-Buenos días hija, hasta que llegas- le dijo Mack al ver entrar a Michelle a su oficina. -Ven te presentare a tu secretaria- le colocó la mano en la espalda llevándola por el pasillo en donde se encontraría su oficina de ahora en adelante.
-Buenos días Alice- dijo amablemente el padre de Michelle a la mujer sentada detrás en el escritorio.
-Buenos días Señor Johns- dijo levantándose del asiento al verlo caminar hacia ella.
-Te presento a mi hija Michelle- Educadamente ella estiro la mano encontrándose con la mano cálida de la chica a la que le dedico una sonrisa.
-Hola señorita Johns- dijo amablemente.
-Hola Alice- Respondió demostrando cortesía a la secretaria.
-Ven te mostrare tu oficina- hablo Mack y encamino a Michelle a donde ejecutaría su puesto de vicepresidenta.
Cuando ella entro se quedó maravillada con la gran oficina -¡Papá es inmensa! - dijo mirando a su alrededor.
Aunque el señor Johns era tan poco afectivo con su hija, nunca dejaba de lado que deseaba lo mejor para ella, así que desde hace varios meses preparo una oficina especialmente para su hija, la futura vicepresidenta de su empresa.
-Es tu primer puesto, lo sé, he tardado en dártelo pero con ello, lleva a una oficina que se ajuste a ti- dijo mirando de frente a su hija, depositándole en beso en la cabeza -Por hoy no trabajas, puedes ponerte cómoda y ordenar como te plazca, yo debo asistir a una reunión- dijo para salir por la puerta -Mañana empiezas a ejercer el cargo o en su defecto te mostrare lo que debes hacer- terminó de decir para salir por la puerta para luego cerrarla.
Michelle camino a su nuevo escritorio, era de caoba, pero sin duda era precioso, tenía varias cosas que incluyen una computadora y hasta un abrecartas. Vio el teléfono de la oficina y observo como se remitían las llamadas, luego de un rato decidió pasar por cada departamento para ver cómo era que funcionaba todo, antes de hacer eso con su padre el día siguiente.
-Hola Ale, te puedo decir así ¿Verdad? - Preguntó cuando salió de su oficina y se encontró con ahora su secretaria.
-Claro señorita Johns- dijo cortésmente con una sonrisa que contagiaba hasta el más malhumorado.
-Llámame Michelle- dijo dedicándole una sonrisa y se encamino por la empresa.
Pasó por cada área y cada una de las personas la recibía de forma educada y cortes y sobre todo sabían que ella lograría ser su próxima presidenta.
Luego de pasear por toda la empresa se dispuso a marcharse de allí y pasear por algún otro lado ya que tenía el resto del día libre para ella antes de ser la verdadera vicepresidenta.
*Por otro lado fuera de las empresas M&C estaba una atareada Carla*
-¡Ahh! No me avisaste ya son la 1:30 de la tarde- dijo rápidamente Carla saliendo hacia el cuarto refrigerante.
-Vale, termina de guardar las cosas y yo atiendo, ya no hay casi clientes- anuncio Diane, Carla asintió y salió a buscar las cosas para guardarlas en su camión de helados, no era uno de esos que tenía un helado arriba era más bien una cava donde transportaban la mercancía, aunque también tenían uno con un helado encima para llevar helados a diferentes calles los fines de semana.
Carla salió corriendo y guardo cada una de las cosas que debían llevar a la boda.
-Me voy, vuelvo en un rato. Las mismas personas que estén se encargaran de hacer lo que quieran con el helado, yo solo llevo la mercancía- dijo Carla o mejor dicho informo a Diane -Y por favor no me hagas caer en quiebra mientras no estoy- dijo sonriendo sacándole una sonrisa a su mejor amiga.
Se montó en su camión y condujo a una velocidad adecuada, tampoco quería tener un problema de tráfico y que no pueda llegar al destino.
***
-Mierda, mierda, mierda- decía una ojiverde molesta porque su auto empezó a echar humo, se bajó y todo fue peor cuando abrió el capo.
-Lo que me faltaba- quería llamar rápidamente a una grúa pero sinceramente por donde estaba no había un teléfono ni fijo, ni de celular cerca. -Viene un camión- se decía para sí misma mientras veía lo que podía a la distancia.
