Recapitular mi vida en este momento, parece algo absurdo, estoy sola con él, con un completo desconocido, me mira mientras exhibe su desnudez, sus ojos claros y el efecto que tiene su mirada en mis entrañas, me tienen desarmada, que puedo hacer, es decir. Soy una bailarina nocturna, con anhelos y metas que poco a poco han perdido su esencia, cada noche y cada día, percibo como mis esperanzas se desvanecen, qué importa perder lo único que me queda, mi dignidad.
Perdí a mis padres, mi hermano vaga en alguna parte del mundo, si, para mi mala fortuna estoy sola.
Me invade una sensación de omisión, el tipo de cabello ondulado, me ha cuestionado, ¿qué hago yo aquí?
¿Lo dice, como un cumplido?, ¿acaso cree que merezco algo más? ¿El puede ver quien soy yo, con solo conocer mi nombre?, ¿porque asegura, que merezco algo distinto?
No fueron sus palabras exactas pero el contexto está implícito, y él, ¿qué hace aquí?, es realmente atractivo, cualquier chica caería rendida a sus pies, con solo mirarla.
Su buen gusto para vestir, su cuerpo perfecto y eso que tiene entre las piernas. Tiene todas las cartas ganadoras en su mano. ¿Por qué, un hombre como él, busca diversión en este lugar, con mujeres de mi estilo, es cierto que no soy ninguna “puta”, no aún, y si es así, que busca en mi, especialmente seré yo la que lo ha cautivado, o solo tuve la mala fortuna de aceptar ascender en mi empleo el día que él decidió, despedirse de la soltería.
Es cierto, él es un hombre comprometido, a punto de casarse, él mismo lo ha mencionado, sin ápice de preocupación, como si fuera un mero trámite.
¿Será que un hombre puede deshacerse de sus escrúpulos, meterse con una mujer cualquiera, y después seguir con sus planes así estos signifiquen casarse horas después?
Que importa ahora todo eso, ¿por qué no puedo dejar de cuestionarme todo esto que no tiene una respuesta?
—Pagaré lo que pidas, si eso te hace sentir más cómoda —dice el tipo que acaricia su abdomen, con ambas manos, mostrándome cada espacio entre sus cuadros.
Ha hecho una oferta, y ahora necesito decir algo, lo que sea —, son diez mil dólares —mi respuesta es absurda, parece que no estoy lista y sabotear sus ofrecimientos, son mi objetivo.
Aprieta los labios, y me mira bajando las cejas, su expresión parece de disgusto, he dado en el clavo, ahora respiro, me estoy dando mi lugar, para ser honesta, en cualquier otro momento, le hubiera abierto las piernas sin chistar, quizá unas copas, unas palabras dulces aunque antes de comenzar estuviera segura del desenlace.
Tengo veinte años y no soy virgen, Alex tomó mi cuerpo durante algún tiempo, hasta que mi posición social dejó de ser las misma de la que él goza, seis meses desde la muerte de mis padres, seis meses han pasado desde que por última vez que estuve con un hombre el único hasta ahora, si era distinto, era más joven y más flaco, no tenia las nalgas de este tipo, ni las piernas tan frondosas que no miento me hacen desvariar, quiza solo tenía lo mismo que este tiene entre las piernas, pero aun asi no iguala el tamaño.
Intento bajar la mirada, pero él me mantiene atenta a su cuerpo, está a varios pasos de mí, y de pronto mi poca cercanía me da algo de seguridad. Camina detrás de la mesa, moviendo todo en él con algo de maldita sensualidad, se inclina y sus dos grandes duraznos rosados, me hacen tragar saliva.
El levanta el saco que hasta hace poco había dejado caer sobre el suelo, lo miró fijamente, se da media vuelta y en su mano un manojo de billetes abanica su rostro.
—Por suerte, tengo diez mil dólares —dice y camina hasta quedar tan cerca, que aquel aroma a cítricos se intensifica, pero ahora es distinto, su piel no solo exuda el aroma de su loción, su testosterona comienza a meterse entre mis fosas nasales, pone los billetes en mi pecho, y mis ojos solo ven sus clavículas, si me muevo un centímetro puedo rozar su piel.
Me paga diez mil dólares, está a horas de casarse y mis palabras pierden valor, parece extraño pero el dinero en mi pecho oprime mis pensamientos.
