Mi respiración temblorosa es lo único que se escucha en el vehículo; por fuera, la lluvia comienza a mermar. Liam le da un golpe al volante, después queda inmóvil, como si intentara calmarse, pero le es imposible. Al cesar por completo la lluvia, comienzo a escuchar el sonido de los sapos y las ranas a los lados de la carretera. —Escucha —dice y voltea para verme—. Lo diré una sola vez, ¿entendido? Sacudo la cabeza a modo de aceptación con mucho miedo. —Tú, ahora eres mi Vigilante, estarás conmigo en todo momento, trabajarás a mi lado. —Cada vez que sigue hablando me entran unas náuseas terribles—. Me harás caso en todo lo que diga sin titubear. Ahora eres mía hasta que yo decida lo contrario. No quiero que vuelvas a expresarte de mi trabajo como lo hiciste hace un momento y mucho

