Todo por ella

1011 Words
Capitulo 8 —Ya que Pansy no está... ¿me van a decir qué está pasando con Draco? —preguntó Blaise, cruzándose de brazos. —Draco no quiere ver a Pansy —dijo Gregory, encogiéndose de hombros. —Eso ya lo sabíamos, no es ninguna novedad. Vamos, díganme por qué se esconde —insistió Blaise, divertido. Se rieron los tres, sabiendo que Draco apenas soportaba a Pansy. Si alguna vez le mostraba amabilidad, era por conveniencia. Mientras tanto, en Hogwarts, Draco y Davina se escondían en la habitación privada de Draco en la sala común de Slytherin. Crabbe, Gregory y él se turnaban para vigilar, asegurándose de que nadie sospechara. Aunque algo incómoda al principio, Davina comenzó a adaptarse al entorno, y poco a poco su rostro reflejaba más tranquilidad. Saberla a salvo era lo más importante. Pansy, por su parte, seguía buscando a Draco por toda la escuela, sin saber que él estaba allí mismo, oculto. Pasaron los días sin incidentes, hasta que un grupo de mortífagos llegó a Hogwarts preguntando por Draco. Los rumores hablaban de que se había escapado por Pansy, pero también que protegía a alguien más. Este último rumor, sin embargo, parecía poco creíble para la mayoría. Draco y sus amigos entraron en pánico. Sabían que si los mortífagos descubrían la verdad, estarían todos en peligro. Draco estaba destinado a ser uno de ellos, y proteger a alguien por encima de obedecer al Señor Tenebroso era una traición grave. No les quedó más opción que huir. Aunque las escobas estaban lejos, corrieron por todos los pasadizos secretos de Hogwarts. Mientras tanto, Harry, Ron y Hermione discutían la situación en su sala común. Harry mencionó que había oído que los mortífagos estaban buscando a Draco, y no por algo menor. —¿Y si ayudamos a Draco? —preguntó Harry, dejando a todos sorprendidos. —¿Después de todo lo que nos ha hecho? —se quejó Ron. —No me parece una buena idea —dijo Hermione, preocupada. Harry se quedó en silencio un momento, mirando a Luna. —¿Tú crees que Draco merece ayuda? —preguntó Luna, con su particular tranquilidad. —Creo que todos merecemos ayuda alguna vez —dijo Harry. Tras un momento de tensión, Hermione aceptó ayudarlo. Ginny, entonces, sugirió usar el Mapa del Merodeador. —Mi hermano George todavía lo tiene —confesó Ginny, sorprendiendo a todos. Fueron a la tienda de bromas y le pidieron el mapa. Ya con él en mano, buscaron a Draco y vieron su nombre junto al de "Davina", en una habitación de las mazmorras. El grupo se dirigió allí y, al encontrar a Draco, se sorprendieron. Draco también los miró con extrañeza, sin esperar que fueran ellos quienes llegaran primero. —¿Por qué estás escondido, Draco? —preguntó Harry. —Los mortífagos me están buscando —respondió Draco, con los ojos clavados en Davina. —Te ayudaremos —dijo Harry con determinación. —¿Y quién es esta dulzura? —preguntó George, mirando a Davina. —¡Yo la vi primero! —saltó Fred. —Me llamo Davina. Mucho gusto —dijo ella, sin apartar la vista de Draco. —Primero debemos salir de aquí. Si nosotros los encontramos, los mortífagos también pueden —advirtió Hermione. Salieron en grupo, intentando pasar desapercibidos, aunque eran muchos para ello. Llegaron hasta el bosque, pero fueron rápidamente rodeados por mortífagos. No les quedó más opción que luchar. Las varitas se alzaron, hechizos cruzaron el aire, y la batalla comenzó mientras dos mortífagos desaparecían, presagiando que esto recién comenzaba... Agarré del brazo a Davina y nos fuimos corriendo. No veía a mis amigos por ninguna parte, así que decidimos escondernos debajo de una roca gigante, oculta entre la maleza. —Lo siento, Davina —le dije, mirándola de reojo. Ella me respondió con una sonrisa cálida que, a pesar de todo el caos, me tranquilizó. —Tranquilo, Draco, sé que no fue tu intención —me dijo, colocando su mano suavemente sobre mi hombro. —¿Te parece si levantamos un escudo protector? —propuse. —Claro, yo te ayudo —respondió Davina, poniéndose de pie con decisión. Juntos alzamos nuestras varitas y comenzamos a proteger el área. Encendí una pequeña fogata para darnos calor y algo de luz. Davina me miraba con tanta dulzura que, por un instante, olvidé todos los peligros que nos rodeaban. —Mmm... —susurró ella al voltearse, claramente nerviosa. Su rostro se volvió de un rojo intenso, y no pude evitar sonreír. Me gustaba verla así, tan real y vulnerable. Me acerqué lentamente. Sus ojos brillaban con un destello especial, uno que me revelaba cuánto significaba para mí. Cuando nuestras respiraciones se encontraron, no lo dudé más. Nuestros labios se juntaron en un beso cálido, cargado de emoción contenida. Un beso que no buscaba solo pasión, sino refugio, ternura, conexión. Después del beso, nos quedamos mirándonos en silencio. Sabíamos que algo entre nosotros había cambiado para siempre. —Ah... —murmuró Davina, algo nerviosa. —¿No te gustó? —pregunté, temiendo haber sido impulsivo. —Nunca dije eso —me respondió con una mirada pícara, acariciando suavemente mi rostro. —Entonces... —me acerqué de nuevo, deseando volver a besarla. —Claro que podemos seguir, Draco —susurró ella, con una sonrisa que me dejó sin aire. Volvimos a besarnos con lentitud, con una intensidad que crecía con cada segundo. Mis manos recorrieron su espalda, su cintura, deteniéndose en cada rincón con respeto y deseo contenido. Ella se aferraba a mí, temblando apenas por lo que estábamos sintiendo. Nos tumbamos junto al fuego, abrazados, dejándonos llevar por esa conexión tan única que habíamos construido. Todo era suave, íntimo, compartido. No se trataba solo de caricias o besos, sino de un momento que sellaba una promesa silenciosa entre los dos: estar el uno para el otro. Cuando el cansancio nos venció, Davina se quedó dormida entre mis brazos, envuelta en una manta. Yo también me dejé llevar por el sueño, sintiendo que, al menos por esa noche, ella estaba a salvo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD