Astarot.
Verlo allí parado era casi irreal; fue como volver dos años atrás, solo que esta vez no estábamos en el bosque, y yo ya no era la misma que en ese entonces.
-Tyron... ¿verdad?-pregunté.
Me sentía estúpida actuando como si no me importara, como si en estos años no hubiera pensado en él casi todos los días de mi vida. Sin embargo no quería demostrarle nada, necesitaba actuar como el demonio que se suponía que tenía que ser; despiadada, orgullosa y un poco egocéntrica.
-Así que ahora simulas no recordarme.-su voz me sacó de mis pensamientos.
Lo miré y note que una de sus cejas estaba levantada; de su cuerpo irradiaba un calor que por lo general lo sentía en Ulrik cuando nos veíamos a «escondidas». Era como una especie de adrenalina y deseo recorriendo su cuerpo. Eso me dio un poco más de valor.
Tyron me deseaba.
-¿Y por qué estas tan seguro de que no te he olvidado?
-Por como me miraste en el comedor... por como me miras ahora.-declaró y su posición cambio.
De verse pequeño y superado por todo lo que estaba pasando, se mostró con confianza; su cabeza se alzó, y ahora era yo la que me sentía pequeña. Respire profundo cuando sus ojos comenzaron a inspeccionarme. El ambiente era electrizante y mi cuerpo estaba comenzando a sentir muchas cosas.
-¿Como te miro?-formulé en voz baja.
Tyron volvió a mirarme a los ojos y sonrió despreocupadamente. Antes de que me diera cuenta, él ya estaba caminando hacia mi, sin embargo yo no me moví; me quede quieta, esperando ver hasta donde llegaba.
Nuestros cuerpos quedaron a una distancia casi inexistente. Tyron era bastante más alto que yo, así que mirarlo a los ojos me costaba un poco.
-Con... contesta.-sin querer tartamudeé.
Sentía como mi cara se iba tornando roja. Sus ojos volvieron a inspeccionarme; a ese punto estaba dudando si yo era la Diosa de la lujuria o él era quien tenía el poder.
-¿Por qué te sonrojas? Los demonios no tienen corazón.-susurro y su aliento me golpeo el rostro.
Respire profundo. Sabía que a los humanos les enseñaban eso, era habitual decir que no teníamos corazón, Taher se había encargado de hacérmelo saber; sin embargo si lo teníamos, y era mucho más fuerte que el de ellos.
No respondí.
Mi cuerpo era muy consciente de su cercanía y eso me molestaba, él no necesitaba saberlo, y yo debía estar al mando de la situación. Mi respiración comenzó a ser inestable solo por mirar la profundidad de sus ojos.
-¿Por qué me haces esto?-murmuró y cerro los ojos con fuerza.
Antes que me diera cuenta, sus manos se sostuvieron en mi cintura y la apretaron con fuerza, como si estuviera conteniendo algo dentro de él.
Su frente se apoyo en la mía y contuve el aire. Verlo tan de cerca...
-¿Qué te hago?-pregunté con un hilo de voz.
-Deja de usar tu poder conmigo.-musitó entre dientes- No puedo pensar con claridad cuando lo haces.
Eso me sorprendió. Yo no estaba usando mis poderes... o por lo menos no lo estaba haciendo conscientemente; lo cual me pareció extraño. Si bien cuando deje el inframundo no tenía mucho control de mi fuerza lujuriosa, siempre sabía cuando la utilizaba. Pero en este momento... no podía decir lo mismo.
Pude haberlo terminado ahí cuando note a mis poderes actuando; sin embargo no quería, necesitaba un poco más. Desde el primer momento en el que lo conocí sentí una atracción casi irreal hacia él. Y no, no iba a admitirlo jamás en voz alta. Ahora que lo había vuelto a ver, ya sea por el destino o por simple casualidad, deseaba un poco más, porque sabía que luego de esto ya no podría volver a hacerlo.
Pegué mi cuerpo a su pecho, y a pesar de la ropa, pude sentir sus fuertes músculos tensándose; lo sentía casi como si estuviéramos piel a piel.
-Si no te detienes ahora...-su voz cada vez era más silenciosa.
-Si no me detengo... ¿qué?-lo desafié.
