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EL AMOR SECRETO DEL TIGRE

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Blurb

Max Hedrong lo tiene todo: un imperio de hoteles de lujo y casinos, entre ellos su joya más preciada, El Imperio del Tigre, donde trabaja Anette Melanton. Frío, reservado y trasnochador de historias de amor fallidas, Max nunca creyó en el matrimonio… hasta que ella llegó. Dulce y decidida, Anette no busca fortuna, sino libertad y un compañero con quien construir una familia—exactamente lo que él rehúye.

Cuando Max, temeroso de sus propios miedos, se aleja por negocios durante semanas para darle a Anette espacio y tiempo para aceptar su propuesta de vivir juntos, aparece Timothy Edwards, su mejor amigo y un magnate poderoso. Encantador, romántico y tan apasionado como él es distante, Timothy conquista a Anette en una cena íntima: deslumbrada, acepta casarse con él y, en una sola noche, sus promesas se vuelven realidad. Pero el festejo se tiñe de culpa y confusión; su corazón se desgarra entre la seguridad de Max y la pasión de Timothy.

Atrapada en un triángulo de deseos, Anette pospone la boda mientras lucha con su moral y sus sentimientos. Max observa en silencio, destrozado, el florecer de un amor que él mismo inició; Timothy, obsesionado y posesivo, la reclama sin importarle nada… ni siquiera el destino de su madre, cuyo frágil estado sugiere encerrar en un sanatorio. Cuando Anette descubre el verdadero rostro de Timothy, redescubre también el calor que una vez congeló el corazón del Tigre.

“El amor secreto del Tigre” es una historia de poder, traición y pasiones encontradas, donde el orgullo, la lealtad y el deseo se enfrentan en el tablero más peligroso: el corazón humano.

