Desencuentro - Rene

1440 Words
Las chicas estaban disfrutando. La salida había sido un éxito. Una mañana de spa, relajó todo el estrés que las mujercitas tenían. Un cambio de look, también las esperó, de la mano de un estilista profesional. Carla pasó de ser pelinegra a pelirroja. Pero Eylin por más que Carla le insistió que tomara un riego más grande, ella solo se limitó a hidratar su cabello y cortar sus puntas para darle forma. Ella afirmó que le gustaba su cabello largo, era mentira, en realidad Mario siempre le gustó que ella tuviera su cabello largo, en cambio ella amaba tener el cabello corto, pero por complacerlo se lo dejaba más abajo de la cintura. Pese a que no se arriesgó a realizarse un gran cambio, no queda duda que ambas mujeres quedaron bellísimas. Eylin se quitó unos cuantos años de encima. Y ni hablemos de la ropa. Carla obedeció al pie de la letra la orden de Mario de no poner límites en los gastos. Escogieron de todo. En ese momento se encontraban en la sexta tienda de ropa. —Carla, se supone que eres la cumpleañera porque me estás escogiendo pura ropa para mi. ¡Mira eso! De las quince bolsas diez son mías. —¡Ey!... creo que fui muy clara que las cosas se harían a mi manera ¿No? —Está bien, tú ganas, pero por favor escoge más ropa para ti. —Tengo un sin fin de ropa para estrenar en mi guardarropa Eylin. Si hoy tengo un propósito es obligarte a botar los harapos que llamas ropa… ¡Tú no eras así! No se que te paso —habló con seriedad, al ver que sus palabras afectaron a su amiga, suavizó su tono— Pero es momento de cambiar. Es momento de ser una mejor versión de ti misma. ¡Mírate! luces hermosa con ese cabello, tu rostro, ese maquillaje resalta el color de tus ojos. Y ahora… Entraras a ese vestidor y te pondrás el vestido más jodidamente sexy que encuentres y saldrás a comerte el mundo. ¿Entendido? Eylin secó rápidamente la lágrima que corrió por su mejilla. Carla le dio un fuerte abrazo y siguieron con lo suyo. El atardecer dio un último adiós para darle paso a la loca noche que prometía ser inolvidable. En las calles de Milán se encontraba un exclusivo club nocturno llamado The Dopping Bar. La música controlaba las emociones de las personas que bailaban en un frenesí provocado por el alcohol que circulaba en el lugar. Era un sitio muy exclusivo, la clase abundaba, así como lo hacían las mujeres caza fortunas, super delgadas que opacaría a cualquiera. Pese a ello, ninguna de esas mujeres pudo eclipsar la confianza y elegancia con que Eylin y Carla llegaron al lugar. La nueva pelirroja exponía un deslumbrante y sensual vestido verde esmeralda. Este llevaba un escote dejando muy poco a la imaginación. Sus largas piernas estaban envueltas por medias de mallas negras que le daban un toque de misterio a su personalidad. La tela escarchada hacía resaltar su nueva cabellera roja además hacía juego con el vestido azul cobalto que traía la rubia. Eylin nunca se había atrevido en su vida a usar vestidos osados. Pero cuando se vio con ese vestido, todo cambió. El azul de su vestido hacía brillar aún más los ojos y el color de su cabello, le devolvió vida a su alma herida. El exceso de belleza que acompañaba su cuerpo no fue impedimento para que ella se atreviera a lucir esa exquisita abertura que revelaba lo tonificada que tenía sus gruesas piernas. No llevaba escote en el pecho, pero la ausencia de escote se lo robó el escote en la espalda. No tenía censura, había un letrero de “peligro” que atraía a cualquier hombre. Ambas mujeres desbordaban confianza. Al principio ellas rechazaban las invitaciones de los hombres que se acercaban. Suena como si Carla se estuviera contradiciendo, pero en realidad quería que Eylin se diera cuenta que es una mujer que podría tener a sus pies a cualquier hombre si así lo desearía. Los tragos iban y venían. Unos pagos por la tarjeta de Mario, otros por cortesía de algún par de amigos que guardaban la esperanza de que las mujeres les regalaran un poco de su atención. Pero nadie logró cautivar a ambas mujeres. Una tenía sus estándares muy altos y la otra tenía su corazón ocupado por la persona equivocada. Solo que los efectos del alcohol estaban haciendo efecto en Carla, quien estaba muy vivaracha y su deseo desenfrenado por bailar la llevó a dejar a su amiga sola en la barra, totalmente expuesta a los lobos depredadores. Quienes siempre recibían el rechazo de Eylin para bailar o incluso hablar. —No creo que una mujer tan bella y con ese escote en la espalda debería estar sola. Es muy peligroso para usted y demasiado tentador para un mal hombre. Era la voz masculina más seductora que Eylin había escuchado en la vida. Era gruesa, ronca y profunda. Ella se sobresaltó ya que el hombre había hablado muy cerca de su oído, y aunque ella odiaba admitirlo, su piel se había erizado por completo. Reacción que no pasó desapercibido por aquel hombre, pero no dejó que eso lo engrandeciera. Cuando Eylin volteó, para ver quien era el atrevido que dijo tal comentario e invadió su espacio de tal manera, su respiración se cortó por completo. Era el hombre más atractivo que había visto en su vida. Tenía un aspecto totalmente salvaje. Su cabello castaño era ondulado que caía poco más abajo de sus hombros. Su piel era bronceada que cubría un cuerpo que evidenciaba horas de entrenamiento y buena alimentación. Ese cuerpazo era acompañado por un rostro exquisitamente masculino con un equilibrio entre lo rústico y delicado ya que su barba y cejas densamente pobladas le daban un aspecto atemorizante que era suavizado por su nariz perfilada y una dulce sonrisa y ojos castaños que transmitían calma. No era un hombre común, la marca de su exquisito traje Vinotinto y el suculento aroma de su perfume, lo demostraba. Ese hombre se llevó el premio esa noche, ya que ninguno de los hombres logró crear en Eylin un mal pensamiento. Pero ese salvaje creó un terremoto en su interior. Lo curioso es que para ella ese era el tipo de hombres que ella siempre había alejado creyendo que con ellos venían los peligros inminentes que destruirían su corazón. —Será que me permites ser tu guardaespaldas esta noche… Digo, así alejo a todos esos perversos que quieren propasarse contigo por culpa de este vestido… Y de la hermosa mujer quien lo porta. Le ofreció ese hombre salvaje con una sonrisa y mirada coqueta que estaba haciendo estragos en el interior de Eylin. “Peligro Eylin, este hombre se ve un mujeriego”, dijo el Pepe Grillo de su interior. “¿Qué acaso el nerd de tu marido, no terminó siendo un vil mujeriego?” Contradijo, el vil gemelo de Pepe Grillo. Ese razonamiento le dio a Eylin el valor de lanzarse al precipicio sin importarle si el paracaídas se abrirá o no. —No se si el perverso sean ellos o tu. —Dijo llevando su cabello con coquetería hacia el otro lado de su hombro— Pero con gusto aceptaré que seas mi guardaespaldas esta noche… y quien sabe. —Ladeo su cuello—. Quizás tus servicios sean hasta el amanecer. El hombre sonrió complacido. Tenía rato observando a Eylin en la distancia, ella lo había cautivado desde el principio. Él no estaba en ese bar para un ligue, así que trató de ignorar su atracción por la voluptuosa mujer y mantenerse a raya. Pero se irritaba cada vez que observaba a un hombre acercarse a la deslumbrante rubia. Lo calmaba al ver que no estaba sola y que ambas mujeres rechazaban a todo el que se acercaba. Fue hasta que vio a su amiga dejarla sola que le fue imposible controlar sus descontrolados celos al pensar que esa mujer se iría esa noche con otro. Fueron las contradicciones y desencuentros de la noche los que ocasionaron que las dos personas con más distintas personalidades y circunstancias chocarán esa noche para un encuentro fortuito. ~Desencuentro - Rene ~ Todos los descubrimientos tienen muchas ganas de encontrarte Hasta las estrellas usan telescopios pa' buscarte Dentro de los accidentes imprevistos y las posibilidades Eventualidades, choques estelares La casualidad de poder vernos se escapa Somos diferentes cielos en un mismo mapa Échale sal al café, no está mal ir a probar Tenemos la misma sed, con distinto paladar.
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