-Buenos días amada hija- le dijo su madre mientras abría ampliamente las ventanas, dejando al descubierto la hermosa claridad de una mañana, el hermoso cielo azul podía admirarse en todo su esplendor, esa habitación era la más hermosa de la casa es por ello que la habitaba la señorita Johns.
-Buenos días, madre- respondía una hermosa ojiverde, aun entrecerrando sus ojos, la claridad del día podía reflejarse dejando al descubierto a una adormilada señorita aún enrollada en las sábanas blancas de su cama.
-Hoy es un día especial, serás nombrada vicepresidenta de Empresas M & C- le comunicó su madre dándose la vuelta para mirarla.
-Si madre, lo he esperado todo este tiempo- respondió la señorita estirando sus brazos y levantándose de la cama para perderse por una de las puertas de su habitación que daba directamente al baño.
Michelle Johns es la hija única que Mack y Claire Johns, son unos de los más grandes empresarios de Miami, eran grandes cantidades de acciones en diferentes empresas a nivel mundial asombró forma es como han logrado obtener la gran fortuna que hoy les acompañaba y sobre todo de la cual hoy en disfrutaban.
Michelle será nombrada vicepresidenta de Empresas M&C, dado que ahora luego de varios años es que su padre la ve como una persona adulta y sobre todo capaz para sobrellevar la alta responsabilidad que conlleva ser parte de la empresa, pero lo que su padre le ha estado ocultando es que poco a poco se han ido perdiendo gran parte de las ganancias y por ende de la fortuna de los grandes magnates Johns.
-Buenos días padre- le dijo Michelle mientras se sentaba en la gran mesa junto a sus dos padres, los cuales como habitualmente estaban ocupados en sus propios asuntos por lo mínimos que estos fueran.
-Buenos días hija- respondió su padre bajando ligeramente el periódico para darle una sutil sonrisa en el momento en que ambos chocaron miradas.
Los señores Johns nunca llegaron al nivel de ser lo que se podrían considerar padres amorosos para Michelle, ni estando pequeña, ni a medida que fue creciendo, en realidad solo se han encargado de que ella tenga lo que desea pero no más allá de demostrar cariño a menos que deseen algo de ella, para ellos era mucho más sencillo darle lo que ella necesitaba, o por así decir llenarla de lujos, aunque aquellas grandes cantidades de objetos no podían llenar ciertos espacios que ansiaba de sus padres.
-¿Preparada Mich?- le preguntó su madre antes de girar la mirada hacia la señorita -Y te agradezco que tragues antes de hablar- Al escuchar aquello solo logro asentir con un bocado de su ensalada de fruta.
-Más que nunca madre- respondió cuando había tragado su bocado lo más rápido que pudo, a su madre no le gustaba que la hicieran esperar, y aunque a Michelle no le agradaba ese tipo de actitudes por parte de su madre, no podía hacer mucho más para que se molestara.
Su padre dejo el periódico a un lado de la mesa para disponer así a levantarse y dejar un beso en la frente de Michelle.
-Nos vemos en la empresa- Fue lo único que dijo su padre antes de comenzar a levantarse, le comunicó aquello y abandono el comedor dejando a solas a ambas mujeres. El sonido de su automóvil se escuchó dejando en evidencia de que ya no se encontraba en la mansión.
-Cuando termines de comer puedes retirarte, tu padre no te llevara por lo que tú misma debes llegarte a la empresa, allí él te estará esperando en su despacho- Ahora le comunico su madre al levantarse de la mesa y dejarla como siempre a ella sola sentada en ese inmenso lugar.
Se escuchó el suave sonido del auto de su madre abandonar al igual que su padre aquella casa inmensa, bajo su cabeza y se dispuso a comer sola de nuevo en aquel gran comedor, tampoco sabía cómo es que había un comedor tan inmenso si nadie lo ocupaba, ya que nunca pueden quedarse comer juntos o por lo menos como una familia, aunque ella trataba de que aquello no le afectara dado que a lo largo de los años fue la única imagen que había tenido de sus padres, siempre había encontrado ese vacío doloroso.
