Esta noche

2290 Words
No todo fue un sueño, al fin amaneció, puedo verlo por un pequeño agujero que deja pasar la luz de la mañana en lo alto del techo, el frío que embarga en el espacio confinado, me recuerda la difícil noche que acabo de vivir. Todo fue tan rápido, tan absurdo, esta noche fue eterna… . —Si no es suficiente, puedes cambiar tu tarifa cuando esto termine, mí desempeño, será la experiencia que se obtiene al pagar el viaje y lo que pidas después de ser mía, solo será equivalente a lo que me faltó por hacer, para realmente satisfacerte —. El tipo de ojos claros se me acerca, un golpe rompe aquel instante de conexión, otro golpe seco en la puerta alerta mis sentidos y los de él. —Cariño, date prisa la policía —escucho la voz de Alexa, desde el otro lado del muro, abro los ojos, camino en el mismo sitio, como si mover mis pies, sirviera de algo. Él me observa… —Mierda, mierda, mañana me caso, esto no puede ser —dice entre maldiciones y movimientos errados, sigue desnudo, intenta aclarar sus mente o sus acciones, pero parece no tener éxito. —Toma —levanto su pantalón, y sus zapatos —, gracias —dice entre nervios y palmos de temores, puedo ver sus ojos agrandados, sus mejillas se han enrojecido y aquello que parecía de hierro se esconde entre su boxer. —Tengo que salir de aquí, no puedo dejar que la policía me atrape —indica, y al fin se pone la camisa y el saco aunque no los abotona, se sienta sobre la cama, y se coloca un zapato y luego el otro, no lleva medias, no le ha dado tiempo de buscarlas, tomó el pomo de la puerta, escucho gritos, la música se ha detenido, estoy en el tercer piso. Como diablos saldré de esta. El tipo está detrás de mí, tan cerca pero no hay esa sensación de atracción, más bien parece que exuda preocupación, y yo con él. —Abre de una maldita vez —ordena y no puedo evitar sentir, como una carga de adrenalina recorre cada centímetro de mi piel. Respiro me armo de valor y al fin giro el pomo, abro la puerta, y no hay nadie, ambos salimos al pasillo, espero encontrarme con Tizan, pero es inutil, parece que todo pasa debajo de nosotros, escucho algunos pasos, y lo miro, sus ojos claros están llenos de temor, y lo entiendo, se casa mañana, sería una mala fortuna que su novia se quedara esperando por él. —Al fondo, por la escaleras de emergencia, por ahí puedes salir… —explico con seguridad, no conozco en realidad, si aquella escalera, lo llevará hasta la acera, pero es lo único que puedo hacer por él. —De acuerdo vamos —dice y me toma de la mano. Idiota como puedes sentir algo de euforia con el simple hecho de que este hombre te tome de la mano. Con los altos tacones, un poco de habilidad y el miedo recorriendo mi cuerpo, me deslizó de prisa detrás del hombre que no pensó en escapar solo. ¿Acaso es por el dinero? ¿Será que quiere cobrarme después de todo? Dios el dinero, lo deje en buró. Lamento mi desfortuna con cada paso que doy, miro hacia atrás un par de veces, no hay nadie cerca. Llegamos al final del pasillo un pequeño espacio con una puerta de acero, está a un costado él, la empuja y la escalera existe, al parecer sube para después llegar a aquella escalera que nos dará la salida. —Alto —grita alguien del otro lado. Yo estoy prácticamente en el pasillo, el tipo ha comenzado a subir por la escalera, se detiene y me observa, noto que baja un pie y luego el otro. El muy tonto pretende quedarse, ¿esque a pesar de todo es un caballero? —No —. En susurro niego incluso con la cabeza —, vete —ordenó. Él me mira y yo no hago otra cosa que perderme en el claro de sus ojos. —Gracias belleza, te debo una —musita, no tengo palabras, no hay nada más que decir. El comienza a subir y dos tipos llegan hasta mi. —Estás detenida, por prostititucion, y cualquier cosa, que descubramos —dice uno de los hombres, es bajo, de piel manchada y con marcas profundas de acné. Aprieto los labios, levanto el mentón, y maldigo mí suerte, mí maldita suerte. —¿Alguien escapó por ahí? —pregunta el tipo, y yo lo niego, le