Loka - Simone e Simaria

1171 Words
Los días pasaron y Eylin no salía de un círculo vicioso. No se atrevía a enfrentar a Mario, pero tampoco se atrevía a ser la misma mujer cariñosa que era. Cosa que comenzaba a irritar a Mario, ya que cada vez que él la buscaba para intimar ella lo rechazaba, siempre afirmaba que estaba cansada. Debido a todos los artículos que había leído, cayó en la conclusión en que él la buscaba con la intención de no hacerla sospechar de sus infidelidades, eso le causó repulsión y no iba a permitir que él se burlara de ella. Pero nada más lejos de la realidad, Mario siempre la buscaba cada vez que tenía deseo de intimar con su mujer. Pero por la mente de Mario jamás pasó que su rechazo era porque sabía de sus aventuras con Naomi. De esa manera pasó más de dos semanas. Hoy sería el cumpleaños de Carla, quien se encontraba muy pero muy inconforme con las decisiones de su amiga. Ella no conseguía disimular su ira contenida cada vez que se encontraba con Mario de vez en cuando. Carla había llegado a casa de Eylin sin siquiera avisar. Apenas vio a Eylin y contempló la ropa con que anda, no sintió pena en pensar “¿Cómo no mataría la pasión de un matrimonio si se viste con harapos?”. —Carla. No me avisaste que vendrías. Carla se le quedó viendo con sus ojos ámbar que acusaban como un juez. Lo había olvidado, su mejor amiga se olvidó de su cumpleaños y ella lo sabía. —¿Qué fecha es hoy, Eylin? —pregunto sin dejar su mirada penetrante. —Hoy es viernes, cuatro de marzo. Eylin dio una respuesta inocente, como si la pregunta fuera de lo más rutinaria. Carla alzó una de sus cejas sentenciándola por un delito adicional. Un par de segundos después Eylin captó a qué venía la pregunta. Sus ojos se volvieron como platos cuadrados y su boca se abrió por la sorpresa que tuvo al darse cuenta que había olvidado el cumpleaños de su casi hermana. —¡Carla!... Amor, lo siento. —Eylin se aproximó para abrazarla y darle las felicitaciones correspondientes —. Lo siento… Es que… son tantas cosas. —Eylin lloraba, sentía que el dolor la ahogaba—. Lo siento —repetía una y otra vez—... Soy una pésima amiga. —No, cariño, no digas eso. —Carla la consolaba acariciando su espalda—. No eres una mala amiga. Eres una mujer increíble. Una mujer con un valor tan grande que el hombre que tienes como esposo no merece tenerte, amada mía. Eylin no detuvo su llanto ante las palabras de su amiga, al contrario, se intensificó aún más. Pero Carla no iba a permitir que ella se siguiera hundiendo en ese mar de lamentos. Tenía un objetivo al venir a esta casa y lo iba a cumplir. Ella misma secó sus lágrimas y se alejó de Eylin. —¡Basta!... ¡Ya para de llorar!. Tus lágrimas no van a impedir que tu esposo te engañe. Así que no vale la pena. Hoy es mi cumpleaños y hoy vamos a celebrarlo. Y como sé que no tienes un regalo para mi, te diré cual es el regalo que quiero que me hagas. —¡Dime!... Lo que quieras, te lo daré —afirmó Eylin con convicción, sin saber que sus palabras serían la ejecución de la sentencia que le tenía Carla. Y la que cambiaría el rumbo de su vida. —Lo acabas de prometer… Y eres una mujer de palabra ¿Cierto? —Eylin afirmó—. Ambas iremos de compras, nos arreglaremos, compraremos muchísima ropa hermosa y sexy y en la noche iremos a un club donde bailaremos hasta que los pies salgan huyendo de nuestros cuerpos. ¿Entendido? Eylin se quedó perpleja. Lo primero que pensó es quien cuidaría a sus hijos y quien prepararía la cena. Estaba a punto de protestar cuando Carla colocó un dedo en su boca impidiendo que se expresara. —¡No voy aceptar negativas!. Ya diste tu palabra. Y para que veas que soy una buena amiga, yo te conseguiré el permiso. Carla tomó su celular y llamó al mismísimo diablo. Mario. —Diga —respondió Mario al otro lado de la línea. —Buenas tardes Mario, te habla Carla… Oye, seré breve, no tengo mucho tiempo. Hoy es mi cumpleaños y planeo emborracharme hasta más no poder, con mi mejor amiga y ambas nos acostaremos con dos hombres, cada una. ¿Le das permiso?... aunque no me importa si le das permiso, igual iremos. Eylin palideció al escuchar a su amiga decirle eso a su esposo. Pero hasta Eylin pudo escuchar la carcajada de Mario en el teléfono. —Tu nunca cambias Carla. Feliz cumpleaños, espero que cumplas muchos más… Por supuesto que puedes pasar tu cumpleaños con mi esposa. Espero que la pasen bien. Dile a Eylin que paguen con mi tarjeta, no escatimen en precios, gasten lo que quieras. Llamaré a mamá para que busque a los niños. Dile que no se preocupe por nada y que se diviertan… Creo que lo necesita, últimamente, la he notado algo agotada y… estresada. —¡Genial!. Ten la seguridad que te dejaré en la quiebra esta noche. Adiós cariño. Nos vemos. Carla le colgó sin esperar una respuesta a cambio. No hubo necesidad de decirle a Eylin que dijo Mario ya que se pudo escuchar todo. —Primero… Ese infeliz sí que sabe actuar —alegó Carla—. Segundo… Hoy volverás a ser la Eylin Russo, la soltera que conocí de joven. Así que olvídate de tu vida de esposa y madre. Es mi condición ¿Entiendes?. —Carla la tomó de la mano y acariciando su cabello le anunció—. Hoy te pondrás el mejor labial rojo que tienes y buscaremos a un hombre que te haga olvidar el patético nombre de Mario Fiore. ¿Quedó claro? Eylin no se sintió cómoda con la idea de estar con otro hombre que no fuera su esposo. Pero Carla al leerle la mente afirmó. —¡Eylin, él te engaña! Recuérdalo… Él nunca piensa en ti antes de acostarte con otra. Eso bastó para darle el coraje a Eylin para adoptar la idea que su amiga le estaba colocando en bandeja de plata. Esa noche Eylin saldría con el deseo de olvidarse de su esposo y disfrutar de una piel nueva, de una piel que no sea la del padre de sus hijos. ~Loca - Simone e Simaria ~  Deja que este tipo se vaya Acabas de elegir al tipo equivocado Sufrir en el presente debido a su pasado ¿De qué sirve llorar por la leche derramada? Ponte esa ropa y pintalabios Sube al coche, chica, sube el sonido Y ponte una buena moda Disfrutemos de la noche de señora Desafortunado el niño, beso en la boca Disfrutar de la noche, enloquecer Olvídalo y vuelve loco, loco, loco
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