-Hola Marta- le dijo Michelle a la empleada, la señora era la encargaba de la cocina o por así decir de preparar cada alimento en esta inmensa casa, era una señora algo mayor quizás algunos años más que su madre y aunque trabajaba la mayoría del día metida en la cocina se lograba mantener en un buen estado físico, incluso podía aparentar menos de la edad propia.
La señora era prácticamente lo opuesto a los señores Johns, pero lo único que la diferenciaba en gran manera de ellos es que la mujer siempre le demostraba amor a la única hija Johns, estaba para ella la mayoría del tiempo tratando de aligerar la ausencia de sus patrones.
-Hola pequeña Mich- le respondió Marta acariciando el cabello n***o de la chica que estaba ya para este entonces mirándola con una sonrisa.
-Hoy seré vicepresidenta- Le dijo emocionada y con su barbilla en alto Michelle a la señora, cabe destacar que era a la que le importaba todo lo que chica hacía o en su defecto como surgía, la había casi criado ya que Claire no era una madre por naturaleza, a muchos le costaba creer que ella realmente había estado embarazada.
-Me alegro pequeña, pero sabes es una responsabilidad que debes llevar- Le comenta la mujer mientras aún estaba parada al lado de ella acariciando levemente su cabello.
-Ven Marta siéntate conmigo, esto esta…- Estaba mirando a su alrededor tratando de buscar las palabras para describir la situación -Muy solo- La señora solo sonreía y se sentó un breve momento para hacer compañía a la chica -Lo se Marta, pero entonces mi padre no me lograra ver como la persona adulta y capaz que puedo llegar a ser- le término de decir Michelle mientras jugaba un poco con las frutas en su plato del desayuno.
-Espérame aquí pequeña- Hablo Marta mientras se adentraba al área de la cocina, la pelinegra la seguía con la mirada hasta que desapareció de su campo de vista, aparto con su mano ligeramente su ensalada de frutas, detestaba esa comida, solo lo hacía delante de sus padres ya que a ellos les molestaba su forma habitual de comer, la que por el cual era su favorita, obviamente.
Estaba con su mente enfocada en lo desagradable que podía ser para ella desayunar fruta cuando le llego el olor de unos deliciosos hotcakes, puede considerar que su boca comenzó a salivar.
-¿Para mí? - Le preguntó a Marta con su rostro demostrando asombro cuando poco a poco se acercaba a la chica con una sonrisa.
-Sé que te gustan, pero también sé que te los doy a escondidas de tus padres- Le dijo en susurro la señora como si de un misterio presidencial se tratara, aunque a la final si lo era, no creó que al a señora Johns le agrade mucho lo que prepara la señora Marta a su hija.
-Por eso te amo- No había terminado de Marta sentarse al lado de ella, cuando ya tenía las mejillas llenas de los deliciosos Hotcakes o por así decir, de la deliciosa miel que los bañaba -¡Dios mío! Es un manjar- Comento brevemente mientras volvía a llenar sus mejillas y Marta soltaba una carcajada.
-Niña, usted nunca cambia- Le dijo mirando atentamente a Michelle logrando que esta le dedicara una dulce sonrisa.
-Tú eres la que sabes lo que me gusta- Término de decir para apretarle la mano a la Señora. -Eres la mejor ¿Lo sabes? - Le preguntó.
-Si joven, usted siempre se encarga de recordármelo- Confesó y se levantó al mismo tiempo que Michelle para darse un abrazo de esos que siempre le faltaba de sus padres, pero sabía que aunque ellos no tenían tiempo para darle un simple abrazo, ella sería capaz de ir a donde Marta para que la señora le dedicara al menos uno al día, con eso se había conformado a lo largo de su vida.