Carla iba casi llegando a su destino cuando vio a una chica al lado de un auto, algo así como descompuesto. -Parar, no parar, parar, no parar, ni modo voy a parar- dijo y se estaciono, bajo del camión cuando una hermosa chica se acercó a ella.
-Buenas, gracias, gracias ¿Tienes algún teléfono para llamar a una grúa?- hablaba a mil por horas y solo Carla la veía embobada y algo atontada ¿Podía existir una mujer tan bonita? creo que sí, porque está delante de mí, salió de su trance cuando vio a la chica agitar su mano delante de ella.
-Disculpa, disculpa no, no traigo un teléfono, salí rápido de mi tienda a dar un pedido y lo deje, pero si quieres te llevo, seguro a donde voy tienen alguno- dijo cortésmente.
Michelle dudo por un momento, es decir, tiene un camión con cava, así que puede ser una psicópata, pero en su defecto una muy hermosa. La pelinegra salió corriendo y buscar su bolso y asegurar la puerta de su vehículo por que acaso algo o alguien podía pasar por acá.
Por cierto soy Michelle- dijo extendiendo su mano cuando ya estaba sentada al lado de ella en el camión.
-Un placer Michelle, soy Carla- realizo el mismo gesto y se apretaron las manos, nunca en su vida había sentido algo de esa magnitud, su mano era suave y no era un toque eléctrico estaba segura que era como un maldito panel de luz al que seguro estaba pegada y podía morir.
Michelle podía sentir lo mismo que Carla, pero con cara sonrojada aparto su mano colocándola en su regazo.
La más pequeña no tardo para poner en marcha el camión -¿Lo dejaste con los seguros puestos? - pregunto Camila sin apartar la vista del camino.
Michelle asintió, sintió que si veía por más tiempo a la morena se le tiraría encima y la besaría pero no, ella es una Johns y eso no pasaba en su familia. -Por cierto ¿a dónde vas? - pregunto la ojiverde ya podía oler el olor a helado de chocolate en la cabina.
-A una boda, me han mandado a llevar un pedido de helado y se los estoy llevando- dijo con una sonrisa.
-Ósea eres una heladera- dijo y soltó una risita que paró el corazón de Carla.
-Si más o menos eso soy- terminó de decir para terminar de hacer reír completamente a señorita a su lado. -¿Quieres un helado? - pregunto amablemente.
-Sí, Si quiero- asintió emocionada.
-Son 2 dólares- dijo Carla seria extendiendo la mano para cobrarle, Michelle ladeo la cabeza pensativa y cuando fue a sacar el dinero Carla hablo.
-No, no, era una broma, solo debes esperar llegar a nuestro destino y te daré un poco de helado- miro a Michelle y le dedico una sonrisa. -¡Hemos llegado! si quieres preguntar por el teléfono mientras yo llevo esto- le comento la más pequeña y la pelinegra se encamino a la recepción.
Michelle había llamado a la grúa para que buscaran su auto y seguido llamo a su mejor amiga para que la buscara, Carla por su parte había terminado de dejar el pedido alegrando a los novios junto con los invitados.
-Bueno y mi helado- le dijo la niña de ojos claros colocando ambas manos delante de ella. Carla le dedico una sonrisa y le regalo un helado de chocolate.
La más alta se devorada su helado de chocolate, mientras que la morena no apartaba la vista de la lengua de Michelle mientras se pasaba por su helado. “Maldito momento en el que este viene a reaccionar” se reprendía mentalmente Carla cuando sintió un tirón en su pene. Bajo sus manos tapándose cuando el sonido de una corneta las saco de su mundo.
-Mich amiga ¿Nos vamos? - dijo una chica dentro del auto.
-Sí, si ya voy- Grito a su amiga que estaba en el auto -Bueno Carla ha sido un placer- dijo estrechándose de manos sintiendo exactamente lo mismo que la primera vez -Y gracias por el helado- dijo antes de montarse en el auto que luego desapareció de aquel sitio.
Carla miro como el auto se iba y bajo su cabeza -Las cosas buenas siempre son fugaces- se dijo a si misma montándose en su camión y abandonando también aquel lugar.
***
-Mich te he visto ausente desde que te recogí en ese extraño lugar- le dijo Noemi a su amiga que luego de comerse la paleta de helado que le regalo la misteriosa Carla no ha dejado de mirarla.