Tomó el dinero, y bajó la mirada, esta vez de forma voluntaria, todo es simple, di una cifra y esta me es entregada, ¿Puedo decir que no?
—Si no es suficiente, puedes cambiar tu tarifa cuando esto termine, mí desempeño, será la experiencia que se obtiene al pagar el viaje y lo que pidas después de ser mía, solo será equivalente a lo que me faltó por hacer, para realmente satisfacerte —cada palabra, está cargada de deseo, de sensualidad, de algo más que solo susurros, que enchinan mi piel, cada palabra, discutiendo su contra propuesta, destruye cualquier argumento que me hubiera ayudado a negarme.
Asiento con la cabeza, muy levemente, me apartó del tipo y caminó hasta el buró de la cama, dejó los billetes sobre la madera y vuelvo mi cuerpo y mi rostro hasta el hombre que ha pagado por mi cuerpo.
Se acerca y llevo mis manos hasta la cremallera de mi vestido por tercera vez en esta noche.
—Espera, yo me encargo de eso —suelta y trago saliva. Sus dedos rozan mis brazos con lentitud cada contacto que él hace recorriendo mi piel, se siente como un cúmulo de agujas finamente afiladas, rasgando con dolor mi cuerpo.
Aspiro profundamente y la mezcla de su olor con el de su loción me envuelve, me libera y al mismo tiempo me hace prisionera.
Toma mis hombros, y sin decir palabras me hacen dar medio giro, ahora le doy la espalda, abro los ojos con temor, no se lo que pretende y no se que es lo que debería sentir, respira en mi cuello, pero se limita a no tocarme, y el aire caliente de su boca, arde desplazándose en mi piel.
Desliza la cremallera de mi vestido de un solo tiro, y siento como se descubre la piel de mi espalda.
—Levanta tu cabello —ordena, llevo mis manos hasta la nuca, recojo todo lo que mi manos pueden cubrir.
—Tienes un cuello muy sexy —dice y maldigo su tono de voz, me inquieta, me excita y me produce fastidio al mismo tiempo.
Me doy la vuelta, como si supiera que él tiene el control, trato de buscar la fuerza para enfrentarlo, para no convertirme en la sumisa del hombre que ha descubierto mi espalda pero sus ojos, sus malditos ojos de nuevo me desarman.
—Deja que caiga el vestido, pero hazlo muy despacio —da un paso atrás, suelto mi cabello, y tomo la tela que aun aprieta mis senos cruzando mis manos lo desprendo de un lado y luego del otro. Lencería roja con un encaje sugerente, aún cubre mi piel, muevo mis piernas sin levantarlas del suelo, y el vestido rojo se desliza, poco a poco mi cuerpo se muestra ante sus ojos y su lengua recorre sus labios de comisura a comisura…
El vestido al fin cae al suelo, y mis bragas del color de mi brasier dejan muy poco a la imaginación.
El tipo se acerca, y su enorme pedazo de hierro, toca mi abdomen, es tan caliente, que por un instante mi piel se deshace.
Sus manos tocan mi espalda, ladeo la cabeza y con sutileza encaja sus dientes en mi cuello, siento la humedad de su lengua, me presiona contra su piel y gimo de placer, aun no me ha hecho nada y comienzo a perder la cordura.
Sus manos toman mis nalgas, llevó mis manos hasta su cuello, y el me levanta como si fuera una almohada de plumas, cruzó mis piernas en sus nalgas, y su sexo parece tan fuerte que siento como me sostiene.
Con algo de rudeza me tumba sobre la cama, se incorpora y llevo mis manos hasta mis senos, él se hinca en el suelo, y de nuevo toca el empeine de uno de mis pies, lo besa y mi tacón sale volando hace lo mismo con el otro y su labios recorren mis pantorrillas, mis piernas y se detienen en medio de mis piernas siento su nariz y escucho como su respiración es profunda, tanto que parece haber perdido el aire.
Abro las piernas y su lengua roza, la tela de mis bragas, gimo de nuevo, su lengua llega hasta mi ombligo y con la barbilla descubre un poco de lo que al final espera por ver. Enredó los dedos en sus cabellos ondulados, y como una ofrenda me entrego a sus movimientos, su lengua humedece mi coño, y mis piernas lo atrapan mientras cruzó los pies detrás de su espalda. Se aparta dejando que el aire frío recorra mi piel húmeda, me abre las piernas las coloca en uno de sus hombros y con habilidad se deshace mis bragas.