explicó qué estaba sola y que no me dio tiempo de salir. Ambos se miran a los ojos y aceptan mis palabras. —Vamos zorrita, pasaras algunas noches en la suite presidencial —dice el tipo, el otro alto solo me mira la piernas, ambos son unos malditos cerdos. —Por favor, puedo tomar una sabana, hace mucho frío afuera —suplico mientras a mi mente viene aquel recuerdo mío de la ventana observando las copas de los árboles. Con las manos atadas, en mi espalda, empujones, y miradas llenas lascivia, camino por el pasillo, la puerta de la habitación sigue abierta me detengo en seco y suplico de nuevo por la manta. Y el tipo bajo me permite entrar con un empujón, que casi logra derribarme. No están, los billetes no están. Trato de tomar la manta y al notar que he perdido el dinero, bajo la cabeza, estoy a punto de llorar y de nuevo comprendo que es lo peor que puedo hacer en este lugar. El otro tipo, el alto, toma la sábana con destreza, de un jalón deja el colchón sin cubierta, la pone en mis hombros, y salimos de la habitación. Maldigo que no esté el dinero, pero que importa, en mi situación, lo hubiera perdido de todas formas. Bajamos al segundo piso y luego al primero, todo es un desastre, botellas, copas y mesas están por doquier, todo está destruido, como si una estampida de elefantes hubiera pasado un par de minutos por el lugar y hubiera tomado la decisión de alejarse. A un sitio más amplio. Parece que soy la última captura, un par de patrullas están fuera esperando por los tipos que ahora me tienen entre sus manos, bajo las escaleras de la entrada principal, y siento algo extraño, es la primera vez que cruzó este sitio en específico, todos los días, durante todo este tiempo, siempre he entrado por la puerta trasera, la misma que Rubí abrió para mí aquella primera vez. Las escaleras son redondeadas, brillantes, resbaladizas, pero amplias. Miro a mi alrededor, como si buscara algo, aunque para ser honesta no tengo idea de que es exactamente. El viento golpea mis mejillas, y me alegro de al menos tener una sábana cubriendo mis hombros, me obligan a subir a la patrulla, cierran la puerta miro por la ventana y el letrero rodeado de luces, se apaga. Maldigo esto y maldigo todo, si tan solo me hubiera ido cuando pude, si el dinero no me hubiera tentado, si… no tuviera que pagar tres meses de renta. . La celdas son frías, nunca había estado en una, y lamentarme ahora por mi nombre, mi reputación, o cualquiera de esas cosas, que hasta hace algunos meses me importaban no tendría sentido, esta es mi nueva vida, soy una bailarina exótica, y sino fuera por esta intervención, estoy casi segura de que sería una prostituta. Pienso en eso y en aquello, en todo y en nada, es como si cada uno de mis pensamientos no tuviera fundamentos, aparecen en mi mente y de la nada se esfuman, llega otro y luego pierde el sentido en segundos. Al fin el tipo de baja estatura me suelta las manos y deja de tocar mis nalgas, una malencarada mujer de mediana edad me mira y me sonríe. Abre la puerta y golpea la reja de la celda —, entra —ordena y no me queda más que obedecer. —Que pases linda noche —dice sin darme una mirada, solo cierra la reja y me da la espalda. Me siento en lo que parece una cama de juguete, aunque al sentir el frío del cemento entiendo que los presos son desgraciados. Trato de cubrir mi cuerpo, y me recuesto sobre la plancha, no hay nadie a mi alrededor, parece que todos han quedado acompañados en otras celdas, no tiene sentido gritar, lo he visto en las películas, solo perdería mis energías. Con la noche fría y mi cabeza hecha un cúmulo de idioteces, comienzo a cerrar los ojos. . Despierto, mi cuerpo no está desnudo, mi tacones aún están puestos en mis pies… y el tipo no está aquí, todo ha sido un maldito sueño uno muy bueno, pero solo eso, la realidad en este momento me lleva al tormento, miro las rejas achinando los ojos, un par de guardias golpean el acero de los barrotes, mientras Keyra entra con la mascara de sus pestañas sobre sus mejillas. —Estos