Patrick: Veo los ojos aterrados de Sophie y no sé qué hacer. Mi arma está en mi despacho muy lejos de mí. Me remuevo asustado en mi lugar. La situación era tan irreal, era justo como lo que le paso a mis padres. Sacudí mi cabeza, “No de nuevo”, me prometí. No pensaría en eso, la mujer de mi vida no perdería su vida hoy. Levanto mis manos. —Grace, cálmate mujer, que es tu hija. Ella se ríe viéndose histérica. —Esta niña solo es un estorbo y un dolor de cabeza, es justo lo que tú decías. Así que, ¿de qué te preocupas? Sophie cierra sus ojos de los cuales caen lágrimas, su expresión es de absoluto dolor. —¡Dulzura, no la escuches! —Le supliqué, pero ella no abrió sus hermosos ojos y esa mujer seguía apuntándole en la cabeza. Mierd*, había que hacer algo. Miré de reojo a Liam, quien