-Me tengo que ir, no quiero que mi padre se enoje por llegar tarde- Le comentó Michelle mientras tomaba una servilleta para limpiarse aquel desastre pegajoso. -Nos vemos en la cena- termino de avisarle.
-Que todo le salga bien, mi niña- fue lo último que le dijo Marta mientras le daba su bendición como cada mañana.
La ojiverde salió corriendo a su auto, le molestaba tener un chofer, ella se veía independiente en ese sentido, cuando ya estuvo dentro de él encendió su reproductor y una de sus canciones favoritas inundaban la privacidad del coche, partió para la empresa de su padre, esperando que el día fuera tan perfecto como lo había logrado ser su mañana.
* En otro lugar alejado de la mansión Johns*
-Carla apúrate ¡Debemos abrir! - gritaba una desesperada rubia ubicada a las afueras de un local de helados, su zapato haciendo un sonido levemente estresante para una persona con ansiedad.
-¡¡Ahhh!! Callate mujer- Grito Carla mientras esperaba cruzar la calle -¿Y si me mata un carro cruzando? - dijo la chica a su amiga que la esperaba ansiosa del otro lado de la calle, quizás se podía considerar que era algo extremista.
-Conociéndote y con lo torpe que eres- Murmuró la mujer del otro lado -Hasta si- Su mueca de burla en el rostro decía más que mil palabras, como el dichoso refrán, cabe destacar que la niña realmente era muy torpe por no decir que era demasiado torpe.
-JA.JA.JA- respondió Carla cuando ya estaba al lado de su amiga -Además ¿Por qué tantas ansias de abrir el día hoy?
-Bueno, bueno puede que hoy sea un día de suerte- Le dijo su amiga dándole un golpe en el hombro a la más pequeña causando que el golpe casi le hiciera pegar los dientes a la puerta, y quizás hasta parte de su cuerpo hiciera parte de la decoración.
-¡Diane! Mide tu fuerza- Le dijo la más pequeña sobándose un poco el hombro.
-Ya enanita sé que eres súper débil para unas cosas pero no para otras- le respondió colocando una voz gruesa al final de aquella frase.
-¡Débil tus nalgas amiga! - dijo Carla desde el suelo intentado quitar el ultimo candado para así poder abrir el local, Diane soltó una carcajada que Carla no pudo aguantar por más que lo intento, así que estaban allí ellas dos riendo en una mañana del lunes. -¿Entonces porque tanto apuro? - volvió a preguntar.
-Bueno es que puede ser el día de nuestra suerte, ya sabes- le guiño el ojo -Quizás le encontremos cuevita a tu amiguito- dijo en susurró mirando alrededor.
-¡Carajos Diane! - gritó Carla haciendo que su amiga riera alto, le gustaba hacer sacar a Carla de sus casillas. Pero su cometido si había logrado el objetivo ya que la más pequeña enrojeció peor que un tomate, aunque era muy adorable.
-Bueno, bueno hoy encontré un trébol de cuatro hojas- Alzo la pequeña plantita para mostrársela a su pequeña amiga. -Puede ser nuestro día, a poco ¿No? - Le volvió a decir mientras ahora las dos miraban el pequeño trébol.
-Vale bien ¿Y desde cuando crees en eso? - Preguntó Carla mientras se colocaba el delantal de la heladería, miraba alrededor el pequeño lugar.
-Bueno quizás desde que ninguna ha encontrado el amor- Resoplo su amiga mientras se colocaba detrás del mostrador.
Carla fue hacia la máquina y tomo un vasito, salió a la calle tomo un poco de tierra para no hacer sentir mal a su amiga y cuando entro coloco el pequeño trébol en él. No Estaba segura de que viviera mucho tiempo, pero algo es algo.
-Ojala traiga algo bueno a nuestra vida- le dijo a su amiga del otro lado del mostrador.