-No se Emi ¿Alguna vez te has enamorado? - le preguntó mientras miraba por la ventana el recorrido de vuelta a su casa.
-Sí, una vez lo llegue a sentir- dijo su amiga con la mayor sinceridad. -¿Por qué? - pregunta apartando un momento la vista de la vía.
-No lo sé, solo deseaba saberlo- responde la ojiverde mientras sus hombros se encojen y le dedica una sonrisa ladeada aparece en sus labios para ser dedicada a su amiga.
-¿Por qué no has dejado de sostener esa paleta si ya te la acabaste? - Pregunta su amiga con cierta duda al verla aferrada a dicho objeto.
-No lo sé, realmente tampoco lo sé- Y vuelve a mirar hacia la ventana.
Era la primera vez que se sintió así, no es que sea virgen o algo parecido, pero nunca había sentido una conexión con nadie en particular, siempre fue algo como casual, puede ser sexo sin compromiso, pero ahora sintió algo extraño, podía sentir la mano de la chica Heladera apretándola, se sintió tal cálida aunque trabajara con el frio, ¿Es posible que uno se pueda enamorar a primera vista?
*En otro lado llegando a la heladería*
-¿Cómo te fue en la entrega? - pregunta la chica alta al ver llegar a su pequeña amiga.
-Claro todo en orden como siempre- dice la pequeña entrando al local y colocándose de nuevo el delantal aún eran las 4:00 de la tarde y cerraban a mediados de las 6:00pm.
-¿Atiendo o sirvo? - pregunta la polinesia.
-Atiende- dice y colocándose los guantes se coloca frente a la nevera con todos los sabores diferentes de helado.
-Has llegado como no sé ¿Diferente? - dice Diane mientras ve a unos clientes entrar al pequeño local.
-Sí, lo sé- dice y sonríe a su amiga que la mira ligeramente con los ojos entrecerrados.
-¡Te paso algo y no me quieres decir enana! - dijo su amiga mirándola mientras atendía a las chicas que pedían su helado. Carla soltó una carcajada contagiando a su vez a las clientas.
-Sí, si gigante- le respondió cuando las chicas pedían el tipo de helado que deseaban.
-Eres muy linda- le dice una de ellas, era blanca casi de su estatura, pero nada comparada con Michelle.
-Tú también lo eres- le responde Carla con la mayor cortesía entregándole el cono de helado.
Las chicas sueltan una risita y caminan a una de las pequeñas mesas del local que da directa a la visión de Camila, la chica paso la mayoría del rato mirándola haciéndola sentir incómoda mientras pasaba su lengua por el dichoso helado.
-¡Oye! - dice Diane en voz baja.
-¿Qué? - pregunta Cara casi en el mismo tono.
-Te has levantado a la muchacha- solo bastaba decir aquello para que soltara una carcajada colocando roja a la más pequeña.
-¡Diane! - ahora fue el turno de Carla de confesar algo en tono serio.
-Suéltalo enana- respondió sin quitar la vista de los clientes y sin olvidar lo que le pidió.
-Creo que me he enamorado- dice Carla para agarrar el papel de los nuevos clientes.
-No me mientas y tampoco me digas que es de la mocosa que ha entrado- dijo sin bajar el tono habitual de hablar, los chicos miraban entretenidos a ambas chicas.
-No, no, como crees- dijo mirando a la chica que no le quitaba el ojo de encima.
-Fue cuando hice la entrega- contesto con sus ojos brillando hacía Diane.
-Esto va a estar bueno- dijo la polinesia tomando de nuevo su puesto.
***
A la mañana siguiente la ojiverde se había levantado a su hora habitual, cuando bajo a desayunar ya todo estaba en soledad, como de costumbre.
-Señorita Michelle, sus padres se han marchado dejándole el recado “Que se acuerde de ir a la empresa”- dijo Marta llegando al lado de Michelle dejándole un plato nuevamente de hotcakes.
-Gracias Marta, puedes sentarte si gustas- le pidió la pelinegra mientras apuntaba el lugar más cercano a lo que accedió la señora. –Marta-
-Si niña- contesto mirándola.
-¿Cómo sabes que te has enamorado? - preguntó tomando un bocado del delicioso desayuno.
