—Ya veo... El Señor Quintín extendió las manos con expresión muy compungida. —Desgraciadamente, tengo la cara desfigurada y una larga cicatriz, por lo que nunca me quito la máscara. Creo que no estoy satisfecho con la petición de su madre. Bennett se quedó mirando al hombre durante mucho tiempo, con la carita arrugada y enredada. Luego, agitó su pequeña mano y dijo de forma heroica —No importa. Aunque a mi madre le gustan los hombres gu', también tendrá en cuenta mi opinión. Si eres lo bastante bueno en otros aspectos, puedo ayudarte a hablar bien de ti. Además... los rasgos faciales fuera de tu máscara siguen siendo muy perfectos. Aunque lleves una máscara, sigues siendo guapo. Te garantizo que puedes marear a mi madre. El señor Quintín curvó los labios y entre sus cejas se dibujó un