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UN IMPERIO
Toda mi fortuna tiene la huella de generaciones de hombres y mujeres con poder en sus manos, el poder que da el dinero. Es fácil amasar más fortuna cuando ya tienes una en tus cuentas bancarias. Yo tuve la dicha de crecer en cuna de oro, de dormir en sábanas de seda, de desayunar en la cama, y de viajar a donde quisiera. Pero mi padre nunca me permitió desperdiciar mi tiempo en placeres, él fue rudo conmigo, siempre me dijo que el dinero no era para despilfarros inútiles, ni para tirarlo al aire en amigos, ni mujeres. Que el privilegio con el que yo había nacido era para crear un imperio, algo que dejara huella en el mundo y nuestro apellido en la historia. Eso podría haber significado muchas cosas, como ayudar a la ciencia médica en avances que salvarán vidas, o al mundo ayudando a la educación, pero para mi padre todo eso era inútil, desperdiciar la oportunidad de amasar fortuna, de los menos afortunados. Y no era que no ayudara a esas entidades, lo hacia, creo varias fundaciones, pero no porque fuera un hombre de corazón noble o dadivoso, no, mi padre era un frío hombre de negocios, las fundaciones de ayuda a niños, ancianos, o gente pobre eran para evitar pagar altos impuestos. Una estrategia de negocios. Yo aprendí del mejor de los mejores a tener el corazón cerrado, y las manos semi cerradas, sólo se abrían para crear más dinero, para aprovecharme de los más desafortunados, y no piensen que se trata de los pobres sin hogar. Soy dueño de grandes hoteles y casinos, y allí solo entran los que tienen tanto dinero que pueden apostar millones y perder billones. Su vicio es su condena y su desgracia. En mis hoteles trabajan muchas personas, y yo les pago lo justo, no usuro con ellos, y en mis casinos trabajan miles de personas y mujeres bellas que atrapan a los ilusos con sus sonrisas. Sin que eso signifique noches de placer, eso no es permitido en el personal, en mis casinos todo es ilusión y fantasía, un engaño con olor a perfume caro y sonrisas fingidas, vidas vacías y ambiciosas. Algo que mi padre me enseñó a repeler, en mi mente y en mi alma no hay lugar para el amor, para la debilidad ni para la seducción, la razón por encima de los sentimientos. Mi mayor orgullo es mis casinos, The Tiger Empire, es mi sede, allí me siento cómodo, es algo curioso, pero ese lugar me hace sentir en casa, y no porque pase 24 horas allí, no es esa la razón, sino, que sobre el casino en el piso 42 tengo mi penthouse. Desde allí controlo todo a mi alrededor, mis negocios, y mi mejor amigo y aliado, mi primo y amigo de toda la vida, Jack Nugal Hedrong. El hijo de la hermana de mi padre Misma semilla, misma sangre, lo dos tenemos el mismo maestro, mi padre. Solo hay una diferencia entre los dos, yo no soy tan noble ni tan romántico como Jack, él ya está casado y tiene un hijo que adora, yo me volvería loco con la vida hogareña que lleva. Pero algo es innegable, su esposa Cassandra es una buena mujer y lo ama,y si ella hace feliz a Jack, entonces tiene mi aprobación. — Oye Jac, no se te olvide pasarme los datos que te pedí . — No te preocupes Max, esta tarde los tendrás. — ¿Por qué en la tarde? … Jack, los necesito en una hora. — Tranquilo tigre… Los tendrás, solo tengo que ir a mi oficina y enviártelos por correo, luego debo irme. — ¿Irte Jack? … ¿Olvidaste la reunión con la gente de Italia? — Claro que no… Pero, eso es algo que puedes manejar tú solo, esos tipos son pan comido para ti Max… — Jack, habíamos acordado que estarías conmigo en esa reunión. — Sí, sé que lo dije, pero mi hijo tiene una presentación escolar y le prometí estar ahí, y que luego lo llevaría a … —- ¡Jack! … La vida familiar no debe influir en los negocios, tu esposa podía hacer eso ¡sola! —- Max, Liam es mi hijo, no solo se Cassandra, y como su padre voy a apoyarlo en todo, ese fue mi compromiso con él, y aunque tú no lo entiendas, voy a cumplir la promesa que le hice a mi hijo. La mirada de Jack era tan determinada como sus palabras, admiraba su determinación y no podía refutar su decisión. Él no iba a cambiar de idea. — Está bien; ¡lárgate si quieres!…. Pero, quiero estos datos en mi correo lo antes posible. — Inmediatamente jefe. Pocas personas lograban hacerme sonreír, pero Jack sabía cómo hacerlo, como calmarme y hacerme entender, por eso era mi amigo y mi mano derecha. Después de que Jack se fue llegó la hora de la reunión con los italianos Carlo y Martinelli. Todo salió como Jack lo predijo, luego de la reunión y de firmar el acuerdo ellos quisieron pasar un rato en el casino. — Adelante caballeros, les aseguro que la pasarán muy bien, El Imperio de Tigre, es mi mejor casino, el más exclusivo, en el que solo entran hombres como ustedes. Una vez estuvimos allí, la avaricia se dibujó en sus ojos, y comprendí de inmediato que no resistirían la tentación de dejar su dinero en las apuestas. Me acerqué a uno de los encargados y le ordené: — Que las mujeres más hermosas los atiendan, son clientes muy especiales. Cuando daba media vuelta choque con una mujer dejando caer sus mentas y chocolates. El enojo apareció en mi rostro al ver mi traje manchado de chocolate, esa mujer estaba despedida y sin goce salarial. Mi traje costaba más de lo que ella podía ganar en tres años. — ¡Levántate! … ¿Sabes quien soy? La mujer que recogía nerviosa lis chocolates se levantó sin mirarme a la cara, y su respuesta nerviosa fue: — No señor… No sé quién es usted, por favor… perdone mi torpeza, soy nueva aquí, hoy es mi primer día y me ordenaron atender a los señores italianos. Eso a mí no me importaba, yo solo pensaba en que había manchado mi traje. — ¡Mírame! – le ordené furioso. Cuando ella lo hizo, me quedé sin habla. Ella era preciosa, sus ojos verdes eran muy bellos, su piel parecía de porcelana, sus labios en forma de corazón me parecieron tan apetecibles y suaves, tan suaves que me provocaba besarlos. Ella temblaba asustada, se veía tan tierna, una inocencia mágica parecía rodearla, estaba frente a ella sin decir una palabra mirándola como si quisiera descubrir más de ella. ¿Quién era realmente esa mujer? Cuando iba a abrir mi boca un hombre maduro, vestido muy elegante se acercó a mí y extendió un cheque frente a mí. — Esto es más que suficiente para pagar un traje nuevo, señor Hedrong. Al escuchar mi nombre ella me miró y sus ojos se llenaron de lágrimas. — Ven conmigo hermosa, no te pasara nada, yo ya pague tu deuda con el señor Hedrong, esta noche me atenderás a mí, ya que añadí algunos ceros más para ganarme ese derecho. Mirándome fijamente dijo: — ¿No es así señor Hedrong? Yo solo asentí, pero por dentro estaba furioso. No con ella, sino con el sujeto que había pagado una fortuna por cubrir su error y para tenerla esa noche en exclusiva para él. Con el cheque en la mano me marchaba a mi oficina cuando decidí mirar atrás y la vi. Nuestras miradas se cruzaron por unos segundos, ella susurró: — ¡Gracias! Estaba agradecida por no despedirla, por la nueva oportunidad que le había dado, y eso me hizo sentir bien, mi enojo desapareció y le sonreí. Ella me agradeció a mí seguir en su puesto, no a él, ella había comprendido quién tenía el poder ese momento, no eran los ceros en el cheque de ese sujeto, era mi decisión la que tenía el poder no su dinero. Cuando entré en mi oficina guarde el cheque de aquel sujeto en un cajón de mi escritorio, no iba a cobrarlo. No sé porque no lo hice, era mucho dinero, en ese momento solo pensaba en hablar con esa chica y preguntarle su nombre. Yo podía averiguarlo al entrar en la página de datos de los empleados del casino, pero lo quería escuchar de ella. Cuando todo terminó y era hora de que los empleados se fueran a sus casas ordené que la trajeran a mi oficina. Al entrar ella se veía tan asustada que podía observar su vestido moverse, temblaba y eso la hacía lucir tan dulce y tierna como hermosa y frágil. — ¿Cómo te llamas? — Any, perdón señor… Me llamo Anette Melanton. — ¿Por qué decidiste trabajar aquí? — Porqué necesito el dinero… señor Hedrong. —- ¿Para qué? — Para pagar la factura médica de mi madre. — ¿Qué tiene tu madre? — Cáncer, señor Hedrong. El aire se volvió pesado en ese instante, una sensación de compasión se adueñó de mí al ver lágrimas en sus ojos. — ¿Hace cuanto esta enferma? — Desde hace seis meses. — ¿Cómo hiciste para pagar sus cuidados antes de venir aquí? — Vendí la casa donde vivíamos, ahora ella está en una clínica especializada, pero ya casi no me queda dinero y necesito ganar más para cubrir sus gastos. — ¿Dónde vives? — Yo… Ah… Pues vivo en una habitación cerca de la clínica. — ¿Una habitación o un albergue? — En una habitación decente, ¡se lo juro! Ella tuvo miedo de que la despidiera por el lugar donde estaba viviendo, pero en lugar de despedirla, deseaba ayudarla

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