idiotas son unos malditos, no saben con quien se meten —dice en un atisbo de emociones. . Miro al techo, veo la luz entrar por aquel pequeño agujero, y sin que entienda porque, el aroma de aquel hombre, merodea mis fosas nasales. Mi mente está más tranquila, y ese sueño, ese que parecía tan real, se desvanece, como las esperanzas de salir de aquí. Peluso seguro está muriendo de hambre, o quizá ha destrozado todo en el departamento como venganza por haberlo abandonado, y yo sin poder hacer absolutamente nada. —Esos idiotas, nos dejarán encerradas un par de días más, Tomy también fue apresado así que nadie nos sacará de aquí —dice Keyra, la miro con algo de compasión, pero prefiero no decir nada más. —Sabes chica, yo lo presenti, sabía que esta noche seria una maldita locura, le hablé a mi novio y el muy idiota me dijo que no vendrá hasta mañana, malditasea —dice Keyra, y no puedo evitar, que mis ojos se abran, Keyra tiene novio, no hubiera imaginado nunca que ella… —Acaso crees que no tengo una vida —dice Keyra, me saca de mis pensamientos y comprendo que mi rostro es más expresivo de lo que yo misma puedo controlar. —Chica algun dia saldré de esto, compraré una casa y abriré un restaurante, el sabor de la habana, ese será el nombre —puedo ver una dulce sonrisa, y sus ojos abrillantados, mientras me cuenta sus anhelos, sonrió al notar que Keyra es una mujer como yo, como cualquiera, una que solo busca una oportunidad en la vida. —¿Y Alexa? —pregunto. —Ella está en otra celda, después de hacer mi llamada, me enviaron para acá, pensé que habías logrado escapar chica, ¿cuéntame, y ese tipo, el papito rico, que fue de él? —pregunta y bajo la mirada, no se si me molesta que ella hable del tipo, o si me enfada su recuerdo, o quizá el sueño que tuve o lo que no obtuve. —Fuiste al tercer piso, ¿te acostaste con él? —pregunta Keyra y yo, niego con la cabeza, me pongo de pie y recargo mi espalda sobre las rejas. —No pasó nada, los policías llegaron y no pasó nada —explico. —Que lastima, en verdad era muy lindo y su amigo… uff no desmerecía nada, lastima que no todas las noches haya hombres como esos —explica Keyra y sonrió. —¿Te acostaste con él? —pregunto, llena de genuina curiosidad. —No, para nada, solo bailamos un poco y los malditos policías —grita Keyra —dañaron la noche —. —¿Que vamos a hacer Keyra, sin trabajo, sin poder salir de aquí sin… —Gia —dice un policía desde el pasillo, callando mis palabras. —Salga, ya está pagada su fianza —abro los ojos tanto como mis órbitas me lo permiten, miro a Keyra y ella sonríe, giró de nuevo y me echó un par de pasos hacia atrás. Y la reja se abre. —Disculpe y ¿mi amiga? —pregunto, mientras Keyra baja la mirada. —Si tienes cinco mil dólares puedes pagar su fianza. Bajo igual la mirada, me pongo de rodillas y romo las manos de Keyra, ella me mira y me dice que no me preocupe, que mejor vaya con mi familia, no me tomo el tiempo para decirle la verdad y tampoco deseo hacerlo, y aunque honestamente no se quien me ha permitido salir, me pongo de pie de prisa, y salgo al fin de este horrible lugar hasta el pasillo, doy vuelta, otro pasillo me espera la manta se la he dejado a Keyra, y sigo de frente. —Lastima que te vayas zorrita ya no tendrás mi visita —dice el tipo bajo frente a mí con altivez, tengo deseos de golpearlo, pero trago saliva, aprieto los puños y jalo tanto aire como puedo. —Mi amor nos vamos —dice él, es su voz, es el tipo de anoche, que me toma ahora del brazo, y hace que la electricidad recorra mi piel con tanta velocidad, que casi siento que pierdo el conocimiento. Giro el rostro para asegurarme, de que no es otro vivido y maldito sueño, y él me sonríe, su ojos claros, su mejillas afiladas como su quijada, y sus labios carnosos dibujando una bella sonrisa me aseguran que no es un sueño, y que la pesadilla terminó, no sé como, no sé porque, pero el hombre de anoche está aquí, frente a mi, tomando mi brazo, mirando mis ojos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD