grupo Novak pagará la compensación correspondiente, pero tú no recibirás ni un centavo del proyecto. Tyler quedó completamente atónito. No había sido fácil conseguir un socio comercial. Desesperado, intentó suplicar: —Señor Novak, yo… —¡Basta! —lo interrumpió Stefan—. No quiero oír nada más de ti. Luego miró a Susan, que aún parecía aturdida por todo lo ocurrido. Stefan se preocupó por ella. Sacó una llave dorada de su bolsillo y se la entregó. —Nadie vive en esa casa. Puedes quedarte allí siempre que él te eche —dijo con voz firme. Tyler apretó los dientes, consumido por la furia. Stefan… ¿por qué eres tan amable con Susan? Susan reaccionó finalmente. Negó con la cabeza y rechazó la llave. —Señor Novak, gracias por su amabilidad, pero Tyler es mi esposo. Este es un asunto familiar. Lo resolveremos entre nosotros. ¿Un asunto familiar…? Stefan no pudo evitar sentirse herido al ser tratado como un extraño. —Lamento haberme entrometido otra vez, señora Brook —dijo con frialdad antes de darse la vuelta y marcharse. —Tyler, ¿estás bien? ¿Quién era ese hombre? —preguntó Molly mientras lo ayudaba a levantarse. Era la primera vez que veía a Stefan. Su porte dominante la había intimidado por completo. Tyler no respondió. Señaló la puerta con rabia. —Molly, vete ahora mismo. Necesito hablar a solas con esta perra. Susan sintió cómo la tristeza la invadía. Él seguía llamándola perra incluso cuando ella lo había aceptado como su esposo. ¿Por qué tenía que soportar semejantes humillaciones? Tan pronto como Molly se fue, Tyler llevó a Susan al dormitorio. —¡Tyler, déjame! —protestó ella; el agarre en su muñeca le dolía. —¿Por qué no le pediste a Stefan que te protegiera ahora? —gritó Tyler. La arrojó sobre la cama y comenzó a desvestirse, quitándose la corbata y luego la camisa. Tenía que admitir que Susan era una mujer atractiva. Era bonita, con unos ojos hermosos y labios rojos y carnosos. Su belleza podía cautivar fácilmente a cualquier hombre. Era su esposa. Tenía derecho a acostarse con ella. Pero justo cuando intentó besarla, Susan giró el rostro. —No me beses con los mismos labios que has besado a otras mujeres. Es repugnante. —¿Repugnante? —se burló—. ¿Perdiste tu virginidad y aun así tienes el descaro de decir que yo soy repugnante? La sujetó de los brazos y la presionó contra la cama. Sin embargo, no podía superar el asco que sentía al saber que ella ya no era virgen. No dejaba de pensar en el hombre que se la había quitado cuando tenía dieciocho años. —¡Dime quién fue el hombre que te quitó la virginidad! —gritó Tyler, frustrado y dolido al mismo tiempo. Susan lo miró sin resistirse más. —Ya te dije que no lo sé. —Tú… El teléfono sonó antes de que pudiera terminar la frase. Era Hendrix, quien los llamaba para invitarlos a cenar. No había podido comunicarse con Susan porque su teléfono estaba apagado por falta de batería, así que llamó a Tyler. Tyler soltó a Susan. Ambos se arreglaron y se dirigieron a la casa de Hendrix. —Michael, ¿cómo planeas celebrar el cumpleaños número veintidós de Su? —preguntó Hendrix durante la cena. —Solo compraremos un pastel —respondió Tyler. Hendrix frunció el ceño, insatisfecho. —Eso es demasiado simple. Susan perdió a su madre siendo muy joven y es mi única hija. Al menos deberías preparar algo especial para ella. —Está bien, lo celebraremos como Susan quiera —respondió Tyler, distraído. Había recibido varias llamadas de camino a la casa de Hendrix. Stefan había cancelado el contrato. Tyler sabía cuán influyente era El Grupo Novak. Otras empresas también habían rescindido sus acuerdos con él al enterarse de la decisión de Stefan. Era evidente que Stefan estaba castigándolo. —¿Qué sucede, Tyler? Pareces distraído —preguntó Hendrix. Tyler suspiró. —Señor, ¿podría prestarme algo de dinero? Necesito capital para invertir. Susan reaccionó de inmediato. —Papá, tú tampoco tienes mucho dinero. No le prestes nada. —¿De qué hablas? Tu papá también es mi papá —respondió Tyler—. Antes fue dueño de una fábrica; estoy seguro de que tiene algunos ahorros. Yo soy huérfano, ¿a quién más podría pedirle dinero? —Tyler tiene razón —intervino Hendrix con una sonrisa—. Ahora somos una familia. Siempre puedo guardar algo de dinero para ayudarlo. Se levantó para ir a buscar su tarjeta de débito. Susan se sintió profundamente decepcionada. Tyler ahora estaba poniendo los ojos en el dinero de su padre. ¿Y si su padre sufría un ataque cardíaco y necesitaba ese dinero para su tratamiento? Susan se levantó y detuvo a Hendrix. —Papá, quédate con ese dinero. Lo necesitarás algún día. Tyler y yo aún tenemos algunos ahorros para arreglarnos por ahora. —Pero… —intentó insistir Tyler. —Tyler, no podemos aceptar el dinero de mi padre —dijo Susan, mirándolo fijamente. Tyler dudó unos segundos y finalmente asintió. Al final, no aceptó la tarjeta. Cuando salieron de la casa de Hendrix y subieron al coche, el rostro de Susan estaba pálido. —¿No tienes conciencia? —lo reprendió—. ¿Cómo pudiste pedirle dinero a mi padre? —Stefan cortó todos mis patrocinadores —respondió Tyler—. No tenía otra opción. Así que ese era su plan… Quería aprovecharse de mí y de mi padre. El desprecio de Susan hacia Tyler creció aún más, pero se obligó a calmarse al recordar la enfermedad cardíaca de su padre. No podía permitir que él se enterara de la verdad sobre su matrimonio. —Está bien… —dijo finalmente—. Buscaré un inversor para ti. Pero prométeme una cosa: no vuelvas a pedirle dinero a mi padre. Tyler aceptó la condición.
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