I N F I L T R A D O S

2003 Words
—¿Tienes alguna pregunta antes de comenzar la sesión?— interrogó una voz masculina. —No, doctor Neila. ... El equipo acaba de arribar a la estación y un Sabas con una notable jaqueca ingreso por la entrada principal para seguidamente caer rendido sobre su escritorio. Lain avanzó hacia él y apoyo una de sus manos sobre su hombro. —Espero que sea una jaqueca porque has trabajado duro. Sabas se levantó de su asiento sobresaltado. —¡Lo conseguí!— y nuevamente se desplomó sobre su escritorio. —Primero vamos a la sala de descanso, no puedes verte así. Lain tomo a Sabas y ambos se dirigieron hacia la sala de descanso para seguidamente recostarlo sobre uno de los sillones de la sala. —Descansa un poco y luego regresa a casa. —Laboratorio Mortuun— murmuró Sabas. —¿Qué has dicho?— Lain se inclinó hacia él. —Laboratorio Mortuun— respondió con más claridad. —¡Eres un maldito genio! Lain salió con exaltación de la sala de descanso y regresó con el resto del equipo. —Sabas lo ha conseguido— informó.—El cuerpo se encuentra en el laboratorio Mortuun. —Tú y Callen encárguense de ello— ordenó Buckley. —¿Ahora?— replico Lain. Buckley asintió. —Si sabes que debemos infiltrarnos, ¿verdad? —Si algo sale mal, tomaré responsabilidad— afirmó Buckley. —Comienzas a caerme bien— acotó Callen—Aunque sea por una razón egoísta que lo haces, es suficiente si nos beneficia a nosotros también. —Ya pónganse en marcha, pero será mejor que se vayan en mi vehículo para no levantar sospechas— pidió Buckley para seguidamente arrojar las llaves de su vehículo. Tanto Lain como Callen se adentraron en el vehículo de Buckley para posteriormente conducir hasta el laboratorio Mortuun. —¿El padre de Athan no trabaja en ese laboratorio?— interrogó Lain. —Llámalo— pidió Callen. Lain lo observó con seriedad. —¿Con el teléfono que me han confiscado? —Bien, lo había olvidado. Puedes tomar el mío. Lain tomó el teléfono de Callen para seguidamente marcar el número de Athan. —Si, agente Messinas— respondió Athan. —Soy Lain. Por casualidad, ¿tu padre no trabajaba en el Laboratorio Mortuun? —Correcto. —¡¿Y ibas a permitir que nos infiltráramos?!— regañó Callen. —Oh, creen que simplemente debería llamarlo y decirle, "Hola, padre. Sé que nunca te llamo ni nada de eso, pero ¿será que puedes ayudar a mi equipo a ver el cuerpo de alguien a escondidas?" —Si. —Claro, no es tan difícil. —Bien, a comparación de mí. Es la persona más correcta que conozco, así que las posibilidades de obtener su ayuda son nulas. —¡Mocoso, deberías ser un mejor hijo! —O él ser un mejor padre— respondió con desinterés. —Olvídalo, lo intentaremos por nuestra cuenta. Lain finalizó la llamada. —No debes regañarlo de esa manera, no siempre los hijos son los malos— acotó Callen. Lain asintió. —Lo siento, estoy un poco ansioso últimamente. Luego de un viaje de cuarenta minutos, arribaron al gran laboratorio. El teléfono de Callen sonó con un mensaje. —Es Athan, dice que lo mejor será ir por las escaleras de emergencia para evitar la mayor cantidad de cámaras de seguridad. —¿No hay una forma de ingresar que no sea por la parte de entrada? —Si ingresamos por la parte trasera del laboratorio, encontraremos un túnel que conecta el edificio principal con segundo edificio y de ahí tomar las escaleras de emergencia hasta la planta baja. —Bien, entonces eso haremos. Callen y Lain bajaron del vehículo para seguidamente caminar lo más disimuladamente posible hasta la parte de atrás del laboratorio. Una vez que ingresaron al edificio, observaron a uno de los empleados ingresando a una habitación que parecía pertenecer al staff de mantenimiento. —Esperemos a que salga y luego tomaremos los uniformes— sugirió Lain. Callen asintió y quedaron a la espera de la salida del empleado. Una vez que el empleado salió de la habitación, Callen y Lain se aseguraron de que no hubiera nadie alrededor antes de adentrarse en la habitación. Callen y Lain rebuscaron entre las prendas ubicadas dentro de un gran carro de ropa sucia. —Cambiémonos rápido y salgamos de aquí. Ambos tomaron una bata blanca y salieron de la habitación con total seguridad. —¡Las identificaciones!