Tyron
Alexa sostenía mi brazo con fuerza, los pasillos de aquel castillo eran acogedores, pero oscuros. En mi mente solo se reproducía la imagen de Astarot cayendo al suelo y luego sus ojos mirándome asustados.
Nadie había producido una palabra luego de lo sucedido, solo un hombre vestido de traje había aparecido y nos explico que nuestras habitaciones ya estaban preparadas, lo cual me pareció extraño, Egan no nos había informado que nos quedaríamos; igualmente decidimos no discutir y hacer caso a el señor.
Llegamos al pasillo de las habitaciones de invitados tal como nos había guiado ese hombre; unas 7 puertas de diferentes colores lo recorrían, al fondo del pasillo había una ventana abierta, la cortina volaba y el frío aire entraba.
Nuestra habitación tenía una puerta color gris con una marca de lo que parecía ser una cruz con unos símbolos extraños en cada punta. Protección.
Alexa entro primera, yo la seguí. El lugar era amplio, y claro, era el lugar más iluminado que había visto en todo el palacio.
Me saque la chaqueta que traía puesta y me estiré un poco, mi cuerpo se sentía exhausto.
-¿Qué piensas sobre..?-la voz de Alexa se escuchaba lejana por culpa de la habitación amplia.
Me gire a mirarla, estaba parada cerca de un ventanal, mirando hacia fuera; parecía perdida, no había terminado la pregunta y yo no quería que lo hiciera; sabía hacia donde se dirigía, y no quería contestar nada que tuviera que ver con Astarot, a pesar de que nadie sabía que yo conocía al demonio.
Me había sorprendido verla luego de tanto tiempo, más cuando pensé que había muerto o que todo lo que paso esa noche fue parte de un mal sueño. Estaba intrigado en saber cómo había llegado hasta aquí y necesitaba saber cuáles eran sus intenciones con los humanos, necesitaba saber a que nos estábamos enfrentando.
A pesar de todo se veía hermosa.
Me reprendí a mi mismo por pensar en eso; pero mi mente tenía razón, físicamente seguía igual, pero se notaba que tenía había... ¿madurado? Cuando entro al comedor, parecía tener mucha confianza en si misma y en su belleza.
-¿Por qué crees que ese demonio se desmayó?-Alexa preguntó de repente haciendo que volviera a la realidad.
-No lo se.-mi respuesta fue inmediata, pero era una muy buena pregunta, de un momento a otro Astarot había colapsado delante de todos nosotros, sin ninguna explicación, y así como cayo, se levanto; pero sus ojos fueron los que más me sorprendieron.
Anteriormente al desvanecimiento, su mirada era profunda, cargada de cordura y tranquilidad, como si nada le afectara; sin embargo cuando despertó, sus ojos estaban completamente desequilibrados, parecía como si hubiese visto la muerte misma.
Y a lo mejor así es.
Una voz me susurró en mi cabeza, era aguda, y estaba seguro que no era la mía. Eso me descolocó, y supe que Alexa se había dado cuenta cuando sentí sus manos envolver las mías.
-¿Estas bien?-murmuró, sus ojos preocupados.
-Si, si.-respondí sacudiendo mi cabeza- Solo estoy un poco cansado, fue una semana agotadora.
Alexa me sonrió y soltó mis manos para poder acariciar mis mejillas.
-Mi padre estaría orgulloso de ti.-al decir eso, sus ojos se llenaron de lagrimas, pero ninguna cayó.
-También lo estaría de ti.-susurré, no hacía falta hablar fuerte, estábamos lo suficientemente cerca como para que nuestras narices chocaran.
Sentí como soltaba el aire, y cerró los ojos. Sabía que lo que acababa de decirle había tocado una grieta muy profunda, pero era la verdad; yo sabía que si Halastor estuviera aun con vida estaría feliz de lo que sus hijos lograron en tan poco tiempo, porque si, todo era muy reciente, millones de cosas estaban pasando, una detrás de la otra.
-Gracias.-murmuró Alexa con la voz cortada; estaba conteniendo sus ganas de llorar- Gracias por permanecer a mi lado, sin ti creo que... no podría haberlo logrado.
Abrió los ojos y estos brillaban, miles de emociones nadaban en ellos, haciendo que mi pecho se oprimiera.
Su cuerpo se acerco más al mío, pegándose a mi; sus manos se trasladaron hacia la parte trasera de mi cuello y comenzaron a acariciar, arañar y tironear mi cabello. Antes de darme cuenta nuestros labios ya estaban besándose, y me encontré caminando de espaldas, chocando con el borde de la cama.
-Te necesito.-musitó y me empujo, dejándome sentado sobre el suave colchón.
No pude decir nada, mi cerebro no procesaba lo que estaba pasando.
Alexa se trepó quedando a horcajadas sobre mis piernas. Pero no le bastó eso, ella quería dominarme completamente, así que poso sus manos sobre mi pecho y volvió a empujar, esta vez dejándome acostado.
Su boca volvió a unirse con la mía, mordiendo y chupando. En algún momento mi camisa y la suya desaparecieron, y sus besos comenzaron a bajar, por mi cuello, por mi pecho; cuando llego a mi pantalón me miró, y lo único que pude ver fue deseo. Con sus manos comenzó a acariciarme por encima de la ropa, endureciéndome completamente.