Se dispuso a limpiar el sitio, barría lento y suave, al terminar limpio un poco las mesas colocando un poquito de servilletas en ellas.
Diane por su parte acomodaba el mostrador para que el pequeño trébol estuviera como en casa, según ella.
Carla Ceballos era una chica humilde, sus padres viajaron para cuba hasta México y de allá hasta aquí, una travesía bastante larga para ellos tres, ahora se encuentran en Miami en una heladería, no era especialmente muy grande era algo así como mediana o un lugar no tan grande como se podía pensar, pero era la mejor heladería en el sitio, varios críticos elogiado a tan pequeño local logrando que Carla pueda seguir sacando a flote este hermoso y pequeño local de sus padres.
Ellos fallecido en un accidente de auto, Carla esa noche se había quedado en casa cuidando a una niña en plan niñera, en la mañana siguiente cuando despertó llegó la fatal noticia, al lado suyo siempre estuvo Diane su fiel amiga que conoció desde que piso Miami, al parecer la niña también estaba llegando al aeropuerto cuando llego la familia Ceballos, pero a diferencia de ellos la niña venia de sus vacaciones y estaba haciendo un berrinche a su madre porque deseaba comer un helado.
Ambas se mirado y con un torpe pero bastante torpe saludo, es decir, un golpe de la más grande a la pequeña cubana su amistad comenzó a relucir, más adelante cuando llego a la pequeña heladería de los Ceballos y vio a su pequeña amiga fue la gota que reboso su vaso agua, desde ese día no salía de allí, así que cuando los padres de su amiga cubana murieron ella fue su gran hombro para el llanto, el cual desde entonces se volvieron aún más inseparables.
-¡Oye! ¿Has visto los pedidos que hay para hoy? - le pregunto a Carla, que sin apartar la vista de la última mesa accedió a responderle.
-No ¿Por qué? - Luego se acercó poco a poco y empezó a mirar que si había un pedido importante para una boda. -¡Mierda Diane! - dijo bastante alto la pequeña, su mirada esta fija en las notas.
-¿Qué pasa? - miro a su amiga preocupada.
-El helado de la boda- Las dos se miraron rápidamente y con asombro en sus rostros.
Carla salió corriendo al cuarto refrigerante, allí en una esquina estaba el pedido para la boda, dejando a la vista la gran etiqueta, no era demasiado pero era importante que estaba a la hora adecuada, ya que nadie quiere comer un helado derretido o ellas perder un pedido y está más que claro que perder un pedido es perder dinero e incluso clientes fijos.
-El pedido está en orden- dijo Carla luego que salió de aquel cuarto. -¿Para qué hora es la entrega? - preguntó aun tratando de controlar los latidos, nunca se le había pasado la hora de una entrega.
-Calma Enana, es para aproximadamente las 2 de la tarde- dijo su amiga aprovechando de mostrarle el libro de pedidos. Ambas respiraron profundo demostrando alivio, ahora estaban las dos detrás del mostrador, Diane atendía a las personas y Carla entregaba el helado.
El sitio estaba bastante concurrido, familias, parejas, amigos y demás estaban reunidos en su pequeño local, había pensado bastante veces cambiar de sitio, pero al final del día hablando con su amiga terminaban decidiendo quedarse allí, este pequeño sitio tenía miles de historias divertidas y emotivas para contar, además de que fue el local en el que sus padres trabajaron antes de morir.
-Carla- la llamo Diane, giro suavemente para no derramar el helado, con una sutil sonrisa entrego el cono de helado a la chica que esperaba su pedido.
-Dime- Dijo Carla mientras leía el próximo pedido.
-Ven y atiende tú, así estas más pendiente de la hora de partida del pedido, aún son las 12 pero son solo dos horas para que te retires a entregar- Carla asintió y cambio de puesto con Diane.
Volvió a sonar la puerta y ahora era ella que la atendía a las personas.
A pesar de todo hacían un gran equipo, uno muy unido a pesar del tiempo.