— dijo Callen en referencia a las identificaciones colgantes reglamentarias que debían llevar consigo. Ambos las tomaron para posteriormente resguardarlas. —El túnel— comentó Lain en cuanto encontró el túnel de que hablaba Athan. Ambos se adentraron en el túnel mientras empleados del lugar lo observaban con cierta extrañeza, pero no decían nada. Traspasaron el túnel con éxito y rápidamente se dirigieron hacia las escaleras de emergencia. Bajaron un piso hasta llegar a la morgue del laboratorio. Caminaron con rapidez hasta encontrar la entrada de la morgue y se adentraron en ella. Una vez dentro se deshicieron de las batas y la arrojaron dentro de un cesto. —Busca el nombre de Arlet Ros— pidió Lain. —¿Arlet? Lain asintió. —¿Ibas a buscarla como señora Ros?— interrogó con diversión.—Démonos prisa. Cada uno comenzó a revisar los compartimientos en búsqueda del cuerpo, pero un sonido proveniente del exterior de la sala los irrumpió. —¡Rápido, métete a uno de los compartimentos! Lain y Callen se refugiaron dentro de uno de los compartimentos y oyeron el sonido de la puerta abriéndose. —Ubícalo en el compartimiento A2— se oyó una voz masculina. Un compartimento cercano a Callen se abrió y con una de sus manos, cubrió su boca para evitar que la respiración se oyera mientras comenzaba a sentir el frío adentrándose en su cuerpo. Cerró momentáneamente sus ojos y una escena fugaz se le vino a mente. En la escena podía observarse a si mismo de pequeño, refugiándose debajo de su litera mientras cubría su boca y cerraba sus ojos. Algo o alguien lo estaba buscando. De pronto un dolor de cabeza comenzó a invadirlo y comenzaba a sentirse asfixiado. Abrió sus ojos y el dolor de cabeza simplemente desapareció. La puerta de su compartimento fue abierta y observó a Lain estirando su mano para ayudarlo a salir. —Ya se han ido, puedes salir— aseguró. Callen tomó la mano de Lain y salió del compartimento mientras su cuerpo temblaba por el frío. —Ven, la he encontrado— informó Lain. Lain tomó la palanca del compartimento C1 y abrió la puerta para seguidamente atraer hacia el exterior la camilla de acero con el cuerpo de la señora Ros. Lain se deshizo del cobertor blanco que cubría el cuerpo y afirmativamente se trataba de la señora Ros. Ambos examinaron el cuerpo y como lo sospechaban, una herida profunda debajo de su pecho se podía notar a la vista. Callen rápidamente tomo el cobertor para cubrir a la señora Ros y resguardarla nuevamente dentro del compartimento. —Busquemos el archivo de la autopsia y luego nos iremos. Callen se dirigió a uno de los cajones con archivos y buscó el nombre de la señora Ros. —Aquí está— informó Callen. —Bien, tómale una foto y envíasela a Athan. Callen asintió y una foto del archivo fue tomada para posteriormente enviársela a Athan. —Bien, vámonos— dijo Callen una vez que regreso el archivo a su lugar. Ambos regresaron por el mismo sitio que habían ingresado, pero antes de irse, Lain fue en busca del padre de Athan. —Enseguida vengo, espérame en el auto. —¿Qué harás?