Mi corazón latía con rapidez, y mi mente ya no pensaba en nada más. Mi cuerpo se movió antes de que siquiera pensara, con un poco de rudeza, acorrale a Alexa debajo de mi, ganándome una sexy sonrisa de sus hermosos labios.
-¿Estas segura de esto?-pregunté, mi voz sonaba agitada.
Me bastó solo con que Alexa asintiera para que mis labios comenzaran a recorrerla, casi como ella había hecho conmigo, solo que yo profundice un poco más mis besos, dejando algunas marcas en su blanca piel.
Con cuidado desabroche su sujetador, el cual ya me estaba molestando. Cuando estuvo fuera, la contemple; era bellísima, su cabello rubio estaba esparcido alrededor de ella y sus mejillas estaban sonrojadas.
-Eres hermoso.-murmuró sacándome de mis pensamientos.
En respuesta la bese, y con mis manos acaricié sus pechos, robándole un pequeño gemido, el cual murió en mis labios.
Luego de darle un pequeño mordisco a su labio inferior, me separé solo para darle atención a sus ya endurecidos pezones.
Mi lengua jugueteo un rato con uno de ellos, mientras mi mano apretaba y acariciaba el otro. Las suaves quejas de Alexa solo servían para encenderme un poco más.
Sus manos tironearon de mi cabello, haciéndome volver a su rostro. Mientras dejaba que su boca explorara la mía, con una de mis manos, abrí sus piernas, posicionándome entre ellas.
La parte baja de nuestros cuerpos todavía seguía vestida, sin embargo al apoyarme en ella una ola de calor se esparció por mi cuerpo; haciéndome querer mucho más.
No se cuando lo noté, a lo mejor fue cuando sus manos me desabrocharon el pantalón con audacia, o cuando sus manos finalmente me tocaron sin dudarlo, casi con experiencia. Esto no tenía que ser así.
Lo confirme cuando el calor que corría dentro de mi desapareció, como si nunca hubiera existido; toda esa adrenalina, ese deseo... todo se había desvanecido.
Las manos de Alexa cayeron al costado de su cuerpo, sus ojos estaban cerrados y su respiración era profunda. Como si estuviera durmiendo.
Un golpe en la puerta me sobresaltó.
-Señor Tyron, necesito escoltarlo hacia la biblioteca.-la voz del mayordomo que nos había guiado por el palacio se escuchó del otro lado.
Mire mi cuerpo desnudo y me maldije por lo bajo, ¿Cómo podía haber permitido que algo me poseyera sin siquiera notarlo? Todos mis estudios y practicas cayeron sobre mi, casi gritándome lo inútil que era.
-¿Está ahí señor Tyron?-el hombre volvió a golpear la puerta.
-Em... si, deme unos minutos.-le grité en respuesta, mirando a Alexa, quien parecía completamente ajena al mundo exterior.
Me levante con cuidado de la cama y en el pequeño ropero que se encontraba allí, encontré una bata que tapaba lo suficiente. Envolví a Alexa entre las mantas y me dirigí hacia la puerta.
-Sígame señor.-declaró el hombre, y comenzó a caminar sin siquiera fijarse si lo seguía.
-¿Quien quiere verme?-le pregunte acelerando el paso, tratando de seguirlo.
El mayordomo no contestó.
Suspiré. El silencio nos envolvió en el trayecto, el cual no era corto; la biblioteca quedaba en el ala contraria a la de las habitaciones. Sin embargo, el entorno era algo digno de ver. Jamás había estado dentro de un castillo, ni había visto tantas cosas de oro y cristales puestas casi al alcancé de cualquiera.
-Aquí es.-exclamo el hombre, deteniéndose frente a una gran puerta doble.
Di pequeños pasos, mi mente maquinaba muy rápido, ¿quien podría haberme llamado? Egan era el primero en aparecerse en mi cabeza, ¿pero para qué me quería? Sacudí la cabeza y volví a concentrarme en la puerta que estaba delante de mi.
El mayordomo ya se había ido, casi sin hacer ruido. Me había dejado solo en el pasillo, el cual parecía jamás terminar.
Tomando aire empuje la pesada puerta y entré. El olor de las hojas de libros me recibió, casi acariciándome. El lugar era enorme; era incluso más grande que la biblioteca de la comunidad de hechiceros, incluso más grande que la sociedad de mango.
Me sentía pequeño caminando entre tantas estanterías repletas de libros; incluso la energía de ese lugar era impresionante, la cantidad de magia y hechizos que se encontraba allí hacía que escalofríos me recorrieran.
-Es bonito, ¿verdad?
Gire tan rápido que me maree por un segundo. Mi corazón comenzó a latir tan rápido como hacía dos años no latía. Incluso sentí mi cuerpo temblar y calentarse.
-Me gusta estar aquí, es mi lugar seguro.-ella siguió hablando, sin embargo mi mente estaba en blanco.
No sabía que decir o que hacer. Hasta hacía unas horas ella estaba muerta para mi, pero no... aquí estaba, más viva que nunca.
-Astarot.-murmuré.
Y cuando ella sonrió, supe que no había escapatoria.