La Tormenta Interior El zumbido monótono del aire acondicionado en mi oficina apenas lograba disipar el calor que sentía. El maldito aire de Las Vegas. Siempre tan opresivo, incluso dentro de un edificio con aire central. No era el calor del desierto lo que me asfixiaba, sino la rabia contenida, la frustración que me carcomía las entrañas. Llevaba una hora clavado en mi asiento, revisando unos contratos que no me importaban, con el teléfono de Any en mi mano, una y otra vez. Se me helaba la sangre cada vez que saltaba el buzón de voz. ¿Dónde estaba? Supuestamente me llamaría al llegar a su trabajo. Pero ya había pasado hacía mucho. Y la había llamado varias veces a su teléfono sin respuesta. Mi mente era un torbellino de escenarios posibles, cada uno más catastrófico que el anterior