—Eres… perfecta —suelta y deseo que sus palabras se incrusten en mis pensamientos com susurros eternos, de esos que puedes sentir cada vez que vienen a tu mente.
Siento de nuevo su calor y lame mi coño, como alguien lame un bloque de hielo con la intención de derretirlo.
Masajeo mis senos mientras curvo la espalda, mis nalgas se aprietan y su lengua se encaja y mi garganta no puede decir palabras.
Levanto la pelvis y el acaricia mis piernas, las mismas agujas, el mismo dolor, con sus dedos encajados en mi piel, pero la sensación se hace más placentera, sus barbas rozan con sus movimientos expertos las áreas más sensibles de mi piel, sus sonidos guturales, retumban en mis oídos mis ojos no ven nada, y mi cuerpo ahora es de él.
Me observa por un segundo y yo hago los mismo sus dedos y los míos se entrelazan, y lleva mis manos hasta arriba de mi cabeza, me aprisiona, me vulnera, me deja inmovil, su enorme pedazo de hierro, roza mi coño, aun no entra, pero incluso el calor que emana es suficiente para cortar mi respiración y hacerme escuchar como una moribunda buscando la clemencia.
Me suelta y con los hombros me deslizó sobre el colchón, él encaja las rodillas sobre este, mis piernas descansan en las suyas, sus ojos me atrapan y me irritan de vez en vez. como si me vieran desde lejos desde una perspectiva distinta, como si me juzgaran, sonríe con lascivia, con esa sonrisa que no tiene dulzura, con una que causa temor y locura.
Se inclina, besa mi cuello, mi piernas se elevan y lo siento, entra en mi.
Reprimo un grito, se mueve despacio pero es inútil, otro sonido apagado sale de mis labios ardiendo, poco a poco mi cuerpo lo acepta, el calor de su piel me quema, su falo entra mas al fondo, por momentos siento que golpea mi estómago desde dentro, cada vez lo hace más de prisa, cada vez oscila más la cadera y cada vez controlo menos mi cuerpo, este ya no goza de mi autonomía, hora pertenece a él. Gira en la cama y ahora estoy montada en él como un maldito vaquero, tratando de lazar a un toro furioso.
Me inclino hacia él, mientras aprieta mis nalgas y con su fuerza mueve mi cuerpo, haciendo que suba y que baje sobre su falo y este arde dentro de mí, gimo con desespero, mi coño se cierra como si quisiera estrangular su pedazo de carne, me muevo deprisa una y otra vez, él no deja de guiarme, y salto más arriba, más rápido me muevo de adelante hacia atrás y repito ala inversa.
—Vamos belleza, deja que todo esto que siento salga de mi —dice con es voz grave, que me domina, que me hace perder los estribos, no lo miro a los ojos, mis manos tocan ahora su pecho, con sus palmas, me sostienen, me eleva y me mantiene inerte, recoge los pies, y comienzo a gritar, se mueve tan rápido, ahora él gime, y gruñe, aprieta la piel de mis nalgas y me golpea con sus caderas, siento el filo de sus huesos, al mismo tiempo que me retuerce las entrañas.
—Belleza, siente todo esto, tu eres la única que puede hacerlo, tu eres la única que vale la pena, belleza siente mi “v***a”, es tuya… destrúyela —el tipo se ha enloquecido, y yo con él.
En un grito apagado, lo siento dentro por última vez…
Despierto, mi cuerpo no está desnudo, mi tacones aún están puestos en mis pies… y el tipo no está aqui, todo ha sido un maldito sueño uno muy bueno, pero solo eso, la realidad en este momento me lleva al tormento, miro las rejas achinando los ojos, un par de guardias golpean e acero, de los barrotes, mientras Keyra, entra con la mascara de sus pestañas sobre sus mejillas.
—Estos idiotas son unos malditos, no saben con quien se meten —dice en un atisbo de emociones.
trato de cubrir mi cuerpo con la sábana que alcance a tomar de la cama, antes de que todo esto pasara. Recojo los pies, sobre el bloque de cemento frío que ahora parece ser parte de mi nueva habitación.