-Bueno eso depende de la persona, supongo- respondió dedicándole una sonrisa y una mueca interrogante -¿Por qué? - pregunta ahora Marta.
-¿Se puede enamorar una persona a primera vista? - volvió a preguntar evitando la pregunta anterior de la señora.
-Sí, yo me enamore a primera vista de mi difunto esposo- Michelle alzo la vista sonriendo.
-Eso es hermoso- la señora sonreía al recordar todos aquellos momentos junto a él, ese hombre fue el amor de su vida.
-Sí, si lo es, me di de cuenta porque estaba caminando con mi mejor amiga, charlábamos de algo absurdo como uno suele hacer con ellas y entonces lo vi- le contaba ilusionada a una Michelle que la veía emocionada.
-¿Y entonces? - preguntó Michelle mientras acababa su desayuno.
-Entonces él se acercó muy coqueto a mí, y me dijo "Una flor no se compara con tu belleza pero te regalare una para que ella te envidie eternamente” - dijo Marta con una sonrisa amplía mientras bajaba unas gotas de lágrimas de sus mejillas.
-Eso es precioso- contesto Michelle, tenía la esperanza de que la persona de la que se había enamorado le dedicará algo tan hermoso como aquello.
-Sí y me enamore de él, peleé por él con mi familia, incluso me escape el día de mi boda, pero no me arrepiento de nada, me dio la felicidad que ansiaba tener, fue mi mejor decisión niña- término de contar a medida que se levantaba de la mesa para llevar los platos a la cocina.
Michelle se quedó allí sentada un largo rato meditando lo que le había dicho Marta, tener una historia de amor como la de ella, era hermosa pero tenía sus pro y sus contras, entonces comenzó a pensar si ella debería que pasar por la misma situación que acaba de contar Marta y al final ser feliz.
Con eso en su mente llego a la empresa y comenzó a ejercer un cargo del cual siempre había deseado.
Eran aproximadamente las 2:00 pm cuando tocaron ligeramente la puerta de su oficina, se las había arreglado para entender todo sobre la empresa y lo hacía tan bien que fue elogiada por su padre, con un ligero pase estuvo dentro de su gran oficina, su mejor amiga.
-¡Oh Mich! Que belleza- le dijo Noemi al girarse y ver todo el sitio.
-Fabuloso ¿Cierto? Me ha fascinado desde que entre a él, el día ayer- le respondió a su amiga que se sentaba en la silla que se encontró delante de su escritorio.
-¿Qué tal todo? - preguntó mientras tomaba el marco de una foto de ellas dos.
-Lo normal, he aprendido lo necesario para estos días ¡Es fantástico! - respondió emocionada ganándose una sonrisa de su amiga.
-Por cierto tu secretaria es un amor- le dijo a Michelle y ella asintió.
-Me alegro que fuera así y no una de esas plásticas como tú- le dijo riendo hasta que Noemi entendió aquel comentario.
-Desgraciada- respondió le soltando una larga carcajada acompañándola su amiga -Ven vamos, me han recomendado un lugar de helados para chuparte los dedos- se levantó tomando de la mano a Michelle y sacarla de la empresa.
Con solo decir helados, Michelle se remitió a cierta castaña con la que había soñado la noche anterior, no podía sacarla de su mente y aunque estuvo enfocada en su trabajo no podía olvidar la sonrisa que le dedicó en el camión, además de como se le veían sus músculos al bajar el helado o como se había sentido al estrecharle su mano.
-Voy, dame un momento para ordenar aquí y nos vamos- le respondió a su amiga ordenando todo y saliendo de aquel sitió.
Diez minutos más tarde -¿Estas segura que es aquí? - preguntó.
-Sí Michelle si- respondía Noemi a su pregunta por millonésima vez.
-Pero es pequeño- decía mientras se acercaban al lugar.
-Pero dicen que es el mejor, ve vamos- dijo tomándola de la mano y entrando.
Se escuchó en el local el sonido de la campanita y fue cuando tanto Carla como Diane giraron sus cabezas a ver a los nuevos clientes.
-Carla ¿Estas bien? - pregunto Diane al ver que Carla estaba pálida.
-¡Es ella! - Respondió seguido de un movimiento de cabeza rápida de Diane para ver a la ojiverde.
-No puede ser- fue lo único que pudo decir la más alta.