— preguntó Callen con curiosidad. —Nos vemos en el auto— respondió Lain mientras se alejaba por un de los pasillos de la entrada trasera. Callen regresó al vehículo a la espera de Lain y el dolor de cabeza regresó a Callen y se recostó sobre el asiento del copiloto para posteriormente recordar la escena en la morgue. —¿Un recuerdo?— preguntó para si mismo. Callen cerro momentáneamente sus ojos a la espera de Lain, quien llegó momentos después. —¿Ha disfrutado de la gran aventura?— interrogó Lain con diversión. —No me emociona el hecho de poner en riesgo mi trabajo— respondió Callen—¿A dónde has ido? —Debía hablar con el padre de Athan. —Sabes que no le gustara que hayas hecho eso. —No tienen que saberlo, además, Athan es un gran chico. —Todos los son—Callen formó una sonrisa—A igual que Sabas. Realmente me sorprendió el día que fuimos al bar, sabes que no suele ser tan carismático— comento con diversión—Pero ese día dio todo de si para cumplir con su trabajo. —Si lo pones de esa manera, ahora me siento apenado por los novatos del equipo tres. Tuvieron la mala suerte de tener un jefe como Nil. —Pero al menos tienen a Ryan, él es un gran agente, va a enseñarles bien. —Espero que les enseñe a no ser manipulados por sus compañeros— respondió con diversión. —Mala mía, pero en mi defensa, nos ayudó a comprobar la causa de muerte. —Bien, si, pero no tendríamos que hacerlo si hubiéramos sido capaces de arrestarlo— se lamentó. —Lo haremos, no nos decepcionemos tan pronto. Nuestro esfuerzo valdrá la pena, lo prometo.— aseguró. Callen asintió con una sonrisa desganada. —Bien, regresemos a la estación. Una vez que regresaron a la estación, Athan y Buckley se encontraban centrados en la computadora de Athan. —¿Klein aún no se ha levantado?— interrogó Lain. Buckley negó con la cabeza. —¿Qué están mirando?— interrogó Callen. Buckley hizo un gesto para que se acercaran. —Athan ha guardado todos los archivos del caso del asesino de cera, incluso todos los recientes, antes de que se apoderaran de ellos. —¿El homicidio de los oficiales también? Athan asintió. —¿Aún no han dejado ir a Blaise? Buckley negó con la cabeza. —Hay algo que están ocultando, saben claramente que Blaise no es quien están buscando— comentó Buckley. —Aun así, el hecho de que haya estado presente en la escena del crimen con sus huellas encontradas en el arma homicida, es un poco complicado de comprobar. —No, si harían bien su trabajo. Saben que el bar tiene cuenta con cámaras de seguridad en su interior, además no coincide con el tiempo que le tomo al asesino, deshacerse de los oficiales y luego de la señora Ros. —¿Cómo seguimos entonces? —Aún nos queda ir a visitar el hijo de la señora Bailen. —¿Qué has encontrado, Dolz? Athan tomó unas hojas con datos en él para seguidamente repartirla entre los presentes. —Keb Bailen, hijo menor de Leah Bailen. Nació el doce de julio de 1989 en la Favela y vivió allí durante veinte años. A la edad de veinte decidió mudarse a Beazley, luego de encontrar trabajo en un museo. —¿Qué hay sobre sus antecedentes? —Completamente limpio, pero hay algo que llama mi atención y que debe alertarnos. —No es un simple museo, es un museo de cera. Los presentes se sorprendieron ante la nueva información y sabía que debía ir a visitarlo lo más pronto posible. —Hay algo que deben saber— se oyó una voz a sus espaldas. Los presentes se giraron y observaron a Sabas con un rostro completamente adormilado. —¿Qué ocurre? —En la sala de descanso oí a dos miembros del equipo, dos, hablando sobre el caso del asesino de cera y hay rumores extraños. —¿Qué has oído? —El superintendente quiere cerrar rápido el caso y está presionando al sargento para que lo haga y dijeron que usaran un chivo expiatorio.
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