Sus ojos se abrieron y casi me estremezco. La oscuridad y pasión que había en ellos me seco la boca.
¿Este es mi poder?
Tyron no respondió; sin embargo, con una rapidez sorprendente, mi trasero impacto contra una de las mesas que se encontraban en la biblioteca. Sus manos me alzaron, como si no pesara nada y me dejo sentada.
Los movimientos de Tyron eran bruscos, y se notaba que estaba reprimiendo algo.
-Si no te detienes no voy a responder a mis actos.-declaró con una voz profunda que resonó dentro de mi, quebrando y rompiendo los pocos pensamientos coherentes que me frenaban.
Este era mi juego, yo era la dueña, sin embargo el olor que irradiaba de su cuerpo caliente, me había ganado.
Mis manos llegaron a su cuello, pero no lo toqué. Mire a Tyron, el cual estaba expectante de mis movimientos. Cuando noté que él no se alejaba, lo toqué, y una corriente eléctrica subió por todo mi brazo; no se lo demostré.
Escuche como un suspiro salía de sus labios y supe que él también lo había sentido; contuve una sonrisa y continué explorando lentamente con mis dedos. Baje a su pecho, sintiendo como su calor irradiaba.
Sus manos también comenzaron a explorarme, tocando y apretando en los lugares justos, como si pudiera leerme perfectamente. No pude evitar que un pequeño sonido saliera de mi boca, demostrándole lo mucho que me gustaban sus caricias.
Mi frente se apoyo en su hombro, mientras que mi mano acariciaba su brazo musculoso. Su olor entro por mis fosas nasales y derritió mi cerebro; me encantaba.
Sus labios hicieron contacto con mi cuello y su lengua lamió, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Decidí hacer lo mismo en su cuello, necesitaba saber como reaccionaria; sin embargo cuando estaba por hacerlo, un sonido en el pasillo me sobresalto y me detuve.
Tyron no lo hizo, porque él no podía escuchar más allá de las gruesas paredes y la gran puerta; porque él no era un demonio.
Todo el calor que llenaba la biblioteca desapareció, y el frío nocturno golpeo nuestros cuerpos. Tyron me soltó casi al instante, como si yo quemara.
-No vuelvas a hacer eso jamás.-musito entre dientes; parecía enojado.
Fingí que sus palabras no me habían afectado, sin embargo, dentro de mi era todo lo contrario.
-¿Si no qué?-respondí dándole la más falsa de mis sonrisas.
El sonido que había escuchado anteriormente se volvió a hacer presente, pero esta vez fue lo suficientemente fuerte como para que Tyron lo escuchara.
-¿Qué fue eso?-preguntó el chico frente a mi en un susurro.
Su cuerpo estaba completamente alerta.
-No lo se.-respondí encogiéndome de hombros.
-¡Dime!-bramó.
El sonido volvió a escucharse.
-Shhh.-con desesperación me acerqué a él y le tape la boca con la mano.
Cerré mis ojos y trate de concentrarme. ¿Quién podía estar a estas horas vagando por los pasillos de este castillo?
Un olor lejano invadió mis fosas nasales y supe inmediatamente que quien se trataba.
Con cuidado me aleje de Tyron, quien había estado sorprendentemente muy quieto.
-Escóndete.-murmuré con firmeza.
Me sorprendió que él me hiciera caso, y caminara hacia las grandes estanterías, perdiéndose en la oscuridad.
Segundos después, una agitada Sadie entró a la biblioteca.
-Sabia que estarías aquí.-dijo con una sonrisa, la cual correspondí- ¿Pero que haces parada allí?-preguntó confundida.
-Oh... estaba por buscar otro libro.-mentí.
Ella asintió.
-Necesito contarte muchas cosas.-declaró emocionada.
-¿Tu habitación o la mía?-pregunté enarcando una de mis cejas.
-Tuya, es la más alejada.-soltó una pequeña risa.
Asentí sonriendo y caminamos juntas hacia la puerta. A pesar de que quería conversar con Tyron, lo mejor era irme con Sadie.
Antes de salir, di una ultima mirada hacia la oscuridad de los estantes; no pude ver más nada que silencio, y lo último que sentí, fue el olor de la ira.